Un cofre, una llave (01)
Las mujeres son las flores en el jardín de la vida... Por eso, nunca se acaba la cosecha de mujeres... ¡Menos mal!... Un veterano rememora algunos de sus enredos juveniles...
Publicado por Anónimo en 26/11/2010 (633 lecturas)
Corrían los primeros años de la decada del 70 cuando llegué a Medellín (Colombia) procedente de Europa Central. Allí me colocaron el apodo de <<El Chamo>>.
Aterricé en esta ciudad por circunstancias producto de las casualidades que te proporciona el destino burlón e incógnito y tú no sabes por qué.
Debo confesar que nunca me he arrepentido de haber vivido en aquella ciudad; de haber conocido la mentalidad del pueblo antioqueño. Al contrario, hoy en día y después de tantos años, recuerdo con cierta nostalgia aquella época de mi agitada juventud. Pero, la vida es una senda interminable con encrucijadas y senderos que te van alejando o acercando de lo querido y de lo odiado. Muy sabia es la vida.
Una página muy especial constituyó mi contacto con las chicas de allí; desde el primer momento me cautivó ese comportamiento tan meloso y particularmente seductor propios de ellas en esa región, a veces hasta algo mojigato -según sus propias palabras-; su lenguaje pleno de lujuria soterrada invitando a probar de sus mieles; y también, de vez en cuando, rechazándote con sus hieles. En esta vida se prueban muchas cosas, en algunas ocasiones sin querer. Sus gestos y ademanes expresivos; sus soslayados requiebros; sus contoneantes cuerpos con todos los encantos naturales.
Por intermedio de un amigo medellinense alquilé una habitación en un barrio alejado del centro de la ciudad. Eran dos apartamentos en el primer piso, uno lo tenían dos chicas, cuyos apodos eran La Negra y la otra tenía el mote de la Mona*, ésta era una auténtica belleza. [*Rubia].
Sus comportamientos eran algo enigmáticos, casi secreto, no trabajaban a simple vista, pero tenían siempre dinero a su disposición, no en exageración, pero suficiente; viajaban con cierta frecuencia, solían decir que su familia tenía fincas en un pueblo; o tener un tío negociante y muy acomodado financieramente en el extranjero.
Con las vecinas había poco contacto. Al principio sólo nos saludábamos con "buenos días, buenas tardes, hola"; bueno, en fin, sólo la cortesía obligatoria acompañada de algunos gestos.
En el otro vivíamos el Zarco* [*rubio, de ojos claros] y yo. A él lo rebauticé como el Catire, trabajaba en una empresa y no supe nunca qué hacía exactamente allí; nos veíamos muy poco, pues él tenía la costumbre de visitar su novia en las noches, llegaba a dormir y salía al día siguiente temprano. El fin de semana se hacía un humito, se perdía del mapa con su futura media naranja. No sé si se habrán casado después, nuestro contacto se perdió totalmente.
Primer contacto
Una tarde tranquila y soleada regresé al apartamento con la intención de tomar una ducha, comer algo y luego ponerme a estudiar unos apuntes tomados en una clase. En el momento en que quise abrir la puerta con mi llave, noté que desde el apartamento de las vecinas salía mucha música, algarabía, y en medio de esa bulla la voz del Catire llamándome:
-"Chamo, vení para acá y te presento a las vecinas, ja, ja, ja, apuráte"-.
Vacilé un instante, pero me decidí ir a conocerlas, pues la verdad es que estaban bastante bien. Sobre todo la apodada la Mona.
Yo, con los libros en la mano, entré y me quedé mirándolas, y ellas a mí; la Negra estaba sentada en el sofá, junto con la Mona, sosteniendo un vaso con cerveza y fumando; el Catire muy alegre, estaba al frente de ellas en un sillón con un vaso de espumeante zumo de lúpulo y un cigarrillo.
El Catire y la Negra me observaban burlonamente, ésta rompió el silencio.
-"Vecino, sentáte pues, ji, ji, ji, ¿que querés tomar, un aguardientico o una cervecita bien helada?, ¿querés fumar?, no te quedés ahí parado, ji, ji, ji, ji, sentáte con nosotras, ji, ji, ji, ji"-; se apartó un poco haciendo un espacio para mí.
-"Gracias, no bebo casi cerveza, y aguardiente nada; me gusta el vino tinto o blanco, y fumo muy poco, los cigarrillos de ustedes son muy fuertes y sin filtro, gracias muy amables"-; le respondí secamente.
La Mona, su presencia era harto apabullante, me observaba en silencio y miró primero a la Negra, luego hacia un armario con ventanas de cristal, ésta se levantó del sofá muy "bullanguera".
-"No jodás pues, qué fino sos; pero te podemos complacer, la Monita tiene un vino rojo chileno por ahí guardado y cigarrillos con filtro, ya vengo"-; le agradecí a la Catira* -Mona- su gesto disculpándome. [*Le cambié su mote por el equivalente en mi país].
-"Bueno, no se tiene que molestar por mí, sólo me estaré unos momentos, tengo mucho que estudiar; además no he cenado aún, iré al centro luego a comer alguna cosa, mi almuerzo estuvo algo débil, no se moleste usted, ya me voy...."-.
Hice un intento para despedirme, pero la Negra bullosa volvía en ese preciso instante blandiendo victoriosa la botella con el vino chileno y unos cigarrillos importados.
La Catira volvió a cruzar sus piernas y le alcancé a ver su ropa íntima escondiéndose entre las carnes de sus glúteos; mi virilidad respingó; dejó caer sus finos zapatos y se acomodó más en el sofá tratando de cubrir sus piernas con su falda; era una delicia su silueta, sus ademanes; ripostó:
-"vecino, no es ninguna molestia; al contrario, siéntese, es placentero tenerte por fin aquí con nosotras, te queríamos conocer desde hace tiempo.......
El Zarco ya nos ha contado muchas cosas tuyas; ¿te puedo tutear?, si no, dímelo.....
Elenita, trae el vino y una copita, ponlo en la mesita, déjame que yo lo descorcho y lo sirvo; vecino, ¿una media copita?, ¿sí?, me dice hasta dónde le sirvo"-.
Sonrió interrogativa, me senté y le señalé cuánto quería, lo descorchó, lo sirvió y me alargó la copa, la así al tiempo que le agradecía por sus atenciones, ella se sirvió también y brindó:
-"brindemos, por el recien llegado y nosotras; Zarco, brinde pues"-.
Alzamos los vasos y copas para brindar, la Negra se dirigió al tocadiscos para poner música y amenizar la tarde de aquel viernes; Fruko y sus Tesos -grupo de salsa muy famoso allí- irrumpió revoloteando estruendoso con su éxito <<El preso>>, y otros más de esos años.
La Negra saltó cuasi picada por una culebra y comenzó a contonearse como si estuviese poseída por los espíritus de una macumba; la Catira, muy divertida, me comentó: -"¿qué te parece?, lindo ¿verdad?, Elenita es muy alegre y pimentosa; ¿te gusta el vino?, me lo trajo un tío que me quiere mucho; ¿fumas?, ¿un cigarrillo?, déjame, yo te lo enciendo"-.
Tomó el cigarrillo, yo le di fuego con su encendedor tasándole sus repletos senos; ella aspiró, botó el humo hacia un lado y lo colocó entre mi dedo índice y corazón, en el filtro se estampó la huella de su lápiz labial, rosado pálido, se excusó: -"ja, ja, ja, ja, disculpa vecino, aquí tengo un pañuelito para que te limpies los labios, tómalo y perdóname, pero fue sin intención"-.
Me entregó su fino pañuelo y con él retiré los restos de lápiz labial del cigarrillo, con mi lengua saboreaba mis labios; mirándola con fijeza le dije entrecortadamente: -"el vino tiene bastante cuerpo; tu maquillaje tiene un sabor muy fresco, agradable, como una fresa madura....... Pero tu falda está mejor aún, te queda muy bien, muy coqueta y seductora; y tienes unas piernas muy lindas"-. ¡Qué perniles, coño!, pensaba yo.
Ella se arregló su falda y su blusa, eludió una respuesta a mi directa tentativa y se limitó a responderme con una indiferencia casi calculada:
-"sí, el vino y el lápiz labial me los trajo también el tío, me regala muchas cosas............
La falda está algo corta, pero sólo me las pongo cuando estoy en la casa, para salir llevo otras mas largas y.... que muestran menos....."-.
Esta excusa ya la había escuchado en una ocasión anterior en otro idioma, en otro continente.
La Bullanguera se inmiscuyó en la corta charla sin cesar de bailar al ritmo de Fruko:
-"ay sí vecino, la consiente mucho el tío, le complace todos sus antojos y caprichos, mirále los trapos, los zapatos y las otras prendas íntimas, si se las vieras, ji, ji, ji, ji, ji, puros encajes y sedas carísimas"-.
Hablaba y se contoneaba sosteniendo la bebida en una mano, puso el vaso en la mesa y se sentó a mi lado: -"a ver y pruebo del cigarrillito tuyo, echá pa´ cá"-.
Me lo rapó de mis dedos, lo prensó en su boca haciendo una O, aspiró muy profundo y me lanzó la bocanada de humo directo al rostro burlándose: -"no pensés que te quiero achantar, pero sos muy serio, reíte pues; Zarco, decíle que ponga otra cara más alegre, ji, ji, ji"-.
-"¿Qué es achantarse?, nunca he escuchado ese verbo"-. Fue mi reacción.
-"ji, ji, ji, tan sonso* él, no sabe qué es achantarse, mirá pues; bueno, estar callado, ser algo penoso, eso más o menos, ji, ji, ji, tan serio que sos"-. [*Inocente en este caso, también es tonto.]
El Catire apuraba la bebida observando el comportamiento incitante de la Negra, pero sin emitir sonido alguno; la Catira me turbaba con su blanca piel, su cabellera larga y rojiza, sus piernas, su vestimenta, su fragancia, sus ademanes tranquilos; la Negra interrumpió mi breve embeleso.
-"Ya sabés que es achantarse, ahora contános pues de tu vida, el Zarco dice que sos muy corrido, viviste en Europa varios años conociendo muchos países y gente por allá, contá pues, decínos cómo es la vida en ese frío tan berraco*...... [*Intenso en este caso]..
Y cómo son las peladas* por allá, seguro que quebraste y reventaste [seducir] mucho caucho, andá, no te callés; el Zarco dice que sos muy bueno pa´ contar historias, contános algunas pues"-. [*Chicas.]
Aspiré el cigarrillo, lentamente fui soltando el humo en burbujas, bebí un sorbo mientras miraba al Catire y éste me sonreía, sostenía mis libros con la otra mano; la Catira recogió las piernas para darme más espacio; mis ojos trataban de escudriñar en su intimidad.
-"Vecino, ponte cómodo; sí, cuéntanos alguito de tu vida; Elenita, quítale los libros y póngalos en la mesita; espera y me acomodo mejor para que no te sofoques, siéntate tranquilo y cuéntanos de tu vida en Europa"-.
Casi me atraganto con el humo y el vino en el momento en que ella se arrellanó en el sofá; sus muslos, rodillas, pantorrillas y pies eran muy dignos de ser admirados; el escote de su vestido dejaba ver la insinuante redondez de sus senos, su cabello caía sobre ellos.
Hice acopio de mi seriedad para mantenerme calmado; traté de ordenar mis pensamientos para poder satisfacer su curiosidad; el Catire sentado al frente mío sonreíame sin cesar; la Negra, muy atrevidamente, puso una mano sobre mi muslo apretándolo maliciosa:
"-echá pa´cá los libros y soltános tu carreta*; echános unos cuenticos pues"-. [*Verbo].
Seguía apretujándome el muslo con sus pequeños dedos, no sé si era para darme ánimo o una táctica de acercamiento directo y frontal; la dejé que continuara con su toqueteo sin mirarla y comencé a narrarles algunas anécdotas de mis recientes días en el viejo continente, en Alemania.
La Negra compartía mi cigarrillo y me manoseaba; la Catira le recriminó: -"Elenita, déjalo tranquilo para que nos cuente más de su vida, es muy interesante......"-.
-"Ay Monita, está muy Papito, ¿no te parece?; mirálo bien, ji, ji, ji, ji; pa´ llegarle con los calzones en la mano y...... dejarse comer de una vez"-. Se defendió la Bullanguera.
El Catire se atragantó al escucharla y la interrumpió poniendo su vaso vacío sobre la mesa; se levantó de pronto despidiéndose porque tenía que irse a la casa de su novia; yo permanecí allí sentado en medio de las dos chicas y continué narrando más historias para placer de ambas.
Sobre todo la Negra reaccionaba impresionada por mis relatos; bebía a largos sorbos su cerveza y fumaba lanzando largas bocanadas de humo, ya había acabado con mi cigarrillo y había encendido otro suyo; la Catira miraba muy tranquilamente; sus modales y aspecto me llamaban la atención.
Aparentemente me mantenía sereno y proseguí refiriéndoles algunas de mis aventuras; la Negra hacía mucho aspaviento, cruzaba constantemente sus piernas mostrando sus muslos y pantaletas, no sé si con o sin intención; se sentaba de una manera u otra arreglándose la falda, creo que ya tenía bastante caña entre pecho y espalda pues su risilla era harto nerviosa; sus dedos arañaban mi muslo y me oteaba para captar mi reacción; la Catira observaba impertérrita, pero divertida.
Luego de un rato de mi monólogo interrumpido con las preguntas de la Negra, miré mi reloj y les dije que debería irme, tenía hambre y deseaba cenar. Hice un ademán de levantarme, la Negra se irguió de su asiento para seguirme hasta la puerta, me despedí de la Catira extendiéndole una mano, ella se quedo sentada, sentí su agradable calidez.
"-Tienes una piel muy tersa y agradable; eres una chica muy bella"-. Le dije sereno.
Complacida y sin, aparentemente, inmutarse agregó solamente:
"-lástima que te tengas que ir ya vecino, cuando quieras nos puedes visitar, si no estoy yo, está Elenita; o estamos las dos; cuando estés aburrido o sin programa* vienes, así podemos ver la tele o nos cuentas otra de tus historias, que pases una buena noche"-.
[*Entretenimiento].
Tomé mis libros y me dirigí hacia la salida seguido por la Negra muy de cerca pellizcándome el brazo; al llegar a la puerta me palmoteó un muslo.
-"Estás buenote Papito, ji, ji, ji; pa´comérmelo ya; ji, ji, ji, qué rico sería hacértelo"-. Abrió la puerta mientras su mano se aferraba a mis nalgas, con la mano libre retiré la suya y salí.
Al entrar me encontré con el Catire que ya se había duchado y cambiado para ir a la casa de su novia, me vio y socarrón comentó abiertamente:
-"vea hermano pues, hágale a esas viejas* [*Chicas, mujeres, no tiene nada que ver con la edad] las dos están muy poderosas*, sobre todo la Mona [*Hermosas]......
Ahí hay chance, la Negra está que arde y se come ella misma; para echarle uno a lo <<vaca muerta>>; aprovechála que hoy está alegre y con ganas, hágale pues; traétela..
Yo regreso bastante tarde; bueno, ahí lo dejo, mire a ver qué hace; me voy, me están esperando, ja, ja, ja, hasta luego, hablamos después"-.
Y salió de la habitación, un golpe seco y la puerta se cerró tras él; yo me fui a un restaurante para cenar. Al regresar noté silencio total, deben haber salido las vecinas bonchonas -fiesteras- me imaginé; no le di importancia pues tenía mucho que estudiar y me encerré en mi habitación a enfrentarme con la gramática y la fonética de las lenguas de Baudelaire y Shakespeare.
El polvo a lo <<vaca muerta -ella de medio lado->>, según el Catire, quedaba pospuesto para una próxima ocasión. ¿Cuándo?, no lo sabía y no me lo imaginaba; tendría que esperar un tiempo, me dije y coloqué mis libros sobre la mesa para dedicarme a mi tarea.
La Bullanguera y su excusa
Luego de este primer contacto proporcionado por el Catire comencé a percibir que ellas estaban pendientes de mis horas de salida y llegada a la vivienda; sobre todo por parte de la Negra, ella buscaba el acercamiento conmigo directamente; me entraba y trataba de distraerme con temas y preguntas sin importancia, gestos, morisquetas, risillas nerviosas.
Yo, por el contrario, hacía todo lo posible por centralizarme en mis estudios disciplinadamente, a pesar del entretenimiento que representaba su alborotada, bullanguera y bullosa presencia.
El contacto era casi a diario, ya que todavía no les habían instalado el teléfono y ella venía con frecuencia, por lo menos una vez por día, o cada dos días a llamar, o a esperar una llamada. Esto fue facilitando el acercamiento y rompiendo el hielo. La Catira no venía nunca a telefonear.
Un día estaba en la ducha cuando de repente tocan a la puerta, yo salgo en paños menores y abro; allí estaba sonriente ella, la chica llamada La Negra, quien era pequeña, aprox. 1,55 mts.; muy morena y bastante delgada, algo frágil pero bien formada con nalgas saltonas, caderas algo estrechas y senos como limones, pelo negro, corto y ensortijado.
Ella sonrió bribona al ver mi indumentaria y me preguntó, como siempre, que si podía telefonear, yo le respondí que sí, y me devolví a la ducha para ordenar un poco el tocador, luego me fui a mi cuarto para buscar ropa y vestirme. Ella tomó el teléfono, marcó el número y comenzó a hablar y a dicharachear con su interlocutora.
La Negra llevaba ese día una falda muy corta, tacones altos y una blusa ceñida al talle que le hacía resaltar sus pequeños senos; además, la blusa era transparente y se le notaba claramente el color del brasier (sostén). Hablaba con su amiga y coqueteaba conmigo, miraba continuamente lo que yo ordenaba en el closet y seguía parlanchineando.
Yo me puse un chor -pantalón corto- y me tendí en mi cama a descansar un rato antes de almorzar; ella continuaba hablando con su amiga, el rumor de su voz apagada hizo que yo entrecerrara los ojos y comenzara a dormitar un leve sueño.
Sus palabras las percibía yo en una lejanía desértica, no sabía sobre qué hablaba con su amiga, sólo notaba que su murmullo me estaba adormilando. Estaba así hasta que caí sumido en un leve sueño; escuchaba a lo lejos el ruido de niños en la calle jugando al fútbol; los carros y buses que circulaban por las calles adyacentes; de vez en cuando una madre llamando los hijos a almorzar.
En el pasillo de la vivienda ella con su dicharachería alegre acompañada de risas contenidas y comentarios incomprensibles para mí. Creo haberme quedado profundamente dormido, sin escuchar, ni percibir u oir ruido alguno. Sólo un silencio sepulcral.
El masaje inesperado
El chirrido de una frenada intempestiva me sacó de mi sopor, alguien en la calle lanzaba rudos improperios contra un atrevido chofer de bus, éste le respondía con unas burdas e irreproducibles soecidades justificando su maniobra.
Abrí los ojos lentamente y vi que ella estaba sentada observándome intensamente; sonreía maliciosa: -"Papito, ¿estás muy cansado?"-; al tiempo que me colocaba sus pequeñas manos sobre uno de mis muslos.
De ellas emanaba un suave calor, se lo hice notar; abrió su pequeña boca de labios rojos:
-"¿cuánto le debo?, ustedes nunca me cobran, pero hoy hablé mucho rato....."-.
Yo le contesté que nada, se quedó observándome muy pícaramente y repetió:-"¿cuánto es?"-.
Yo le aseguré que nada, ella sonrió maliciosamente se levantó, agitando su minifalda, de mi cama pudiéndole ver su ropa íntima: -"tu falda es muy corta y se te ve todo, je, je, je, je"-.
No se inmutó por mis palabras, se acercó a mi closet inquiriéndome de espaldas: -"¿qué me viste?, decíme qué, ji, ji, ji, ¿qué me visté?"-.
Tomó, de entre mis objetos personales, un bálsamo facial con aroma a madera fresca, lo destapó y comenzó a olerlo; aspiraba y suspiraba, alabando la fragancia de bosque que fluía etérea de la elegante botella al tiempo que se frotaba algo en sus manos y brazos.
Siguió mirándome de reojo, y me preguntó nuevamente: -"¿me viste todo lo mío?, ji, ji"-.
Tendido aún en la cama le dije simplemente: -"tus perniles, tus pantaletas y tu culo, je, je"-.
Jugueteaba con la botella de bálsamo, soslayadamente observó:
-"las pantaletas, como decís vos, se llaman aquí cucos o calzones; ¿te gustan?"-.
Dejé escapar sólo un sonido gutural afirmativo: -"uhhhjuuu"-.
Ella me propusó decidida: -"vos jugás fútbol, seguro sabés masajear, vení y masajiáme con tu bálsamo, huele muy rico, uuuhhmmm"-.
-"Sí, algo, sobre todo los muslos y las pantorrillas"-; le respondí.
-"Me masajeás las espaldas y los brazos primero"-; replicó ella.
-"Je, je, je, je, pero, te tienes que quitar la blusa y el brasier"-; fue mi respuesta.
Ella, sorprendida y curiosa me interrogó: -"¿qué es brasier?"-.
La atisbé socarronamente enarcando mis cejas y, antes de yo expresar algo, observó: -"ay, tenés una mirada de Clark Gable*, ji, ji, ji, sólo te falta el bigotico, ji, ji, ji, vea pues, ji, ji, ji"-. [*Actor de la famosa película <<Lo que el viento se llevó>>.]
Hice caso omiso a sus burlas y di satisfacción a su curiosidad.
-"El brasier es esa pieza que cubre, protege y les sostiene los senos a ustedes; para que se vean más seductoras; para hacernos creer que todas los tienen repletos, seguros, paraditos y ........"-.
-"¿Y, qué más?, ji, ji, ji, ji, ji, ji, ji, ji"-, su sonrisa contenida era pícara, por ello decidí responderle algo ordinario: -"y para que creamos que son unas tetazas, je, je, je"-.
Por fin cesó de darle vueltas a la botellita, se tornó seria su expresión, la dejó caer y se apoyó con ambos brazos sobre la cama, quedando yo aprisionado entre ellos, dejó escapar un leve pero claro murmullo con sus intención: -"me gustaría que me untés el bálsamo tuyo, que me masajiés ...., vení, .... vení, masajiáme y untámelo todo"-.
Tomó mis manos y puso la botellita en mi mano izquierda. Me levanté de la cama y le señalé la banqueta alta para que se sentase allí, ella también se puso de pie y se dirigió al sitio indicado señalándome que cerrara la cortina porque de la casa del frente nos estaban espíando; la cerré escuchándose unas carcajadas; quedamos envueltos en una suave penumbra.
Ella se deshizo de su blusa y brasier y así pude observar de cerca lo que había estado suponiendo todo el tiempo: una piel muy morena, los senos pequeños pero fijos, y los pezones agrietados que para ese momento ya estaban repletos como dos uvas negras.
Se sentó en la banqueta y yo comencé a masajearle la espalda con el bálsamo, ella suspiraba cada vez que mis manos recorrían su piel, desde el cuello hasta el talle; las notas de una melodía instrumental nos acompañaban.
-"Eso, así, hacéme suave, rico el balsamito tuyo, ponéme más ahí en la espalda, tenés unos dedos divinos, ricas deben ser tus caricias, uhm, más, en el cuello, eso; esa música está muy bacana, ponéle más volumen"-.
Así lo hice, y ella cerró los ojos deseosa: -"¡uhmm!, masajiáme suave, ¡uhm, qué bien huele tu ungüentico!"-.
Por encima de su hombro veía como sus pezones se iban rellenando, endureciendo, le pregunté:
-"je, je, je, ¿tienes frío?, tus pezones están duros, je, je, je"-.
Siguió mirando hacia el suelo, respondió tranquilamente sin ofuscarse pero insinuante: -"no, no tengo frío, es el masaje que me está cayendo bien, me hacés muy rico, es delicioso; le voy a contar a la Mona que masajiás muy divino, ji, ji, ji, ji"-; y arañó uno de mis muslos.
Yo tenía puesto solamente unos chores cortos, sin ropa interior, pues, como ya mencioné, estaba en la ducha cuando ella llamó a la puerta. Pronto terminé con el masaje en su espalda y sugirió:
-"masajiáme el pecho también, los hombros y todo, vení pues"-.
Le expliqué que así era muy incómodo: -"je, je, je, así sentada no te puedo masajear, tienes que acomodarte en otro sitio, aquí en la banqueta no, je, je, je"-.
-"Esperá me arrecuesto en tu cama, y de paso te la caliento, ji, ji, ji"-; se quitó los zapatos, se tendió felinamente en mi cama, echó sus brazos hacia atrás y cruzó sus piernas.
La observé y le dije: -"je, je, je, je, no tienes que cerrar las piernas, no tengas miedo, no te violaré, no es mi manera de seducir, je, je, je, je"-.
-"Ji, ji, ji, ji, ese no es mi temor, vos no necesitás forzar ni mucho menos violar a una mujer; la que quiera ser tuya, enseguida te lo da y te lo pone, ahí mismito te abre las piernas; sólo necesitás pichártela* de una; ji, ji, ji, ji, ji"-. [*Fornicarla].
Pronunciaba estas frases mirando mis chores muy pícara: -" ¿tenés puesta ropa interior?, ji, ji, ji, decíme, ¿qué tenés debajo?"-. Muy brusco le respondí: -"¿para qué?"-.
-"No me contestés así; es sólo por saber, porque hace mucho calor.... y ......"-.
Siguió retorciéndose, refregándose sus nalgas y muslos; me observaba bribona y contenidamente. Dicho esto se quitó la falda y se tendió perezosamente boca arriba en la cama, pudiendo yo así contemplar su tupida vellosidad pubica, ensortijada, negra, brillante, palpitante como una "VIUDA NEGRA -tarántula-" dispuesta a asaltar la virilidad para engullírsela totalmente, hasta la base.
Yo tomé otra vez la botellita con el bálsamo, deje caer unas gotas sobre su piel y le froté muy lentamente el ombligo; luego, los senos, los pezones, los hombros, el cuello; su respiración se agitaba cada vez más, a medida que yo le acariciaba firmemente su pecho.
-"Uhm, masajiáme, uhm, me siento como en una nube, uhm, qué manos tan redivinas tenés, uhmmmm; las tetas, sobámelas; sí, así bien; qué dedos tan suaves los tuyos"-.
Yo me incliné hasta sus oídos y le inquirí que si quería más masaje y dónde; asintió: -"sí, claro, sí quiero más masaje tuyo; apenas estamos empezando, aaahhh"-.
De pronto siento que su mano izquierda se desliza por entre mis piernas, ésta continua trepando hasta asir mi miembro que para ese instante estaba ya rígido completamente; sus venas querían estallar y había adquirido un color intenso, babeaba lentamente; comenzó a tocarlo al tiempo que sacaba su lengua como una víbora excediéndose en sus calificativos, expresivos y pintorescos.
-"¡Eehh, ave maría pues!, si que lo tenés reteso, la llenás completa con todo eso; seguro las haces pujar cuando se lo metés;.... se necesitan cuatro manos pa´ garrártelo todo.
Qué güevazas tenés, bien rellenitas como albóndigas, pa´preñar hasta la virgen, ay qué locura, tanto cacao* pa´ comerte; echá pa´cá y quitáte ese trapo pues"-.
[*Cacao, chocolate = genitales masculinos debido al tono moreno de los mismos].
Con la otra mano me levantó la ancha manga del chor, lo sostenía con una mano; lo apretó con sus pequeños dedos, me observó socarrona: -"¿querés que tú chimbo se te tranquilice?"-.
Yo le inquirí curioso: -"¿qué es chimbo?, je, je, je, explícame qué es el chimbo"-.
Lo oprimió agitándolo: -"esto es un chimbo"-.
La mire fulminantemente para indagarle:
-"ah sí, ¿y cómo lo podrías tranquilizar el, ..el chimbo?, como tú lo llamas o le dices"-.
Ella se incorporó ágil y rápidamente, tiró abruptamente el cordón del chor hacia abajo; de esta manera quedé completamente desnudo; se levantó y dio satisfecha una vuelta a mi alrededor.
-"Tenés unos muslos la berraquera pues, así podés apretar bien a una sardina* entre tus piernas; si alguna queda allí presa no se salva de que te la comás [*mujer joven].
Qué rico pa´ella, ji, ji, ji, ji, sentir que la ensartás con semejante chorizo, seguro que la hacés chillar y enloquecer llenándola de todo, ji, ji, ji"-.
Yo, seguía de pie, viendo como ella tasaba mi bajo pero fornido cuerpo, pasados unos segundos reaccioné evasivo: -"bueno; juego al fútbol, basquetbol y salgo a trotar; así de fácil es, mucho deporte"-.
Ella me disparó de inmediato observaciones provocadoras y muy maliciosas.
-"Y también mucha chimba*; ¿verdad?, seguro tuviste una en cada esquina allá en Europa; ¿la tienen rica las gringas?, debe serlo, con esas piernas tan largotas .......... [*Mujer, chica; tambien la vulva].
Y la arepa*; ¿como la tienen?, ¿muy peluda?, o, ¿la tienen rala y pelada?... [*Vagina].
Vení, contáme cómo son ellas....... Seguro comiste allá mucha gringa, ¿verdad?...
Con esa cara de español y ojos de indio, pelo azabache, y con esa jeta chupachimba que tenés, esa mirada tan arrechita.......
Jueputa, no joda; se le caen solitos a una los calzones cuando mirás de frente........
A la Monita la pusiste muy nerviosa la tarde que nos visitaste; se la pasa suspirando y pensando en vos; que cuándo volvés porque sos bueno pa´ echar cuenticos......."-.
Me senté en el borde de la cama cubriendo mi pubis con la toalla embadurnada de bálsamo y su sudor, le hice una señal para que se callara, pues no paraba de hablar y sentía que sus palabras me hacían ruborizar; ella no lo notaba porque nos encontrábamos en la penumbra propiciada por mi cortina de color azul oscuro, casi negro.
Se me acercó y comenzó a recorrer mis espaldas y pecho con sus pequeñas manos, eran como arañas buscando nerviosamente su nido; me quitó la toalla y la colocó sobre la cama, me miraba fijamente para ver cómo reaccionaba yo; me mordizqueó una oreja.
-"Acostáte, ahora me toca a mí masajiarte ese chimbo pichador que tenés ahí sin usar; ya esta babeando. ¿Te excitás?, parece que sí, mirálo como gotea, rico, rico"-.
Me tendí, cuán largo soy, sobre la toalla y ella lo tomó muy experta con una de sus manos, con la otra empezó a embadurnármelo abundantemente con el bálsamo para suavizar más la lisa piel, yo la dejé que se extasiara acariciando lascivamente mi virilidad.
-"Te voy a hacer la paja, te va a gustar, seguro; ¡eeehhhh, qué porrota tan dura!......."-.
Y comenzó a masturbarme bruscamente: -"¡ehh cómo echa!, así llenás a toda boba güevona que se quiera dejar comer de vos, rico jueputa"-.
Yo en respuesta la así, con fuerza, por su ensortijado cabello, la atrajé hacia mí con cierta rudeza al tiempo que ella me decía: -"dame tu lengüita, dámela pa´ chupartela"-.
Mi lengua hurgó en su boca provocando así un derrame incontrolable de nuestras salivas sobre nuestros pechos, humedeciéndonos de viscosa sensualidad; sentí el contacto caliente de sus tetas embadurnadas y erectos pezones resbalar sobre mi pecho; una mano suya me masturbaba y la otra se aferraba a mi cuello atrayéndome; ello sucedía en una incontenible atmósfera de lujuria.
Sólo se reconocía su silueta. Sus labios recorrían mi cuerpo chupeteándome todas las partes sobresalientes como por ej. las tetillas, las orejas, los dedos de las manos, los genitales; exploraba entre todas las esquinas y los resquicios de mi cuerpo lanzándome besos.
-"Usted está muy pispo, por qué no me atacó antes; todo ahí solito siempre, cómo te aguantás así, sin una pelada que te lo dé; no jodás, y con lo rico que es meter.....
Siempre lo vemos con la Mona cuando regresás y las dos nos la chupamos pensando en vos; en una noche pichando parejo y seguido, sin compasión ni complejos"-.
Yo la miré atónito; ella me aclaró: -"nos sobamos las pepitas, ji, ji, ji, muy rico"-.
Su boca y su lengua continuaban su excitante exploración; de pronto lo toma entre sus manos, lo palpa con calma muy de cerca y exclama casi maravillada:
-"lo tenés con cachucha*, nunca había tenido uno así; iay, no jodás!; te lo tengo que descachuchar y comérmelo ya"-. [*Gorra, capucha, prepucio].
¿Querés que te baje la cachuchita para darle una buena mamada?; te va a gustar mucho que te chupe la cabecita pelada hasta que echés toda esa leche que tenés ahí guardada en esa güevotas; dejáme agarrártelas, pa´ bañarse con ella y no cansarse"-.
La observaba callado; ella no cesaba de aruñar, aprisionar, masajear; sus dedos estrujaban toda mi genitalidad sin parar de hablar; ello ocasionó que me excitase rabiosamente y me levantara sorprendiéndola e hincándome sobre ella tendida boca arriba. La apresé entre mis piernas.
-"¿Quieres chupármelo?, ahí lo tienes, ven, métetelo en tu boca y le sacas toda la leche que quieras; o me lo mamas o te cojo y te violo así, sin calentarte; tienes mucha hambre de carne dura, ahí la tienes, abre la boca para metértelo"-.
Ella gemía ahogada por el peso de mi cuerpo sobre su pecho.
-"Uhg, ugh, agh, esperá, tan teso no, yo te hago pero calmáte que me ahogás, sí, sí te lo mamo; qué arrecho estás Papito lindo, ugh, es.. ugh.., es..pe..., ugh..., ugh"-.
Oprimí más su boca aún cerrada contra el glande buscando introducírselo.
-"Ábrela y te comes tu buen chorizo; ábrela coño, ábrela, así está bien, ábrela más, cómetelo todo; mámalo así, más, más, y después me mamas las bolas"-.
Sus dedos arañaban mi vientre, nalgas y muslos, yo golpeaba con mi pubis su rostro; mi falo era presa de su lengua y paladar -muy experta era para mamar-; continuó refregando el glande con intensidad haciendo que respingara; me indicó que me tendiera de espaldas para demorar la eyaculación; quedó tendida a mi lado jadeante, limpiándose la boca y el pecho con su mano.
-"Agh, agh, ay jueputa, calmáte que casi me ahogás con toda esa carne en mi boca, agh, agh, mejor así vos boca´ rriba, dejáme y yo te lo hago, así me dejás respirar, agh, tenés mucha gana de mujer; agh, ¿verdad?, agh, agh.., agh.., agh..
Abrí más las piernas, eso así; así te puedo chupar las güevas pa´ que sintás rico y te hago volar; y no me forcés, no lo necesitás; yo también quiero que me pichés............
Tengo ya un tiempito sin novio ni un amigo que me guste pa´ ponérselo; ay, y vos ahí solito, vení y metemos todo lo que querás, berraco....... Yo quiero que me comás"-.
Yo le contesté que no sabía qué era eso –comerte-; se burló de mí.
-"No jodás, hacer el amor completo, que me pichés, que me lo metás teso; que me hagás chillar de la arrechera,.... vení, quitáme los calzones y clavámelo todo, apuráte pues"-.
Sus pantaletas fueron presa de mi impaciencia; se las bajé y lancé sin saber hacia dónde. Una mano suya lo enrumbó, la punta rozaba los rizos de su vulva, luego se aferró con sus brazos a mis espaldas. Embestí con toda mi fuerza y el falo entró raudo en su inundada vulva; retrocedí luego sacándoselo y dejando sólo la cabeza adentro; volví a embestir empujándoselo en sus carnes.
Mi virilidad entraba y salía chapoteando; me presionaba con sus piernas alrededor de mi cuello; de vez en cuando el miembro se salía, ella lo buscaba y se lo introducía con mucha gula.
-"No, no lo saqués, metémelo otra vez, así más, más, más hondo, más, síííííí"-.
Su cuerpo pierde toda su fuerza, sólo espasmos debajo del mío, ella yacía como en una cruz y sus piernas abiertas como un compás ya no presionan más; coloqué mis brazos por debajo de sus hombros, mis descargas van también disminuyendo, sólo sus susurrantes jadeos se escuchan; con él goteando aún traté de separarme de ella, retiré un poco la pelvis y aulló adolorida.
-"¡Aaaaayyyyyyyyyyy jueputa no!, no Papito, esperáte que mi chimba está contraída; esperáte que se me calme y lo sacás, así me arde y duele mucho......
Jueputa, qué problema, mi chimba se me cierra cuando me excito mucho; esperá......
Permanecí sobre ella unos minutos hasta sentir que sus carnes se distendían.
Papito, ahora sí, ya lo podés sacar, pero con mañita y no de un tirón; poco a poco....
Ahora sí, sacálo; mirálo, se te puso todo colorao de tanto roce.......
-"Me hicíste ver el diablo, sos muy arrecho; dejá y te lo mamo pa´ que se te pare rápido, todavía no hemos terminado, apenas empezamos"-.
Ataque por la retaguardia
Yo me arrecosté y ella se arrastró hasta mi pelvis volviendo a su quehacer querido de rozar mi miembro rabiosamente con sus labios y su hábil lengua; yo le acariciaba su cabello.
-"Vení, ya está teso otra vez, ahora vení y picháme por el culo, qué rico, todo ese chimbo comiéndomelo; vos querés mi culo también, ¿verdad?"-. Me lo ofrecía.
Le tuve que confesar que todavía no tenía experiencia en ese campo; me miró socarrona:
¿a las gringas en Europa no les gusta que les coman el culo?, no pues, no puede ser"-.
-"Las que yo conocí, no; pero que les chuparan todo, desde el dedo gordo pasando por las corvas, rodillas, los muslos, el clítoris en especial, el ombligo, las tetas, los pezones.
También les gustaba, a algunas, hurgar en la bragueta para juguetear con las bolas y mamarlo mientras oíamos música; pero, que les diera por el culo nunca me lo pidieron.
Unas eran muy jovenes, 16, 17 años, y por tanto algo inexpertas y esa penetración anal la consideraban algunas como algo anormal, casi perverso y que dolía mucho después"-.
Ella se rió estruendosa, y burlona: -"no jodás, ja, ja, ja, ja, ja; conociste un poco de bobas puritanas y sonsas, con lo bueno que es tenerlo relleno con un chorizón como el tuyo....
Ay no, ji, ji, ji, ji, al contrario es muy rico, tanto para la hembra como para él, porque el roce es más intenso; el culito es mucho más estrecho que la arepa y ella goza más con cada embiste cuando él le va metiendo toda esa carne tesa......
El hombre lo mismo, y después de echar no se sale, se queda adentro porque ella lo aprieta entre las nalgas,... una siente como una caricia de la lengua.......
Vas a gozar mucho, te tengo que bajar la cachuchita pa´ que tengás más sensación; yo te digo cómo me hacés pa´ que vos también disfrutés .......
Vení pa´que probés y aprendás, y le hagás el favor a la Mona, ji, ji, ji, ella lo tiene virgo todavía; imagináte, semejante culito tan pispo... ¡Tan linda qué es!... Tenés que entrarle y hablarle más seguido;.... movés un dedo y seguro te lo pone todo ahí mismito....
Ella se ha comido uno solamente y muy remalo; pero ahora me toca a mí primero...."-.
Le sugerí que necesitaríamos un lubricante para facilitar la metida entre sus nalgas. Ella asintió:
-"sí, sí, primero en la chimba pa´ que se ponga resbaloso; después me lo ponés en el ojete y me dejás que yo empuje mis nalgas, él entra solito, ¡qué berraquera jueputa!; vení, qué esperás pues pa´ comerte tu primer culo"-. Sonrió bribona y me lo ofreció.
Aprendí la lección muy pronto para satisfacción suya, ella lo reconoció con creces.
-"¡Qué ricura!, me clavaste todo tu morcillón y me hicíste venir*; sólo la Mona me hace llegar* con sus lambeteadas,......... ¡qué volada tan ijueperra!... [*Tener orgasmo]......
Mis amigos lo meten y ya; vos hacés gozar a la mujer, y la gozás también......
iAy jueputa, qué dicha!, encontré un vergajo* bien teso; sos hasta delicado a pesar de tu mirada de fiera, una berraquera pa´ meter.......... [*Hombre].
Dáme unos chupitos y unos besitos pa´ completar este polvazo rico que me echaste"-.
Nos quedamos un rato largo tratando de recuperarnos; después se fue al baño para asearse; trajo jabón, agua, una toalla y me lo lavó. Yo le propuse:
-"espera, ahora sí me gustaría que me lo mimes con la lengua, porque así siento más sensación de placer, pues no está erecto completamente y me puedes correr el prepucio para acariciar todo el glande con tu lengua y tus labios; ven, acaríciamelo"-.
Se limitó a ironizar y a burlarse de mis frases y vocabulario.
-"Tan pulcro, rebuscado y fino que hablás, jueputa, ji, ji, ji; la Mona sonsa [tonta] se va a encacorrar [enamorar] de vos cuando te conozca un más; a ella la matan los berracos así pelinegros, con buenos modales; la vas a poner de una a la güevona esa...
Te gusta que te la chupen bien peladita y a medio parar, ¿verdad?; echáte pa´tras y yo te hago, vos sólo gozás.....
Pero no me atenacés con tus muslotes porque me ahogás, entonces te las muerdo y te jodés porque te las arranco, ji, ji, ji, ji, ji, ji; rico, qué caliente lo tenés"-. Se agachó.
-"¿Qué te parece?, te di la chimba, me comiste el culo y te lo mamé"-. Comentó.
Después, se sentó sobre mi regazo; le señalé que me debía ir a clases, asintió y se vistió.
-"¿Querés venir esta tarde al apartamento?, la Mona no está; yo te preparo una comida bien picantica pa´ que te pongás bien arrechito y me dés clavo parejo; así como me lo hiciste hoy, hasta decir no más, hasta desmayarme; ¿venís?"-.
Su vocabulario era bastante limitado, burdo, pero pintoresco. Sus ojos desparramaban un brillo de lujuria; le dije que por hoy era suficiente; ella insistió, acepté pero que debía ser una noche corta. Sí, sí, fue su respuesta, me abrazó y y me hizo prometerle que esa noche dormiría con ella.
Por la tarde, tan pronto como regresé de las clases ella tocó a la puerta de nuestro apartamento y me dijo que había preparado comida para la cena; deje mis libros sobre mi mesa de noche y salí.
Cenamos, estaba muy alegre. Me insinuó tomar algo y trajo un licor venenoso propio de la región llamado aguardiente, sirvió dos copas, brindamos y nos bebimos esa agua traicionera.
Ella se sentó junto a mí y comenzó a introducir sus manos por entre mi camisa y pantalón; yo le pregunté: -"¿qué quieres?"-; se levantó nerviosa y se desnudó; entonces, me arrancó mis ropas susurrando lascivamente: -"vení Papito a meter, igual que esta tarde"-.
Luego de un fervoroso polvo poscena, la Negra me empujó hacia un lado y me propuso:
-"estoy muerta; sos muy arrecho pero no puedo más; dormíte....."-.
Esperé que conciliara el sueño para salir sigilosamente, pero se despertó. Estiró una mano para retenerme, la retiré con fuerza y me vestí; salí descalzo para no despertar a la otra y me largué.
-"Jueputa, berraco tan creído que sos......."-.
La Catira bullía en mi cabeza, era más mujer, fina, educada, sus torneadas piernas, firmes nalgas y turgentes senos me llamaban más la atención; acariciarle su cosita rica con mis labios debe ser una delicia, me imaginaba; debe ser glorioso echarle un polvo. Además, su culo era un sueño y penetrar en esas firmes carnes una auténtica divinidad. Pensando en ella me dormí.
La Bullanguera insiste
A la mañana siguiente, casi a mediodía, estaba perezosamente tendido en mi cama envuelto en mi bata y leyendo unas notas cuando tocan a la puerta. La Negra, con un vestido alegre se plantaba allí desafiante; qué lástima, no era su amiga. Entró y se dirigió a mi cuarto directamente.
-"Hola malagradecido, me comiste y te largaste; pero, bueno, no importa........ Venía a ver qué estabas haciendo, y cómo pasaste la noche; yo dormí casi hasta mediodía..
¿Estás muy cansado?, no parece; ji, ji, ji, ji, ¿me dejás entrar?; ¿estás estudiando?, y yo quería conversar un rato con vos; la Mona se fue a la casa del tío a esperar una llamada..
Dejá eso y descansás un rato, ¿qué te parece Papito?, dame uno de tus cigarrillos, los míos se me quedaron.......... ¿Me puedo sentar en tu camita?, ya me conoce, ji, ji, ji"-.
Sin esperar mi respuesta se quitó los zapatos y se subió a la cama, saltando como una garza, para arrecostarse en la cabecera, cruzó las piernas mostrándome su ropa íntima mientras encendía un cigarrillo, me invitó palmoteando el colchón.
-"Vení, sentáte a mi lado, no te voy a comer ni a hacer nada, nos fumamos éste y te dejo con tu trabajo, sos muy estudioso pues"-.
La observé de arriba a abajo, jugueteaba con el cigarrillo y seguía indicándome que ocupara un sitio a su lado; me senté junto a ella y de inmediato una mano suya hurgó afanosamente entre la falda de mi bata; encontró lo que buscaba y tirándome su bocanada de humo sonrió maléfica.
-"Ji, ji, ji;¿te gustó probar mi culo?, ¿lo tengo rico verdad?,¿querés más?, mirálo, tocá.....
Sabés, si no te lo han dicho, entonces te lo digo yo: Papito, como amante sos perfecto...
Decíme una cosa, ¿es la primera vez que te comés una colombiana?, ¿cómo te pareció?, ji, ji, ji; ¿la tenemos más sabrosa que las gringuitas?, ji, ji, hablá pues......."-.
Fumé de su cigarrillo y la observé serio sin comentar; la dejé que prosiguiera con su soliloquio.
-"Ya lo tenés teso otra vez, no jodás, ¿querés una mamadita pa´ empezar?, ¿sí?.... Pero nos vamos al apartamento nuestro; de repente llega el Zarco y me encuentra aquí con todo eso en mi boca y haciéndote rico; ¡ay no, qué pena, qué va a pensar él de mí!......
Que soy una mamona, descarada y sinvergüenza...... no pues, aquí no...
Vení vamos a mi cuarto, allá te puedo hacer todo lo que querás, y vos a mí, vení y después seguís estudiando tranquilo; ay, la cachuchita la tenés tan lisita"-.
La seguí a su habitación, apenas entramos me empujó hacia su cama; ella, sin quitarse la ropa me abrió la bata y lo tomó con una mano metiéndoselo en su boca locamente y lamiéndomelo, la otra se aferró a los testículos; me amenazó:
-"y hoy no me dejás tirada aquí sola en mi cama después de picharme; pasás la noche conmigo, la Mona no viene hoy ..............
Esta noche te amarro a mi cama pa´ que no te largués, ji, ji, ji, rico"-.
-"Jueputa, tan creído que sos"-. Dijo ella al quedar tendida desnuda en su cama y yo salir de su cuarto envuelto en mi bata; quería ducharme, comer y tener tranquilidad. Sus expresiones algo agrícolas me molestaban.
Interiormente reflexionaba que no la debería tratar tan mal, pues, al fin y al cabo la Bullanguera era o sería el puente para llegarle a su amiga. Debería soportarla hasta lograr mi meta: la Catira.
Continuará. El próximo capítulo se titula: Un cofre, una llave. II - La incógnita.
Aterricé en esta ciudad por circunstancias producto de las casualidades que te proporciona el destino burlón e incógnito y tú no sabes por qué.
Debo confesar que nunca me he arrepentido de haber vivido en aquella ciudad; de haber conocido la mentalidad del pueblo antioqueño. Al contrario, hoy en día y después de tantos años, recuerdo con cierta nostalgia aquella época de mi agitada juventud. Pero, la vida es una senda interminable con encrucijadas y senderos que te van alejando o acercando de lo querido y de lo odiado. Muy sabia es la vida.
Una página muy especial constituyó mi contacto con las chicas de allí; desde el primer momento me cautivó ese comportamiento tan meloso y particularmente seductor propios de ellas en esa región, a veces hasta algo mojigato -según sus propias palabras-; su lenguaje pleno de lujuria soterrada invitando a probar de sus mieles; y también, de vez en cuando, rechazándote con sus hieles. En esta vida se prueban muchas cosas, en algunas ocasiones sin querer. Sus gestos y ademanes expresivos; sus soslayados requiebros; sus contoneantes cuerpos con todos los encantos naturales.
Por intermedio de un amigo medellinense alquilé una habitación en un barrio alejado del centro de la ciudad. Eran dos apartamentos en el primer piso, uno lo tenían dos chicas, cuyos apodos eran La Negra y la otra tenía el mote de la Mona*, ésta era una auténtica belleza. [*Rubia].
Sus comportamientos eran algo enigmáticos, casi secreto, no trabajaban a simple vista, pero tenían siempre dinero a su disposición, no en exageración, pero suficiente; viajaban con cierta frecuencia, solían decir que su familia tenía fincas en un pueblo; o tener un tío negociante y muy acomodado financieramente en el extranjero.
Con las vecinas había poco contacto. Al principio sólo nos saludábamos con "buenos días, buenas tardes, hola"; bueno, en fin, sólo la cortesía obligatoria acompañada de algunos gestos.
En el otro vivíamos el Zarco* [*rubio, de ojos claros] y yo. A él lo rebauticé como el Catire, trabajaba en una empresa y no supe nunca qué hacía exactamente allí; nos veíamos muy poco, pues él tenía la costumbre de visitar su novia en las noches, llegaba a dormir y salía al día siguiente temprano. El fin de semana se hacía un humito, se perdía del mapa con su futura media naranja. No sé si se habrán casado después, nuestro contacto se perdió totalmente.
Primer contacto
Una tarde tranquila y soleada regresé al apartamento con la intención de tomar una ducha, comer algo y luego ponerme a estudiar unos apuntes tomados en una clase. En el momento en que quise abrir la puerta con mi llave, noté que desde el apartamento de las vecinas salía mucha música, algarabía, y en medio de esa bulla la voz del Catire llamándome:
-"Chamo, vení para acá y te presento a las vecinas, ja, ja, ja, apuráte"-.
Vacilé un instante, pero me decidí ir a conocerlas, pues la verdad es que estaban bastante bien. Sobre todo la apodada la Mona.
Yo, con los libros en la mano, entré y me quedé mirándolas, y ellas a mí; la Negra estaba sentada en el sofá, junto con la Mona, sosteniendo un vaso con cerveza y fumando; el Catire muy alegre, estaba al frente de ellas en un sillón con un vaso de espumeante zumo de lúpulo y un cigarrillo.
El Catire y la Negra me observaban burlonamente, ésta rompió el silencio.
-"Vecino, sentáte pues, ji, ji, ji, ¿que querés tomar, un aguardientico o una cervecita bien helada?, ¿querés fumar?, no te quedés ahí parado, ji, ji, ji, ji, sentáte con nosotras, ji, ji, ji, ji"-; se apartó un poco haciendo un espacio para mí.
-"Gracias, no bebo casi cerveza, y aguardiente nada; me gusta el vino tinto o blanco, y fumo muy poco, los cigarrillos de ustedes son muy fuertes y sin filtro, gracias muy amables"-; le respondí secamente.
La Mona, su presencia era harto apabullante, me observaba en silencio y miró primero a la Negra, luego hacia un armario con ventanas de cristal, ésta se levantó del sofá muy "bullanguera".
-"No jodás pues, qué fino sos; pero te podemos complacer, la Monita tiene un vino rojo chileno por ahí guardado y cigarrillos con filtro, ya vengo"-; le agradecí a la Catira* -Mona- su gesto disculpándome. [*Le cambié su mote por el equivalente en mi país].
-"Bueno, no se tiene que molestar por mí, sólo me estaré unos momentos, tengo mucho que estudiar; además no he cenado aún, iré al centro luego a comer alguna cosa, mi almuerzo estuvo algo débil, no se moleste usted, ya me voy...."-.
Hice un intento para despedirme, pero la Negra bullosa volvía en ese preciso instante blandiendo victoriosa la botella con el vino chileno y unos cigarrillos importados.
La Catira volvió a cruzar sus piernas y le alcancé a ver su ropa íntima escondiéndose entre las carnes de sus glúteos; mi virilidad respingó; dejó caer sus finos zapatos y se acomodó más en el sofá tratando de cubrir sus piernas con su falda; era una delicia su silueta, sus ademanes; ripostó:
-"vecino, no es ninguna molestia; al contrario, siéntese, es placentero tenerte por fin aquí con nosotras, te queríamos conocer desde hace tiempo.......
El Zarco ya nos ha contado muchas cosas tuyas; ¿te puedo tutear?, si no, dímelo.....
Elenita, trae el vino y una copita, ponlo en la mesita, déjame que yo lo descorcho y lo sirvo; vecino, ¿una media copita?, ¿sí?, me dice hasta dónde le sirvo"-.
Sonrió interrogativa, me senté y le señalé cuánto quería, lo descorchó, lo sirvió y me alargó la copa, la así al tiempo que le agradecía por sus atenciones, ella se sirvió también y brindó:
-"brindemos, por el recien llegado y nosotras; Zarco, brinde pues"-.
Alzamos los vasos y copas para brindar, la Negra se dirigió al tocadiscos para poner música y amenizar la tarde de aquel viernes; Fruko y sus Tesos -grupo de salsa muy famoso allí- irrumpió revoloteando estruendoso con su éxito <<El preso>>, y otros más de esos años.
La Negra saltó cuasi picada por una culebra y comenzó a contonearse como si estuviese poseída por los espíritus de una macumba; la Catira, muy divertida, me comentó: -"¿qué te parece?, lindo ¿verdad?, Elenita es muy alegre y pimentosa; ¿te gusta el vino?, me lo trajo un tío que me quiere mucho; ¿fumas?, ¿un cigarrillo?, déjame, yo te lo enciendo"-.
Tomó el cigarrillo, yo le di fuego con su encendedor tasándole sus repletos senos; ella aspiró, botó el humo hacia un lado y lo colocó entre mi dedo índice y corazón, en el filtro se estampó la huella de su lápiz labial, rosado pálido, se excusó: -"ja, ja, ja, ja, disculpa vecino, aquí tengo un pañuelito para que te limpies los labios, tómalo y perdóname, pero fue sin intención"-.
Me entregó su fino pañuelo y con él retiré los restos de lápiz labial del cigarrillo, con mi lengua saboreaba mis labios; mirándola con fijeza le dije entrecortadamente: -"el vino tiene bastante cuerpo; tu maquillaje tiene un sabor muy fresco, agradable, como una fresa madura....... Pero tu falda está mejor aún, te queda muy bien, muy coqueta y seductora; y tienes unas piernas muy lindas"-. ¡Qué perniles, coño!, pensaba yo.
Ella se arregló su falda y su blusa, eludió una respuesta a mi directa tentativa y se limitó a responderme con una indiferencia casi calculada:
-"sí, el vino y el lápiz labial me los trajo también el tío, me regala muchas cosas............
La falda está algo corta, pero sólo me las pongo cuando estoy en la casa, para salir llevo otras mas largas y.... que muestran menos....."-.
Esta excusa ya la había escuchado en una ocasión anterior en otro idioma, en otro continente.
La Bullanguera se inmiscuyó en la corta charla sin cesar de bailar al ritmo de Fruko:
-"ay sí vecino, la consiente mucho el tío, le complace todos sus antojos y caprichos, mirále los trapos, los zapatos y las otras prendas íntimas, si se las vieras, ji, ji, ji, ji, ji, puros encajes y sedas carísimas"-.
Hablaba y se contoneaba sosteniendo la bebida en una mano, puso el vaso en la mesa y se sentó a mi lado: -"a ver y pruebo del cigarrillito tuyo, echá pa´ cá"-.
Me lo rapó de mis dedos, lo prensó en su boca haciendo una O, aspiró muy profundo y me lanzó la bocanada de humo directo al rostro burlándose: -"no pensés que te quiero achantar, pero sos muy serio, reíte pues; Zarco, decíle que ponga otra cara más alegre, ji, ji, ji"-.
-"¿Qué es achantarse?, nunca he escuchado ese verbo"-. Fue mi reacción.
-"ji, ji, ji, tan sonso* él, no sabe qué es achantarse, mirá pues; bueno, estar callado, ser algo penoso, eso más o menos, ji, ji, ji, tan serio que sos"-. [*Inocente en este caso, también es tonto.]
El Catire apuraba la bebida observando el comportamiento incitante de la Negra, pero sin emitir sonido alguno; la Catira me turbaba con su blanca piel, su cabellera larga y rojiza, sus piernas, su vestimenta, su fragancia, sus ademanes tranquilos; la Negra interrumpió mi breve embeleso.
-"Ya sabés que es achantarse, ahora contános pues de tu vida, el Zarco dice que sos muy corrido, viviste en Europa varios años conociendo muchos países y gente por allá, contá pues, decínos cómo es la vida en ese frío tan berraco*...... [*Intenso en este caso]..
Y cómo son las peladas* por allá, seguro que quebraste y reventaste [seducir] mucho caucho, andá, no te callés; el Zarco dice que sos muy bueno pa´ contar historias, contános algunas pues"-. [*Chicas.]
Aspiré el cigarrillo, lentamente fui soltando el humo en burbujas, bebí un sorbo mientras miraba al Catire y éste me sonreía, sostenía mis libros con la otra mano; la Catira recogió las piernas para darme más espacio; mis ojos trataban de escudriñar en su intimidad.
-"Vecino, ponte cómodo; sí, cuéntanos alguito de tu vida; Elenita, quítale los libros y póngalos en la mesita; espera y me acomodo mejor para que no te sofoques, siéntate tranquilo y cuéntanos de tu vida en Europa"-.
Casi me atraganto con el humo y el vino en el momento en que ella se arrellanó en el sofá; sus muslos, rodillas, pantorrillas y pies eran muy dignos de ser admirados; el escote de su vestido dejaba ver la insinuante redondez de sus senos, su cabello caía sobre ellos.
Hice acopio de mi seriedad para mantenerme calmado; traté de ordenar mis pensamientos para poder satisfacer su curiosidad; el Catire sentado al frente mío sonreíame sin cesar; la Negra, muy atrevidamente, puso una mano sobre mi muslo apretándolo maliciosa:
"-echá pa´cá los libros y soltános tu carreta*; echános unos cuenticos pues"-. [*Verbo].
Seguía apretujándome el muslo con sus pequeños dedos, no sé si era para darme ánimo o una táctica de acercamiento directo y frontal; la dejé que continuara con su toqueteo sin mirarla y comencé a narrarles algunas anécdotas de mis recientes días en el viejo continente, en Alemania.
La Negra compartía mi cigarrillo y me manoseaba; la Catira le recriminó: -"Elenita, déjalo tranquilo para que nos cuente más de su vida, es muy interesante......"-.
-"Ay Monita, está muy Papito, ¿no te parece?; mirálo bien, ji, ji, ji, ji; pa´ llegarle con los calzones en la mano y...... dejarse comer de una vez"-. Se defendió la Bullanguera.
El Catire se atragantó al escucharla y la interrumpió poniendo su vaso vacío sobre la mesa; se levantó de pronto despidiéndose porque tenía que irse a la casa de su novia; yo permanecí allí sentado en medio de las dos chicas y continué narrando más historias para placer de ambas.
Sobre todo la Negra reaccionaba impresionada por mis relatos; bebía a largos sorbos su cerveza y fumaba lanzando largas bocanadas de humo, ya había acabado con mi cigarrillo y había encendido otro suyo; la Catira miraba muy tranquilamente; sus modales y aspecto me llamaban la atención.
Aparentemente me mantenía sereno y proseguí refiriéndoles algunas de mis aventuras; la Negra hacía mucho aspaviento, cruzaba constantemente sus piernas mostrando sus muslos y pantaletas, no sé si con o sin intención; se sentaba de una manera u otra arreglándose la falda, creo que ya tenía bastante caña entre pecho y espalda pues su risilla era harto nerviosa; sus dedos arañaban mi muslo y me oteaba para captar mi reacción; la Catira observaba impertérrita, pero divertida.
Luego de un rato de mi monólogo interrumpido con las preguntas de la Negra, miré mi reloj y les dije que debería irme, tenía hambre y deseaba cenar. Hice un ademán de levantarme, la Negra se irguió de su asiento para seguirme hasta la puerta, me despedí de la Catira extendiéndole una mano, ella se quedo sentada, sentí su agradable calidez.
"-Tienes una piel muy tersa y agradable; eres una chica muy bella"-. Le dije sereno.
Complacida y sin, aparentemente, inmutarse agregó solamente:
"-lástima que te tengas que ir ya vecino, cuando quieras nos puedes visitar, si no estoy yo, está Elenita; o estamos las dos; cuando estés aburrido o sin programa* vienes, así podemos ver la tele o nos cuentas otra de tus historias, que pases una buena noche"-.
[*Entretenimiento].
Tomé mis libros y me dirigí hacia la salida seguido por la Negra muy de cerca pellizcándome el brazo; al llegar a la puerta me palmoteó un muslo.
-"Estás buenote Papito, ji, ji, ji; pa´comérmelo ya; ji, ji, ji, qué rico sería hacértelo"-. Abrió la puerta mientras su mano se aferraba a mis nalgas, con la mano libre retiré la suya y salí.
Al entrar me encontré con el Catire que ya se había duchado y cambiado para ir a la casa de su novia, me vio y socarrón comentó abiertamente:
-"vea hermano pues, hágale a esas viejas* [*Chicas, mujeres, no tiene nada que ver con la edad] las dos están muy poderosas*, sobre todo la Mona [*Hermosas]......
Ahí hay chance, la Negra está que arde y se come ella misma; para echarle uno a lo <<vaca muerta>>; aprovechála que hoy está alegre y con ganas, hágale pues; traétela..
Yo regreso bastante tarde; bueno, ahí lo dejo, mire a ver qué hace; me voy, me están esperando, ja, ja, ja, hasta luego, hablamos después"-.
Y salió de la habitación, un golpe seco y la puerta se cerró tras él; yo me fui a un restaurante para cenar. Al regresar noté silencio total, deben haber salido las vecinas bonchonas -fiesteras- me imaginé; no le di importancia pues tenía mucho que estudiar y me encerré en mi habitación a enfrentarme con la gramática y la fonética de las lenguas de Baudelaire y Shakespeare.
El polvo a lo <<vaca muerta -ella de medio lado->>, según el Catire, quedaba pospuesto para una próxima ocasión. ¿Cuándo?, no lo sabía y no me lo imaginaba; tendría que esperar un tiempo, me dije y coloqué mis libros sobre la mesa para dedicarme a mi tarea.
La Bullanguera y su excusa
Luego de este primer contacto proporcionado por el Catire comencé a percibir que ellas estaban pendientes de mis horas de salida y llegada a la vivienda; sobre todo por parte de la Negra, ella buscaba el acercamiento conmigo directamente; me entraba y trataba de distraerme con temas y preguntas sin importancia, gestos, morisquetas, risillas nerviosas.
Yo, por el contrario, hacía todo lo posible por centralizarme en mis estudios disciplinadamente, a pesar del entretenimiento que representaba su alborotada, bullanguera y bullosa presencia.
El contacto era casi a diario, ya que todavía no les habían instalado el teléfono y ella venía con frecuencia, por lo menos una vez por día, o cada dos días a llamar, o a esperar una llamada. Esto fue facilitando el acercamiento y rompiendo el hielo. La Catira no venía nunca a telefonear.
Un día estaba en la ducha cuando de repente tocan a la puerta, yo salgo en paños menores y abro; allí estaba sonriente ella, la chica llamada La Negra, quien era pequeña, aprox. 1,55 mts.; muy morena y bastante delgada, algo frágil pero bien formada con nalgas saltonas, caderas algo estrechas y senos como limones, pelo negro, corto y ensortijado.
Ella sonrió bribona al ver mi indumentaria y me preguntó, como siempre, que si podía telefonear, yo le respondí que sí, y me devolví a la ducha para ordenar un poco el tocador, luego me fui a mi cuarto para buscar ropa y vestirme. Ella tomó el teléfono, marcó el número y comenzó a hablar y a dicharachear con su interlocutora.
La Negra llevaba ese día una falda muy corta, tacones altos y una blusa ceñida al talle que le hacía resaltar sus pequeños senos; además, la blusa era transparente y se le notaba claramente el color del brasier (sostén). Hablaba con su amiga y coqueteaba conmigo, miraba continuamente lo que yo ordenaba en el closet y seguía parlanchineando.
Yo me puse un chor -pantalón corto- y me tendí en mi cama a descansar un rato antes de almorzar; ella continuaba hablando con su amiga, el rumor de su voz apagada hizo que yo entrecerrara los ojos y comenzara a dormitar un leve sueño.
Sus palabras las percibía yo en una lejanía desértica, no sabía sobre qué hablaba con su amiga, sólo notaba que su murmullo me estaba adormilando. Estaba así hasta que caí sumido en un leve sueño; escuchaba a lo lejos el ruido de niños en la calle jugando al fútbol; los carros y buses que circulaban por las calles adyacentes; de vez en cuando una madre llamando los hijos a almorzar.
En el pasillo de la vivienda ella con su dicharachería alegre acompañada de risas contenidas y comentarios incomprensibles para mí. Creo haberme quedado profundamente dormido, sin escuchar, ni percibir u oir ruido alguno. Sólo un silencio sepulcral.
El masaje inesperado
El chirrido de una frenada intempestiva me sacó de mi sopor, alguien en la calle lanzaba rudos improperios contra un atrevido chofer de bus, éste le respondía con unas burdas e irreproducibles soecidades justificando su maniobra.
Abrí los ojos lentamente y vi que ella estaba sentada observándome intensamente; sonreía maliciosa: -"Papito, ¿estás muy cansado?"-; al tiempo que me colocaba sus pequeñas manos sobre uno de mis muslos.
De ellas emanaba un suave calor, se lo hice notar; abrió su pequeña boca de labios rojos:
-"¿cuánto le debo?, ustedes nunca me cobran, pero hoy hablé mucho rato....."-.
Yo le contesté que nada, se quedó observándome muy pícaramente y repetió:-"¿cuánto es?"-.
Yo le aseguré que nada, ella sonrió maliciosamente se levantó, agitando su minifalda, de mi cama pudiéndole ver su ropa íntima: -"tu falda es muy corta y se te ve todo, je, je, je, je"-.
No se inmutó por mis palabras, se acercó a mi closet inquiriéndome de espaldas: -"¿qué me viste?, decíme qué, ji, ji, ji, ¿qué me visté?"-.
Tomó, de entre mis objetos personales, un bálsamo facial con aroma a madera fresca, lo destapó y comenzó a olerlo; aspiraba y suspiraba, alabando la fragancia de bosque que fluía etérea de la elegante botella al tiempo que se frotaba algo en sus manos y brazos.
Siguió mirándome de reojo, y me preguntó nuevamente: -"¿me viste todo lo mío?, ji, ji"-.
Tendido aún en la cama le dije simplemente: -"tus perniles, tus pantaletas y tu culo, je, je"-.
Jugueteaba con la botella de bálsamo, soslayadamente observó:
-"las pantaletas, como decís vos, se llaman aquí cucos o calzones; ¿te gustan?"-.
Dejé escapar sólo un sonido gutural afirmativo: -"uhhhjuuu"-.
Ella me propusó decidida: -"vos jugás fútbol, seguro sabés masajear, vení y masajiáme con tu bálsamo, huele muy rico, uuuhhmmm"-.
-"Sí, algo, sobre todo los muslos y las pantorrillas"-; le respondí.
-"Me masajeás las espaldas y los brazos primero"-; replicó ella.
-"Je, je, je, je, pero, te tienes que quitar la blusa y el brasier"-; fue mi respuesta.
Ella, sorprendida y curiosa me interrogó: -"¿qué es brasier?"-.
La atisbé socarronamente enarcando mis cejas y, antes de yo expresar algo, observó: -"ay, tenés una mirada de Clark Gable*, ji, ji, ji, sólo te falta el bigotico, ji, ji, ji, vea pues, ji, ji, ji"-. [*Actor de la famosa película <<Lo que el viento se llevó>>.]
Hice caso omiso a sus burlas y di satisfacción a su curiosidad.
-"El brasier es esa pieza que cubre, protege y les sostiene los senos a ustedes; para que se vean más seductoras; para hacernos creer que todas los tienen repletos, seguros, paraditos y ........"-.
-"¿Y, qué más?, ji, ji, ji, ji, ji, ji, ji, ji"-, su sonrisa contenida era pícara, por ello decidí responderle algo ordinario: -"y para que creamos que son unas tetazas, je, je, je"-.
Por fin cesó de darle vueltas a la botellita, se tornó seria su expresión, la dejó caer y se apoyó con ambos brazos sobre la cama, quedando yo aprisionado entre ellos, dejó escapar un leve pero claro murmullo con sus intención: -"me gustaría que me untés el bálsamo tuyo, que me masajiés ...., vení, .... vení, masajiáme y untámelo todo"-.
Tomó mis manos y puso la botellita en mi mano izquierda. Me levanté de la cama y le señalé la banqueta alta para que se sentase allí, ella también se puso de pie y se dirigió al sitio indicado señalándome que cerrara la cortina porque de la casa del frente nos estaban espíando; la cerré escuchándose unas carcajadas; quedamos envueltos en una suave penumbra.
Ella se deshizo de su blusa y brasier y así pude observar de cerca lo que había estado suponiendo todo el tiempo: una piel muy morena, los senos pequeños pero fijos, y los pezones agrietados que para ese momento ya estaban repletos como dos uvas negras.
Se sentó en la banqueta y yo comencé a masajearle la espalda con el bálsamo, ella suspiraba cada vez que mis manos recorrían su piel, desde el cuello hasta el talle; las notas de una melodía instrumental nos acompañaban.
-"Eso, así, hacéme suave, rico el balsamito tuyo, ponéme más ahí en la espalda, tenés unos dedos divinos, ricas deben ser tus caricias, uhm, más, en el cuello, eso; esa música está muy bacana, ponéle más volumen"-.
Así lo hice, y ella cerró los ojos deseosa: -"¡uhmm!, masajiáme suave, ¡uhm, qué bien huele tu ungüentico!"-.
Por encima de su hombro veía como sus pezones se iban rellenando, endureciendo, le pregunté:
-"je, je, je, ¿tienes frío?, tus pezones están duros, je, je, je"-.
Siguió mirando hacia el suelo, respondió tranquilamente sin ofuscarse pero insinuante: -"no, no tengo frío, es el masaje que me está cayendo bien, me hacés muy rico, es delicioso; le voy a contar a la Mona que masajiás muy divino, ji, ji, ji, ji"-; y arañó uno de mis muslos.
Yo tenía puesto solamente unos chores cortos, sin ropa interior, pues, como ya mencioné, estaba en la ducha cuando ella llamó a la puerta. Pronto terminé con el masaje en su espalda y sugirió:
-"masajiáme el pecho también, los hombros y todo, vení pues"-.
Le expliqué que así era muy incómodo: -"je, je, je, así sentada no te puedo masajear, tienes que acomodarte en otro sitio, aquí en la banqueta no, je, je, je"-.
-"Esperá me arrecuesto en tu cama, y de paso te la caliento, ji, ji, ji"-; se quitó los zapatos, se tendió felinamente en mi cama, echó sus brazos hacia atrás y cruzó sus piernas.
La observé y le dije: -"je, je, je, je, no tienes que cerrar las piernas, no tengas miedo, no te violaré, no es mi manera de seducir, je, je, je, je"-.
-"Ji, ji, ji, ji, ese no es mi temor, vos no necesitás forzar ni mucho menos violar a una mujer; la que quiera ser tuya, enseguida te lo da y te lo pone, ahí mismito te abre las piernas; sólo necesitás pichártela* de una; ji, ji, ji, ji, ji"-. [*Fornicarla].
Pronunciaba estas frases mirando mis chores muy pícara: -" ¿tenés puesta ropa interior?, ji, ji, ji, decíme, ¿qué tenés debajo?"-. Muy brusco le respondí: -"¿para qué?"-.
-"No me contestés así; es sólo por saber, porque hace mucho calor.... y ......"-.
Siguió retorciéndose, refregándose sus nalgas y muslos; me observaba bribona y contenidamente. Dicho esto se quitó la falda y se tendió perezosamente boca arriba en la cama, pudiendo yo así contemplar su tupida vellosidad pubica, ensortijada, negra, brillante, palpitante como una "VIUDA NEGRA -tarántula-" dispuesta a asaltar la virilidad para engullírsela totalmente, hasta la base.
Yo tomé otra vez la botellita con el bálsamo, deje caer unas gotas sobre su piel y le froté muy lentamente el ombligo; luego, los senos, los pezones, los hombros, el cuello; su respiración se agitaba cada vez más, a medida que yo le acariciaba firmemente su pecho.
-"Uhm, masajiáme, uhm, me siento como en una nube, uhm, qué manos tan redivinas tenés, uhmmmm; las tetas, sobámelas; sí, así bien; qué dedos tan suaves los tuyos"-.
Yo me incliné hasta sus oídos y le inquirí que si quería más masaje y dónde; asintió: -"sí, claro, sí quiero más masaje tuyo; apenas estamos empezando, aaahhh"-.
De pronto siento que su mano izquierda se desliza por entre mis piernas, ésta continua trepando hasta asir mi miembro que para ese instante estaba ya rígido completamente; sus venas querían estallar y había adquirido un color intenso, babeaba lentamente; comenzó a tocarlo al tiempo que sacaba su lengua como una víbora excediéndose en sus calificativos, expresivos y pintorescos.
-"¡Eehh, ave maría pues!, si que lo tenés reteso, la llenás completa con todo eso; seguro las haces pujar cuando se lo metés;.... se necesitan cuatro manos pa´ garrártelo todo.
Qué güevazas tenés, bien rellenitas como albóndigas, pa´preñar hasta la virgen, ay qué locura, tanto cacao* pa´ comerte; echá pa´cá y quitáte ese trapo pues"-.
[*Cacao, chocolate = genitales masculinos debido al tono moreno de los mismos].
Con la otra mano me levantó la ancha manga del chor, lo sostenía con una mano; lo apretó con sus pequeños dedos, me observó socarrona: -"¿querés que tú chimbo se te tranquilice?"-.
Yo le inquirí curioso: -"¿qué es chimbo?, je, je, je, explícame qué es el chimbo"-.
Lo oprimió agitándolo: -"esto es un chimbo"-.
La mire fulminantemente para indagarle:
-"ah sí, ¿y cómo lo podrías tranquilizar el, ..el chimbo?, como tú lo llamas o le dices"-.
Ella se incorporó ágil y rápidamente, tiró abruptamente el cordón del chor hacia abajo; de esta manera quedé completamente desnudo; se levantó y dio satisfecha una vuelta a mi alrededor.
-"Tenés unos muslos la berraquera pues, así podés apretar bien a una sardina* entre tus piernas; si alguna queda allí presa no se salva de que te la comás [*mujer joven].
Qué rico pa´ella, ji, ji, ji, ji, sentir que la ensartás con semejante chorizo, seguro que la hacés chillar y enloquecer llenándola de todo, ji, ji, ji"-.
Yo, seguía de pie, viendo como ella tasaba mi bajo pero fornido cuerpo, pasados unos segundos reaccioné evasivo: -"bueno; juego al fútbol, basquetbol y salgo a trotar; así de fácil es, mucho deporte"-.
Ella me disparó de inmediato observaciones provocadoras y muy maliciosas.
-"Y también mucha chimba*; ¿verdad?, seguro tuviste una en cada esquina allá en Europa; ¿la tienen rica las gringas?, debe serlo, con esas piernas tan largotas .......... [*Mujer, chica; tambien la vulva].
Y la arepa*; ¿como la tienen?, ¿muy peluda?, o, ¿la tienen rala y pelada?... [*Vagina].
Vení, contáme cómo son ellas....... Seguro comiste allá mucha gringa, ¿verdad?...
Con esa cara de español y ojos de indio, pelo azabache, y con esa jeta chupachimba que tenés, esa mirada tan arrechita.......
Jueputa, no joda; se le caen solitos a una los calzones cuando mirás de frente........
A la Monita la pusiste muy nerviosa la tarde que nos visitaste; se la pasa suspirando y pensando en vos; que cuándo volvés porque sos bueno pa´ echar cuenticos......."-.
Me senté en el borde de la cama cubriendo mi pubis con la toalla embadurnada de bálsamo y su sudor, le hice una señal para que se callara, pues no paraba de hablar y sentía que sus palabras me hacían ruborizar; ella no lo notaba porque nos encontrábamos en la penumbra propiciada por mi cortina de color azul oscuro, casi negro.
Se me acercó y comenzó a recorrer mis espaldas y pecho con sus pequeñas manos, eran como arañas buscando nerviosamente su nido; me quitó la toalla y la colocó sobre la cama, me miraba fijamente para ver cómo reaccionaba yo; me mordizqueó una oreja.
-"Acostáte, ahora me toca a mí masajiarte ese chimbo pichador que tenés ahí sin usar; ya esta babeando. ¿Te excitás?, parece que sí, mirálo como gotea, rico, rico"-.
Me tendí, cuán largo soy, sobre la toalla y ella lo tomó muy experta con una de sus manos, con la otra empezó a embadurnármelo abundantemente con el bálsamo para suavizar más la lisa piel, yo la dejé que se extasiara acariciando lascivamente mi virilidad.
-"Te voy a hacer la paja, te va a gustar, seguro; ¡eeehhhh, qué porrota tan dura!......."-.
Y comenzó a masturbarme bruscamente: -"¡ehh cómo echa!, así llenás a toda boba güevona que se quiera dejar comer de vos, rico jueputa"-.
Yo en respuesta la así, con fuerza, por su ensortijado cabello, la atrajé hacia mí con cierta rudeza al tiempo que ella me decía: -"dame tu lengüita, dámela pa´ chupartela"-.
Mi lengua hurgó en su boca provocando así un derrame incontrolable de nuestras salivas sobre nuestros pechos, humedeciéndonos de viscosa sensualidad; sentí el contacto caliente de sus tetas embadurnadas y erectos pezones resbalar sobre mi pecho; una mano suya me masturbaba y la otra se aferraba a mi cuello atrayéndome; ello sucedía en una incontenible atmósfera de lujuria.
Sólo se reconocía su silueta. Sus labios recorrían mi cuerpo chupeteándome todas las partes sobresalientes como por ej. las tetillas, las orejas, los dedos de las manos, los genitales; exploraba entre todas las esquinas y los resquicios de mi cuerpo lanzándome besos.
-"Usted está muy pispo, por qué no me atacó antes; todo ahí solito siempre, cómo te aguantás así, sin una pelada que te lo dé; no jodás, y con lo rico que es meter.....
Siempre lo vemos con la Mona cuando regresás y las dos nos la chupamos pensando en vos; en una noche pichando parejo y seguido, sin compasión ni complejos"-.
Yo la miré atónito; ella me aclaró: -"nos sobamos las pepitas, ji, ji, ji, muy rico"-.
Su boca y su lengua continuaban su excitante exploración; de pronto lo toma entre sus manos, lo palpa con calma muy de cerca y exclama casi maravillada:
-"lo tenés con cachucha*, nunca había tenido uno así; iay, no jodás!; te lo tengo que descachuchar y comérmelo ya"-. [*Gorra, capucha, prepucio].
¿Querés que te baje la cachuchita para darle una buena mamada?; te va a gustar mucho que te chupe la cabecita pelada hasta que echés toda esa leche que tenés ahí guardada en esa güevotas; dejáme agarrártelas, pa´ bañarse con ella y no cansarse"-.
La observaba callado; ella no cesaba de aruñar, aprisionar, masajear; sus dedos estrujaban toda mi genitalidad sin parar de hablar; ello ocasionó que me excitase rabiosamente y me levantara sorprendiéndola e hincándome sobre ella tendida boca arriba. La apresé entre mis piernas.
-"¿Quieres chupármelo?, ahí lo tienes, ven, métetelo en tu boca y le sacas toda la leche que quieras; o me lo mamas o te cojo y te violo así, sin calentarte; tienes mucha hambre de carne dura, ahí la tienes, abre la boca para metértelo"-.
Ella gemía ahogada por el peso de mi cuerpo sobre su pecho.
-"Uhg, ugh, agh, esperá, tan teso no, yo te hago pero calmáte que me ahogás, sí, sí te lo mamo; qué arrecho estás Papito lindo, ugh, es.. ugh.., es..pe..., ugh..., ugh"-.
Oprimí más su boca aún cerrada contra el glande buscando introducírselo.
-"Ábrela y te comes tu buen chorizo; ábrela coño, ábrela, así está bien, ábrela más, cómetelo todo; mámalo así, más, más, y después me mamas las bolas"-.
Sus dedos arañaban mi vientre, nalgas y muslos, yo golpeaba con mi pubis su rostro; mi falo era presa de su lengua y paladar -muy experta era para mamar-; continuó refregando el glande con intensidad haciendo que respingara; me indicó que me tendiera de espaldas para demorar la eyaculación; quedó tendida a mi lado jadeante, limpiándose la boca y el pecho con su mano.
-"Agh, agh, ay jueputa, calmáte que casi me ahogás con toda esa carne en mi boca, agh, agh, mejor así vos boca´ rriba, dejáme y yo te lo hago, así me dejás respirar, agh, tenés mucha gana de mujer; agh, ¿verdad?, agh, agh.., agh.., agh..
Abrí más las piernas, eso así; así te puedo chupar las güevas pa´ que sintás rico y te hago volar; y no me forcés, no lo necesitás; yo también quiero que me pichés............
Tengo ya un tiempito sin novio ni un amigo que me guste pa´ ponérselo; ay, y vos ahí solito, vení y metemos todo lo que querás, berraco....... Yo quiero que me comás"-.
Yo le contesté que no sabía qué era eso –comerte-; se burló de mí.
-"No jodás, hacer el amor completo, que me pichés, que me lo metás teso; que me hagás chillar de la arrechera,.... vení, quitáme los calzones y clavámelo todo, apuráte pues"-.
Sus pantaletas fueron presa de mi impaciencia; se las bajé y lancé sin saber hacia dónde. Una mano suya lo enrumbó, la punta rozaba los rizos de su vulva, luego se aferró con sus brazos a mis espaldas. Embestí con toda mi fuerza y el falo entró raudo en su inundada vulva; retrocedí luego sacándoselo y dejando sólo la cabeza adentro; volví a embestir empujándoselo en sus carnes.
Mi virilidad entraba y salía chapoteando; me presionaba con sus piernas alrededor de mi cuello; de vez en cuando el miembro se salía, ella lo buscaba y se lo introducía con mucha gula.
-"No, no lo saqués, metémelo otra vez, así más, más, más hondo, más, síííííí"-.
Su cuerpo pierde toda su fuerza, sólo espasmos debajo del mío, ella yacía como en una cruz y sus piernas abiertas como un compás ya no presionan más; coloqué mis brazos por debajo de sus hombros, mis descargas van también disminuyendo, sólo sus susurrantes jadeos se escuchan; con él goteando aún traté de separarme de ella, retiré un poco la pelvis y aulló adolorida.
-"¡Aaaaayyyyyyyyyyy jueputa no!, no Papito, esperáte que mi chimba está contraída; esperáte que se me calme y lo sacás, así me arde y duele mucho......
Jueputa, qué problema, mi chimba se me cierra cuando me excito mucho; esperá......
Permanecí sobre ella unos minutos hasta sentir que sus carnes se distendían.
Papito, ahora sí, ya lo podés sacar, pero con mañita y no de un tirón; poco a poco....
Ahora sí, sacálo; mirálo, se te puso todo colorao de tanto roce.......
-"Me hicíste ver el diablo, sos muy arrecho; dejá y te lo mamo pa´ que se te pare rápido, todavía no hemos terminado, apenas empezamos"-.
Ataque por la retaguardia
Yo me arrecosté y ella se arrastró hasta mi pelvis volviendo a su quehacer querido de rozar mi miembro rabiosamente con sus labios y su hábil lengua; yo le acariciaba su cabello.
-"Vení, ya está teso otra vez, ahora vení y picháme por el culo, qué rico, todo ese chimbo comiéndomelo; vos querés mi culo también, ¿verdad?"-. Me lo ofrecía.
Le tuve que confesar que todavía no tenía experiencia en ese campo; me miró socarrona:
¿a las gringas en Europa no les gusta que les coman el culo?, no pues, no puede ser"-.
-"Las que yo conocí, no; pero que les chuparan todo, desde el dedo gordo pasando por las corvas, rodillas, los muslos, el clítoris en especial, el ombligo, las tetas, los pezones.
También les gustaba, a algunas, hurgar en la bragueta para juguetear con las bolas y mamarlo mientras oíamos música; pero, que les diera por el culo nunca me lo pidieron.
Unas eran muy jovenes, 16, 17 años, y por tanto algo inexpertas y esa penetración anal la consideraban algunas como algo anormal, casi perverso y que dolía mucho después"-.
Ella se rió estruendosa, y burlona: -"no jodás, ja, ja, ja, ja, ja; conociste un poco de bobas puritanas y sonsas, con lo bueno que es tenerlo relleno con un chorizón como el tuyo....
Ay no, ji, ji, ji, ji, al contrario es muy rico, tanto para la hembra como para él, porque el roce es más intenso; el culito es mucho más estrecho que la arepa y ella goza más con cada embiste cuando él le va metiendo toda esa carne tesa......
El hombre lo mismo, y después de echar no se sale, se queda adentro porque ella lo aprieta entre las nalgas,... una siente como una caricia de la lengua.......
Vas a gozar mucho, te tengo que bajar la cachuchita pa´ que tengás más sensación; yo te digo cómo me hacés pa´ que vos también disfrutés .......
Vení pa´que probés y aprendás, y le hagás el favor a la Mona, ji, ji, ji, ella lo tiene virgo todavía; imagináte, semejante culito tan pispo... ¡Tan linda qué es!... Tenés que entrarle y hablarle más seguido;.... movés un dedo y seguro te lo pone todo ahí mismito....
Ella se ha comido uno solamente y muy remalo; pero ahora me toca a mí primero...."-.
Le sugerí que necesitaríamos un lubricante para facilitar la metida entre sus nalgas. Ella asintió:
-"sí, sí, primero en la chimba pa´ que se ponga resbaloso; después me lo ponés en el ojete y me dejás que yo empuje mis nalgas, él entra solito, ¡qué berraquera jueputa!; vení, qué esperás pues pa´ comerte tu primer culo"-. Sonrió bribona y me lo ofreció.
Aprendí la lección muy pronto para satisfacción suya, ella lo reconoció con creces.
-"¡Qué ricura!, me clavaste todo tu morcillón y me hicíste venir*; sólo la Mona me hace llegar* con sus lambeteadas,......... ¡qué volada tan ijueperra!... [*Tener orgasmo]......
Mis amigos lo meten y ya; vos hacés gozar a la mujer, y la gozás también......
iAy jueputa, qué dicha!, encontré un vergajo* bien teso; sos hasta delicado a pesar de tu mirada de fiera, una berraquera pa´ meter.......... [*Hombre].
Dáme unos chupitos y unos besitos pa´ completar este polvazo rico que me echaste"-.
Nos quedamos un rato largo tratando de recuperarnos; después se fue al baño para asearse; trajo jabón, agua, una toalla y me lo lavó. Yo le propuse:
-"espera, ahora sí me gustaría que me lo mimes con la lengua, porque así siento más sensación de placer, pues no está erecto completamente y me puedes correr el prepucio para acariciar todo el glande con tu lengua y tus labios; ven, acaríciamelo"-.
Se limitó a ironizar y a burlarse de mis frases y vocabulario.
-"Tan pulcro, rebuscado y fino que hablás, jueputa, ji, ji, ji; la Mona sonsa [tonta] se va a encacorrar [enamorar] de vos cuando te conozca un más; a ella la matan los berracos así pelinegros, con buenos modales; la vas a poner de una a la güevona esa...
Te gusta que te la chupen bien peladita y a medio parar, ¿verdad?; echáte pa´tras y yo te hago, vos sólo gozás.....
Pero no me atenacés con tus muslotes porque me ahogás, entonces te las muerdo y te jodés porque te las arranco, ji, ji, ji, ji, ji, ji; rico, qué caliente lo tenés"-. Se agachó.
-"¿Qué te parece?, te di la chimba, me comiste el culo y te lo mamé"-. Comentó.
Después, se sentó sobre mi regazo; le señalé que me debía ir a clases, asintió y se vistió.
-"¿Querés venir esta tarde al apartamento?, la Mona no está; yo te preparo una comida bien picantica pa´ que te pongás bien arrechito y me dés clavo parejo; así como me lo hiciste hoy, hasta decir no más, hasta desmayarme; ¿venís?"-.
Su vocabulario era bastante limitado, burdo, pero pintoresco. Sus ojos desparramaban un brillo de lujuria; le dije que por hoy era suficiente; ella insistió, acepté pero que debía ser una noche corta. Sí, sí, fue su respuesta, me abrazó y y me hizo prometerle que esa noche dormiría con ella.
Por la tarde, tan pronto como regresé de las clases ella tocó a la puerta de nuestro apartamento y me dijo que había preparado comida para la cena; deje mis libros sobre mi mesa de noche y salí.
Cenamos, estaba muy alegre. Me insinuó tomar algo y trajo un licor venenoso propio de la región llamado aguardiente, sirvió dos copas, brindamos y nos bebimos esa agua traicionera.
Ella se sentó junto a mí y comenzó a introducir sus manos por entre mi camisa y pantalón; yo le pregunté: -"¿qué quieres?"-; se levantó nerviosa y se desnudó; entonces, me arrancó mis ropas susurrando lascivamente: -"vení Papito a meter, igual que esta tarde"-.
Luego de un fervoroso polvo poscena, la Negra me empujó hacia un lado y me propuso:
-"estoy muerta; sos muy arrecho pero no puedo más; dormíte....."-.
Esperé que conciliara el sueño para salir sigilosamente, pero se despertó. Estiró una mano para retenerme, la retiré con fuerza y me vestí; salí descalzo para no despertar a la otra y me largué.
-"Jueputa, berraco tan creído que sos......."-.
La Catira bullía en mi cabeza, era más mujer, fina, educada, sus torneadas piernas, firmes nalgas y turgentes senos me llamaban más la atención; acariciarle su cosita rica con mis labios debe ser una delicia, me imaginaba; debe ser glorioso echarle un polvo. Además, su culo era un sueño y penetrar en esas firmes carnes una auténtica divinidad. Pensando en ella me dormí.
La Bullanguera insiste
A la mañana siguiente, casi a mediodía, estaba perezosamente tendido en mi cama envuelto en mi bata y leyendo unas notas cuando tocan a la puerta. La Negra, con un vestido alegre se plantaba allí desafiante; qué lástima, no era su amiga. Entró y se dirigió a mi cuarto directamente.
-"Hola malagradecido, me comiste y te largaste; pero, bueno, no importa........ Venía a ver qué estabas haciendo, y cómo pasaste la noche; yo dormí casi hasta mediodía..
¿Estás muy cansado?, no parece; ji, ji, ji, ji, ¿me dejás entrar?; ¿estás estudiando?, y yo quería conversar un rato con vos; la Mona se fue a la casa del tío a esperar una llamada..
Dejá eso y descansás un rato, ¿qué te parece Papito?, dame uno de tus cigarrillos, los míos se me quedaron.......... ¿Me puedo sentar en tu camita?, ya me conoce, ji, ji, ji"-.
Sin esperar mi respuesta se quitó los zapatos y se subió a la cama, saltando como una garza, para arrecostarse en la cabecera, cruzó las piernas mostrándome su ropa íntima mientras encendía un cigarrillo, me invitó palmoteando el colchón.
-"Vení, sentáte a mi lado, no te voy a comer ni a hacer nada, nos fumamos éste y te dejo con tu trabajo, sos muy estudioso pues"-.
La observé de arriba a abajo, jugueteaba con el cigarrillo y seguía indicándome que ocupara un sitio a su lado; me senté junto a ella y de inmediato una mano suya hurgó afanosamente entre la falda de mi bata; encontró lo que buscaba y tirándome su bocanada de humo sonrió maléfica.
-"Ji, ji, ji;¿te gustó probar mi culo?, ¿lo tengo rico verdad?,¿querés más?, mirálo, tocá.....
Sabés, si no te lo han dicho, entonces te lo digo yo: Papito, como amante sos perfecto...
Decíme una cosa, ¿es la primera vez que te comés una colombiana?, ¿cómo te pareció?, ji, ji, ji; ¿la tenemos más sabrosa que las gringuitas?, ji, ji, hablá pues......."-.
Fumé de su cigarrillo y la observé serio sin comentar; la dejé que prosiguiera con su soliloquio.
-"Ya lo tenés teso otra vez, no jodás, ¿querés una mamadita pa´ empezar?, ¿sí?.... Pero nos vamos al apartamento nuestro; de repente llega el Zarco y me encuentra aquí con todo eso en mi boca y haciéndote rico; ¡ay no, qué pena, qué va a pensar él de mí!......
Que soy una mamona, descarada y sinvergüenza...... no pues, aquí no...
Vení vamos a mi cuarto, allá te puedo hacer todo lo que querás, y vos a mí, vení y después seguís estudiando tranquilo; ay, la cachuchita la tenés tan lisita"-.
La seguí a su habitación, apenas entramos me empujó hacia su cama; ella, sin quitarse la ropa me abrió la bata y lo tomó con una mano metiéndoselo en su boca locamente y lamiéndomelo, la otra se aferró a los testículos; me amenazó:
-"y hoy no me dejás tirada aquí sola en mi cama después de picharme; pasás la noche conmigo, la Mona no viene hoy ..............
Esta noche te amarro a mi cama pa´ que no te largués, ji, ji, ji, rico"-.
-"Jueputa, tan creído que sos"-. Dijo ella al quedar tendida desnuda en su cama y yo salir de su cuarto envuelto en mi bata; quería ducharme, comer y tener tranquilidad. Sus expresiones algo agrícolas me molestaban.
Interiormente reflexionaba que no la debería tratar tan mal, pues, al fin y al cabo la Bullanguera era o sería el puente para llegarle a su amiga. Debería soportarla hasta lograr mi meta: la Catira.
Continuará. El próximo capítulo se titula: Un cofre, una llave. II - La incógnita.
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Un cofre, una llave (02)
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