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Relatos > Grandes Series > Un cofre, una llave (02)

Un cofre, una llave (02)

Las mujeres son las flores en el jardín de la vida...... Por eso, nunca se acaba la cosecha de mujeres... ¡Menos mal!... Un veterano rememora algunos de sus enredos juveniles...

Publicado por Anónimo en 26/11/2010 (204 lecturas)
La Catira y su treta

Mis días transcurrían en la universidad, y una parte de las tardes y noches de los fines de semana en el apartamento de las vecinas encamándome con la Bullanguera cuando la Catira no se encontraba allí, o por lo menos creía yo que estaba ausente.

Solamente me quedaba con la Negra fornicándomela como ella lo deseaba; luego me iba a mi apartamento a dormir, pues me molestaba mucho y sobremanera su soez vocabulario, aunque en la cama era un volcán y me complacía en todo lo que yo le exigía para que me causara placer.

Pero, quedarme una noche entera con ella en el mismo lecho, tal como me lo suplicaba después de cada copulación; jamás. Apenas la fumigaba e irrigaba, y con el miembro aún chorreando y goteando, me levantaba dejándola allí desnuda, incluso en varias ocasiones sollozante y herida en su amor propio; me despedía con su acostumbrado: <<jueputa, por qué sos tan creído>>.

Me importaba un coño su observación y me ponía mi chor o me envolvía en mi bata y salía de allí. Sabía muy bien que ella vendría a buscarme para que me la montase, penetrase y maltratase sexualmente, por ello no le daba la más mínima importancia a sus teatrálicos lloriqueos. Era algo masoquista la Negra, y yo algo sádico, pero sólo con ella.

Su amiga, la Catira -Mona-, me interesaba mucho más; su seria coquetería, su feminidad, sus modales, su dulzura, y sobre todo su bellísimo cuerpo, una cuasi perfeccion natural; recordé el

texto de un bolero famosísimo y antiquísimo titulado Perfume de gardenias: <<Perfume de gardenias tiene tu boca,...tu cuerpo es una copia de Venus..., que envidian las mujeres cuando te ven pasar......>>. Por ello soportaba la ordinariez de la Negra bullanguera y bullosa.

Sin embargo, no hallaba cómo iniciar mi ataque. Tenía temor de meter la pata y echar a perder

toda la relación con ellas. <<No quería quedarme sin la chiva y sin el mecate*>> [*lazo].

Por esa clara razón, decidí darle tiempo al tiempo, o sea, esperar con calma² y tener confianza; ya me llegará una oportunidad bien adecuada para conversar con ella largo y tendido, me dije, y dejé que el destino labrara, con mi ayuda, ese camino hacia ella. <<²Con calma y salivita se lo hizo el elefante a la hormiguita>>, dicen o decían por ahí.

Esta chica era muy atractiva, por ello me atraía y me hacía pensar que algún día, muy cercano, estaría yo disfrutando de sus hermosos frutos corporales, a pesar de no tener aún una táctica definida para lograr ese objetivo.

Tenía una estatura muy agradable -1,70 mts- y 25 años de edad. Era de piel muy blanca y tersa, de pelo hasta los hombros y castaño muy claro, casi rojizo -por ello el mote de la Mona*-; con pechos pletóricos y muy firmes, pezones repletos; sus seguras nalgas; sólo el pensar que algún día la irrefrenable prolongación de mi virilidad se abriría paso por entre ellas, me producía una nerviosa erección borboteante. [*Rubia, catira, güera].

Me recordaba algo a una hermosísima alemana en Berlín quien había sido mi institutriz en el arte de amar. <<Tanto el amor como la guerra es un combate cuerpo a cuerpo.>> Dijo alguien por ahí en alguna ocasión. Además, era muy sosegada, poseía un tierno candor femenino del cual adolecía totalmente la Negra; era muy sexy, se vestía con unas faldas coquetas y chaquetillas o blusas de algodón ceñidas que hacían resaltar sus orgullosos atributos.

Tenía que cerrar mi boca para impedir que mi baba cayese al admirarla. Siempre tarareaba y sonreía, cantaba baladas romanticonas de la época, así como antiguos boleros de tríos famosos. Ella se hacía notar y su presencia me causó admiración primero, excitación después y finalmente seducción. Su expresión verbal no era burda ni soez, mucho menos ordinaria; ello me llamó la atención, su, llamémoslo, lenguaje. Valía mucho la pena intentarlo, me dije y propuse.

Cierto día -un viernes entrada ya la tarde- en que regresaba yo de un partido de fútbol y deseaba ducharme lo antes posible, encontré a la Catira sentada en la entrada de su apartamento, como si estuviese esperando a alguien; la saludé y sin detenerme, aunque me hubiese gustado mucho platicar con ella, entré al nuestro. Quería ducharme pronto y quitarme el sudor.

Trás de mí golpearon insistentemente a la puerta, la abrí; allí estaba ella mirando melosa, jugueteaba nerviosa con sus llaves.

-"Vecino, disculpa que te moleste y te quite el tiempo; pero, ¿me puedes hacer un favor muy grande?, me quedé sin luz, pues se quemaron las bombillas de la cocina, el baño y mi dormitorio, tengo que cambiarlas y el dueño no está, el Zarco tampoco...

Y yo no puedo, están muy altas y no alcanzo; ya las compré, sólo hay que quitarlas y reemplazarlas, no dura mucho, ¿me ayudas?, ¿sí?; imagínese, estoy casi sin luz.., y toda solita; no pues, qué problema para mí"-.

El destino me la ponía en bandeja dorada y hacía que ella viniese en mi ayuda; no hallaba qué hacer con sus llaves, me observaba sonriente e interrogativa esperando que mi respuesta no la fuese a decepcionar; no lo medité mucho.

-"Sí, claro; espera y pongo mis cosas en mi cuarto y ya voy, un momento, ya vengo, espérame y voy contigo, mi maletín lo dejo aquí, sí, sí, no faltaba más"-.

Seguía entretenida con su llavero y disfrutando de mi pertinaz ofuscamiento; a ello contribuía mucho su sensual ropa y sus ademanes calculados; tiré el maletín en una esquina regresé con la banqueta alta, pues una escalera era un objeto casi de lujo y desconocido; ella aprobó mi idea.

-"Sí, eso, esa banquetica es la que me falta, por ello te tengo que molestar; ¿me perdonas vecino?; pero, son tres las que se quemaron"-.

Ella salió adelante, yo la seguí y me solazaba admirandole el armonioso vaivén de sus caderas; <<qué nalgas tan chéveres; se las besaría, mordería, lambetearía y chuparía ya, pero ya, coño´e la madre >>; pensé yo, serio, impávido.

Me llevó hasta la cocina, allí estaban las bombillas; me subí a la banqueta; desenrosqué la quemada, ella me dio una nueva y la reemplacé; luego fuimos al baño e hice lo mismo; en su dormitorio fue más fácil pues estaba bastante baja, ello se lo hice notar y reaccionó coqueta.

-"Tienes razón, pero estas cosas las debe hacer un hombre; imagínate si de repente me da un corrientazo; ay no pues, y yo aquí solita, ¡qué miedo!"-. Y entornó dulzona la mirada.

La miré diciéndole que ya estaba todo listo, tenía bombillas nuevas y sobre todo luz suficiente; ella, jugueteando con sus llaves, cambió totalmente de tema e indagó por mis planes.

-"Vecino, ¿qué vas a hacer hoy?; ¿tienes programa* con alguna de tus compañeras o tus compañeros?; tú eres muy organizado y quizás ya tengas planes para hoy"-. [*Plan].

Le respondí seca y escuetamente: -"ante todo me ducharé, e iré a comer, dormiré un rato y luego leeré algo para un trabajo y examen en la uni, quizás vaya al cine en la tarde"-.

Se sentó en el taburete, cruzó las piernas intencionalmente mientras reflexionaba para decirme algo. Le admiré descarada y minuciosamente sus pantorrillas y muslos.

Se notaba algo de intranquilidad e impaciencia en su comportamiento, hasta un cierto nerviosismo en sus gestos, como si tuviese ya un plan maquinado y éste no le podía fallar.

Volvió a cruzar sus piernas haciéndome casi atragantar, quería que se las admirase pues ella era muy consciente de sus atributos corporales y sabía que se me salía la baba por ellos. Se lo había confesado delante de la Negra y el Zarco. Además, pienso, que mis ojos eran suficientemente hambrientos, elocuentes y expresivos.

-"Sé que eres muy disciplinado en tus estudios y trabajo, pero quiero proponerte un programa para hoy; aquí tengo la cartelera del cine, buscamos una película que nos guste para esta tarde........

Quiero salir un rato a algún sitio acompañada y pasarlo bien; ¿vamos?, no te hagas rogar; estoy tan sola y quiero distraerme un poco, ¿me llevas?, ¿sí?"-.

A ello le respondí que ante todo me tenía que duchar; ella no cejó en su empeño.

-"Te puedes duchar aquí en mi apartamento, nosotras tenemos calentador de agua y ustedes no.............

Nos vamos temprano y vemos la película; comemos en un restaurant que yo conozco, yo invito........

Y después compramos una botellita y regresamos a casa a tomarnos un vinito, ¿te parece?; a ti te gusta el vino, ¿verdad?"-.

Su actitud era decidida, determinante; le dije que estaba muy chévere su idea pero tenía que volver a mi apartamento para buscar ropa limpia, quedó satisfecha y yo comencé a lucubrar qué sucedería esa tarde o noche, preferí no pensar en nada; le indagué cauteloso:

-"pero y, ... ¿dónde está Elena, la Negra bullanguera amiga tuya?"-.

Me recriminó seria y corrigió:

-"ay no le digas así, Negra bullanguera, ella es muy alegre; está en una fiesta en su pueblo y regresa el lunes o el martes, no sé cuándo, pero antes del lunes no lo hará.....

Estaba aburrida y quería cambiar de aires; no te preocupes, la convencí para que fuera... Busca tu ropita para que te cambies después; anda y búscala ........."-.

Me respondió muy convencida. Salí hacia mi apartamento simulando tranquilidad, pero mi corazón quería escapárseme del pecho; entré a mi cuarto dando largos trancos y busqué agitado la muda completa de ropa en mi closet.

Mi inspiración en colores

De repente, percibí unos pasos en puntillas a mis espaldas y una risilla burlona; ella había entrado sigilosamente a mi cuarto; se paseaba por mi refugio observando cavilante la mujer desnuda que un amigo había dibujado en la pared.

-"¿Quién pintó esa vestal tan exuberante y lujuriosa?"-; preguntó:

-"yo, es una amiga que conocí en Alemania"-; le contesté sin pestañear.

-"Y ¿era muy pispa*?"-; [*bonita] volvió a inquirirme:

-"sí, y muy caliente, je, je, je, je"-; le dije burlón al tiempo que seguía buscando mi ropa.

-"Lo hacíamos todas las noches, era insaciable y por ello quiero tenerla aquí presente, para que me inspire cuando hago el amor con una chica chévere que me guste y me haga sentir algo por ella; je, je, je, je; ¿quieres que te dibuje también?"-.

Me observó de soslayo y apuntó: -"eres un mentiroso; busca tu ropa para cambiarte, vamos a nuestro apartamento y te duchas con agua caliente, es más reconfortante"-.

Saqué la muda completa de mi armario y muy crítica me observó que no me quedaba bien; abrió la puerta corrediza y buscó unas prendas que, según ella, estaban mejor y menos feas, se burló de mis calzoncillos.

-"Qué pantaloncillos esos tan horribles, parecen de viejo, de mangas sueltas y largas, con botones, sin elástico, y esas costuras te cortan la piel; no te protejen, ji, ji, te vas a tener que conseguir unos modernos"-.

Su ataque directo

Sin hacerle mucho caso a su mamadera de gallo metí todo en una bolsa plástica; su presencia tan cercana, su perfume, su donaire me turbaban; yo forcejeba con mi comportamiento aparentando serenidad. Sus burlas sobre mi ropa íntima me causaron cierto rubor que ella captó, pues mis mejillas adquirieron cierto colorcito traidor, pero guardó silencio.

Le señalé la bolsa lista con mi ropa limpia y la seguí hacia su morada extasiado contemplándole la armoniosa cadencia de sus caderas, mis pensamientos eran un único desorden, no sabía qué iba a pasar, ni deseaba siquiera imaginármelo. No meter la pata; pensaba sólo en eso. ¡Qué desafio!

Una vez que hubimos entrado, busqué un asiento para sosegar mi ansiedad; necesitaba pronto un calmante o distractor y le pedí un cigarrillo, ella lo encendió y me lo entregó, siempre bañándome con la iluminación de sus ojos ambarinos.

-"Toma, es un mentolado e importado, me los trajo el tío, muy refrescante, tómalo"-. Aspiré profundo y lancé la bocanada de humo hacia un lado.

Ella se dirigió al tocadiscos para poner una música instrumental adecuada al ambiente, tranquila; era un conjunto muy conocido allá y llamado Los Diplomáticos.

Regresó sentándose junto a mí apabullante; con malicia pícaramente calculada tomó nuevamente la iniciativa, me quitó el cigarrillo para colocarlo en el cenicero, y se levantó invitándome para que hiciera lo mismo y la acompañara.

-"Después fumas, ahora ven y bailamos, la música está muy invitadora, ¿no te parece?, me encantan los instrumentales, espera y cierro las cortinas"-.

Acercamos nuestros cuerpos y le tomé sus manos entre las mías, sus senos se apoyaron en mi pecho, el escote de su blusa me permitía contemplarlos de cerca pues sus tacones la hacían más alta aún; nos balanceábamos permaneciendo en el mismo sitio. Así un indefinido y largo tiempo; rocé mi nariz con la suya; aspiré la fragancia de su perfume. Me acorraló con sus palabras.

-"Vecino, ¿te gusto?, ¿estoy bien para ti?, ¿soy suficiente para tu gusto?, ¿estoy igual o mejor que la pelada alemana?, dime, ¿lo tengo todo bueno?; ¿te gusta todo lo mío?"-.

Pero era ella quien me tenía contra la pared. Clavé mi mirada en sus brillantes ojos ámbar para ponerla algo insegura, la enlacé más entre mis brazos para responder muy seca, socarronamente:

-"sí, estás muy bien para mí; je, je; y me gustaría........, je, je, je, je-".

Ella me murmuró muy quedamente al oído, como susurro de paloma matutina:

-"¿te gustaría hacerme el amor?, ¿te gustaría sentir que mi piel roza la tuya?, ¿te gustaría pasar la noche conmigo?, amándome y acariciándome todo lo mío, míralo bien..

¿Te gustaría calmar mi sed de ...... ?, ¿uhm?, ¿sí?, ¿eso es?; ¿eso te gustaría?"-.

Y yo me preocupaba todo el tiempo por elaborar una táctica de ataque. ¡Qué ironía!

Me tentaba y cautivaba esa aparente inquietud y su ternura; reciamente formé un nudo con mis manos sobre sus caderas atrayéndola con suave firmeza hacia mí; ella no oponía la más mínima resistencia; nuestros labios se acoplaron en un profundo y enternecedor arrullo bucal.

Ella suspiraba y yo trataba de sostenerla; tiró sus zapatillas de tiras y tacón alto hacia una esquina; le dábamos así rienda suelta a nuestras ocultas ansiedades, se apartó y me murmuró muy queda: -"tu boca es fresca como un lulo*; sí, eso es, serás mi Lulito, bésame otra vez, dame tu aliento fresco, abre tu boquita, ven..; tus besos son una bondad de cariño y amor.....

¿Quién te enseñó a besar?, tuviste una buena maestra; muah"-. [*Fruta de la región].

Nuestros labios se buscaban confundiéndose los alientos nuevamente; sus suspiros profundos y

quejumbrosos de alivio ahogaban la música en mis oídos, yo la sostenía con firmeza. Por fin la tenía entre mis brazos y podía probar, con su consentimiento, las exquisitas mieles de sus labios. Guardamos silencio para no romper aquel momento arrobador al tiempo que nuestras bocas se picoteaban mutuamente.

Sus lloriqueos melindrosos

Después de esta recíproca muestra de ternura, nos sentamos frente a frente un rato largo para contemplarnos; nuestros mudos ojos dialogaban en un interminable coloquio; nuestras manos entrelazadas e inmóviles intercambiaban un calor intenso.

Rompió el mutismo quejándose de que se sentía incómoda porque yo no le daba importancia a ella y su presencia, o muy poca. Con clara arrogancia machista le riposté:

-"sabes, en mis cursos el 80 % son mujeres, y la mayoría son muy lindas; ¿por qué tendría que fijarme en alguna en especial? ..........

Todas ustedes son casi lo mismo: piernas bonitas, nalguitas provocativas, teticas duritas y una cosita rica aromática y tersa como una madeja, todas iguales; je, je"-.

Su expresión se endureció, hizo un gesto de desprecio con sus labios: -"engreído, arrogante"-; murmuró, y arañó con sus afiladas uñas la palma de mi mano tratando de hacerme mucho daño.

Mi mano jugueteaba y entrenzaba su cabello; la atraje aún más para escudriñar en su corpiño y así admirarle sus tetas, su aliento acariciaba mi rostro:

-"tus botoncitos están muy deliciosos, para chupártelos y lamértelos, je, je, je, je, "-.

-"Eres un insolente, te pregunto algo y sólo tienes ojos para mi cuerpo, mis pechos y mis......, y todo lo demás, ¿cierto?"-.

Retrocedí para verla mejor y palpar etéreamente su presencia:

-"sí claro, el aroma de tu cuerpo me excita, tus piernas me fascinan, y todo ese mercado de frutas que eres; sí, sí, tus orgullosas y redondas patillas* también, je, je, je, je; para que entiendas mejor, tus nalguitas están para,...... je, je, je, je"-. [*Sandías].

Sus aruñetazos aumentaron, su otra mano tomó mi rostro y lentamente me fue acercando a ella; posó su barbilla en mi hombro para suspirar tierna y acusadoramente:

-"eres un descarado y cínico incorregible; ya convertiste mi cuerpo en una frutería, y yo no tengo el valor de defenderme......

Ay Lulito, qué estás haciendo conmigo; dime,... ¿qué?,..... ¿sí?"-.

-"Sabes, tú eres una chica suave, y me gustas; hacerte el amor debe ser algo muy maravilloso; si es que lo quieres hacer conmigo, je, je"-.

Embravecióse: -"eres un perfecto descarado, un..... ya sabes qué"-; me espetó al oído.

-"Quieres que me enamore de ti, ¿verdad?"-.

Allí me volví ya ordinario:

-"es problema tuyo, si te quieres enamorar de mí o de otro, quizás ya tienes otro; u ¿otros?, je, je, je, ¿varios?, je, je, je, je"-.

Entonces, propinándome desenfrenadamente puñetazos en mi pecho, me insultó y regañó:

-"cínico, atrevido, petulante;¿por qué me dices estas cosas?, te burlas con tantas insolencias descaradas, maleducado, malcriado...."-.

Seguí provocándola.

-"Claro; porque tú estás enamorada de alguien, no sé quién es, pero lo estás.....

La Negra es pura carnalidad, ella sólo habla de que por aquí, por allá, que le haga así, que le haga lo otro, a ella sólo le interesa mi pene, su dimensión y cuántas veces por semana o por día puede sentirlo en ella ..............................

Y tú quieres algo más; tú quieres que te admiren, que te digan linda, bella, preciosa, porque sabes que lo eres; te amen, te idolatren, te lleven y carguen, te adoren, ¿sí o no? ... ¡dímelo!"-.

Calló y me observó calmándose; había acertado y dado por donde debía ser, pensé y creí yo; tomé otra vez su cabello, lo envolví en mi mano, la atraje despacio hasta hacerla sentar en mi regazo; sin premuras fui posando mis labios sobre su boca entreabierta.

-"Ven; siéntate aquí en mis piernas y dame tus carnositos labios, la miel de tu boquita; tranquilízate, no me gustas así, regañona; mejor dame tu trompita para besártela"-.

Entornó sus ojos, sus manos temblaban entre las mías; ella me enlazó con sus perfumados y largos brazos, me ofreció su boca y degusté su almibar.

-"Sí, tómala y discúlpame, no seas malito conmigo; dame los tuyos también, muah rico,

divinos, fresquitos......

No me regañes, perdóname, mejor bésame.... otra vez; no sé cómo la besas a ella, pero a mí me haces soñar con tus besos, otro más; muah, uhm, divino"-.

¿Y cómo le hago ahora?

Mis oídos sólo percibían el sonido de sus palabras pues mi mente luchaba con la táctica a seguir; cómo reaccionaría al notar que yo deseaba tenerla en cueros verdadera y completamente para encamármela sin tapujos. Pues, una cosa era besuquearla; y otra, muy distinta, decirle mentirillas piadosas para seducirla y fornicármela hasta hacerla gemir de felicidad, y así atarla a mi hombría.

Decidí apelar a mi arma más eficaz en esos casos, mi frialdad; alcé mis ojos buscando los suyos hasta encontrarlos; mis manos comenzaron a recorrer lenta y lascivamente sus ropas mostrándole mi clara intención: deshacerla de sus vestiduras. Cerró sus párpados y en sus labios se dibujó una tierna sonrisa picarona. La oposición suya se limitaba a suspirar intensamente ansiosa.

La Negra lo había predicho: <<Tenés que entrarle y hablarle más seguido;....., movés un dedo y seguro te lo pone ahí mismito......>>

Mi interior se calmó y respiré profundo simulando un suspiro; ella dichosa y complacida me iba señalando dónde debía poner mis dedos para abrir los cierres de su chaquetilla, el broche de su falda; refregaba ansiosa su rostro sobre mis mejillas:

-"me quieres acariciar, ¿verdad?; espera, déjame y te ayudo; mira, aquí está el cierre de la blusa, bájalo con cuidado, no me vayas a aruñar; ponla en el espaldar......

El broche de la falda está aquí atrás, dame la mano y te muestro dónde es, sí ahí; desabróchala y déjala con la blusita ......."-.

Su perfume invadió el ambiente, la admiré glotonamente; me enlazó besuquéandome y, envolviendo mi rostro entre sus fragantes brazos, dejó que su cándido pudor femenino se expresara :

-"mira; ya casi me tienes toda sin mi ropita, debería darte pena mirándome todo lo mío; eres muy descaradito, cierra los ojos pues; ¡qué divino!"-.

Su ropa interior de seda y encajes eran de un color rosado muy tenue, la rocé con mis dedos exploradores, la excitación carnal se iba apoderando de mí, le insinué:

-"tu pantaletica y tu sostén están muy subyugantes y fragantes; pero te los voy a quitar, déjame y te los bajo, te quiero admirar desnudita y solamente para mí"-.

Consintió y me indicó que lo hiciera yo:

-"desvísteme tú, sé que eres muy delicado y no me harás daño; espera y me suelto el sostén, así te es más fácil quitármelo"-.

Lo desabrochó e introduje mis dedos por debajo del brasier, lo fui levantando con sosiego hacia adelante y lo coloqué junto a sus otras prendas; mi ojos se regodeaban viendo y contemplando la turgencia de sus repletas tetas, sus aureoladas rosetas, sus pezones, se percató:

-"¿te gustan mis senitos?; dímelo, ¿te gustan?, dámeles cariñitos, míralos tan paraditos y anhelantes, están lindos, ¿verdad?, como los de la gringuita en la pintura tuya"-.

Entusiasmado asentí: -"tienes unos meloncitos bellos, y tus pezoncitos son dos botoncitos en retoño, déjame humedecértelos para que no se te marchiten, sería una lástima"-.

Me agaché hasta ellas y las embadurné con mi saliva, comencé a recorrerlas con mi lengua mientras ella me abrazaba suspirando:

-"al fin, por fin tú y yo solitos, ¡qué dicha!, ay sí, acaríciamelos, son tuyos; así con tu lengüita, dámeles chupitos, muah, otro, otro..."-.

Yo aspiraba la fragancia de su perfume mientras mis labios arrullaban las rosetas de sus pezones; ella disfrutaba de las caricias pues sus brazos me atraían con fuerza y su respiración aumentaba.

Me separé un poco y le señalé sus caderas cubiertas aún:

-"quiero lamerte todo lo lindo que tienes, toda tu cosita rica, tus ninfitas*, tu perlita² penosa y todo lo demás, pero así no puedo"-. [*Labios pequeños de la vulva; ²clítoris].

Todavía tenía puesta la pantaleta de seda y encaje, volvió a ayudarme:

-"sí, quítamela, espera me levanto, dame tu mano, así, con delicadeza"-.

Se irguió quedando de pie delante mío, le besé voraz su vientre; mis manos, una sobre sus nalgas y la otra sobre su pelvis, se deslizaron hacia abajo arrastrando consigo la pantaleta, la lancé sobre sus demás ropas.

Al ver tanta delicia no me pude contener y me incliné hasta prensar con mis labios su lacia pelambre husmeando en ella; mi lengua recorría los alrededores, mis manos apretujaban sus nalgas; ella se inclinó hasta mi oído para indicarme melosamente:

-"eres muy cariñoso y tierno; pero, yo también te quiero acariciar, y así no puedo, mírate, debería darte pena; yo toda desnudita como llegué a este mundo, y tú......

¿No me quieres enseñar lo tuyo?, déjame verlo, debe ser muy pispito; Elenita me contó ya cómo es; ¿te da penita mostrármelo?, eres tan lindito, galletica eres, muah, uhm"-.

Estaba tan imbuido en desnudarla que me había olvidado de ello; le pasé un brazo por debajo de sus pantorrillas y el otro por detrás de sus espaldas, la alcé y me levanté mirándola fija a sus ojos; caminé con ella sosteniéndola en mis brazos y la deposité muy suavemente en su cama.

Ella cruzó ágil sus piernas para esconder su madeja púbica -pudor femenino-, y observaba como yo, desordenadamente, tiraba mis ropas en diferentes direcciones; se acerco y me abrazó para tratar de apaciguar mi impaciencia y transmitirme tranquilidad; la necesitábamos mucho:

-"con calma, no te apures, todo el fin de semana es nuestro......., muah, muah, calma"-.

Sin embargo, yo no podía contener mi excitación y trastabillando, me deshacía lo más rápido posible de mi vestimenta; se tendió en su lecho, se cubrió el rostro con la almohada para apagar su risa y, mientras sus piernas pendulaban, me decía:

-"serénate pues ...., si te vieras en un espejo, ¡ja, ja, ja!, qué plato*, siéntate y quítate la ropa sin apuros; vea, ay no pues, ja, ja, ja-". [*Divertido, cómico].

Hice caso a su insinuación y me senté para sacarme con calma y lentamente mis ropas; ella sonriendo, recorría lujuriosamente con sus tersas manos mis piernas a medida que éstas iban quedando al descubierto, haciendo con ello que se erizara mi vellosidad y mi identidad varonil.

Por fin logré deshacerme de toda mi indumentaria, permanecí allí esperando su reacción mientras la observaba serio, silencioso; así, con ello, quería yo prolongar cada segundo de esta experiencia lo más posible, para disfrutar al máximo de su voluptuosidad y carnalidad.

Ella también respondía de la misma manera: silenciosa. Escrutaba minuciosa y embelesada mi erguida virilidad respingante; no sé cuántos había visto ya, pero no apartaba sus ojos de mi pene.

Tiró la almohada hacia un lado y se arrodilló detrás mío para besar mis hombros; sus senos se estrujaban sobre mis espaldas; alargó una de sus manos buscando ansiosa mi erección.

-"Yo no tengo experiencia en esto de las relaciones sexuales como mi amiga o Elenita; todo lo que sé es por historias de mis amigas; pero esto tuyo me parece que es bastante grandecito; eres muy viril, está muy bien proporcionado; ¡un lulote divino!...

Ahora sí sé porque ella gemía y maldecía tanto cuando estaba contigo; me contó cómo era pero no se lo podía creer, tenía que vértelo con mis propios ojos para convencerme..

Ay pues, déjame tocarlo, sentirlo y palparlo con mis manos...; y en medio de esta selva tan negrita que lo protege......

¡Qué recio es!, como un cayado; es firme, durito, seguro y lisito; ay qué dicha, seguro voy disfrutarlo a mis anchas; para mí solita y para esta cosita escondida que tengo aquí sólo para él; será una felicidad para ella tenerlo....

¡Y qué egoísta eres!, no me lo querías mostrar y con lo divino que está, y tan querido que será cuando me la acaricie.....

¡Ohh, qué chichitas!; han de estar cargadas con mucha energía y futuro; uhm, muah"-.

Ella no era brusca ni ordinaria como La Negra ; al contrario, tal como su apariencia agradable era su comportamiento, hasta ese momento. De mi cuerpo emanaba un agrio y amargo olor a sudor, aún no me había duchado; ello, al parecer no le molestaba el tufillo de bestia salvaje.

Me di vuelta hacia ella arrodillado y nos abrazamos, ella dejó caer su mano derecha hasta mi miembro rozándolo con las yemas de sus dedos, de arriba hasta abajo al tiempo que palpaba muy curiosa mis testículos; con sus largas uñas arañaba mi zona genital provocando así que comenzara a manifestarse mi excitación.

Ella reaccionó muy comprensiva y preocupada:

-"está muy ansioso, ¿verdad?, claro tan solito y la cosita ahí tan cerquita de él, seguro que ella lo excita así, pobrecito él,.. ella tan cerca"-.

Su almibarada retórica era un dardo atizante en mi interior; nuevamente hicé de su larga cabellera una trenza y la aparté de mí, mirándola con un brutal deseo de posesión carnal le susurré: -"lindura bella, me quiero duchar, pero contigo, ¿vienes?, dímelo"-.

Su táctica frontal

Arrodillada aún, me enlazó con sus brazos colocando su barbilla sobre mi hombro derecho, alargó una de sus manos buscando, una vez más, mi virilidad para sopesarla; musitóme afectuosa:

-"¿por qué?, estás muy limpio, tú eres muy aseado y pulcro,...... hueles a hombre recio...

Y esto lo tienes muy apetecible; déjame tocártelo, palpártelo para saber qué se va a refugiar después en mis entrañas para calmar mi sed de arrullos, mimos, y amor.......

No te lo conocía todavía porque has sido muy egoísta conmigo hasta ahora; yo, en silencio, añorándote y tú martirizándola a ella, pobrecita; y yo con esa ansia ciega e insatisfecha de cariñitos; pero, y tú, como si yo no existiese, .... ¡qué odioso eres!"-.

Sus frases dulzonas y reprochadoras me enloquecían llevándome casi hasta el frenesí; me tenía que controlar mucho para no echar todo a perder; algo me decía que debía tener mucha paciencia y calma, tratarla con mucha ternura para poder hacerla mía.

En ese momento no sabía qué era; pero, por ello me dejé guíar por mi subconsciente. Tardaría algo para saberlo. Un único gesto de fuerza bruta por mi parte y tendría que olvidarme de ella e irme a masturbar con las putas de los bares del centro; y aparte de eso, pagarles, para completar.

Tomé sus manos y las coloqué sobre mi erguida erección para que la palpara a gusto suyo; los dedos de una mano mía acallaron sus labios porque no cesaba de lanzar quejumbrosos reproches; yo, mientras la repasaba desde sus rodillas hasta su rostro y mis ojos la devoraban, le dije para que se apaciguara un poco y cesara con sus reclamaciones, algunas cursilerías bondadosas.

-"Catirita preciosa, porque quiero deleitarme enjabonándote todo tu bello cuerpo tuyo; sentir que el agua tibia de la ducha recorre nuestras pieles besándose anhelantes.......

Ven, y toma en tus manos la firme expresión de mi palpitante ansiedad; tócala, es para ti y toda tu cosita rica; solamente para ti y tu satisfacción"-.

Entornó sus ojos y susurró muy bajamente, casi imperceptible:

-"ay tanto amor y cariño; eres tan tierno, tan romántico, .... y con este Lulote tan divino y querido que tienes"-.

Al decir esto último lo tomó otra vez suavemente en su mano agregando:

-"él será hoy sólo para mí, solamente mío; qué contenta se va a poner cuando ella te lo pueda arrullar, ¿verdad?, y seguro que es una adoración para él acariciarla, muah"-.

Lo frotaba y lo arañaba con sus largas uñas. Me besó en la mejilla.

Yo seguía contemplándola intensa y fijamente, pues sabía que mi mirada le punzaba lo más profundo de su ser; haciendo caso omiso a su pregunta le insinué muy seguro de mí:

-"vámonos a la ducha; quiero que nuestros cuerpos resbalen el uno contra el otro; nuestros labios se besen chasqueando de placer, de realización y lujuria carnal........

Y mis manos recorran tus apretadas redondeces; quiero que sientas toda mi virilidad acariciándote y dándole deleite a esa cosita rica tuya y a tu seductor culito"-.

Mis manos le recorrían lascivas todas esas partes.

Rió coqueta, traviesa, pícara, y, entonces, divertida musitó a mi oído bajando la mirada:

-"sí, serán tuyas, quiero que seas tú, te quedan prometidas, sólo tú serás el primero que me las acaricie con esa hombría vigorosa que tienes para hacerme feliz y dichosa..........

Pero debes darles tiempo, será la primera vez; debes ser cariñoso y melosito con ellas; también muy cuidadoso y querido para gozar tú y yo, ¿sí?"-.

Hablaba al tiempo que las batía y masajeaba como si fuese la primera vez que yo me fijaba en ellas. La tomé de una mano, la halé hacia mí indicándole por señas que nos fuésemos a la ducha.

Se levantó y se lanzó a mis brazos, la contuvé abrazándola fuertemente para hacerle sentir mi inclinación por ella; frotó nuevamente mi miembro asiéndolo firme con su mano derecha; me observaba, y con indisimulada picardía preguntó bribonamente:

-"y este Lulote tan provocativo y orondo, ¿lo tienes siempre así de recio?, ji, ji, ji"-.

La mantenía abrazada a mí; le respondí mintiéndole y aruñándole una nalga:

-"sólo cuando presiento que estás en las cercanías, de ello sale ganando la Negra, pues cuando nos espías mi erección es más duradera y ella tiene varios orgasmos........

Chilla y patalea, golpea hasta quedar abatida y exhausta como pichón de paloma; gimiendo sin fuerzas, pero con más ganas de seguir siendo penetrada, je, je, je, je"-.

Me mordió rabiosa y ávidamente mi lóbulo derecho quejándose:

-"¡ayy no pues!, no me pellizques así que me salen manchitas, maluco ..........

Eres un perfecto mentiroso descarado, pero te adoro; tu seriedad me fascina igual que a ella, a las dos nos quiebra* tu seca seriedad y tu porte indomable ... [*Seduce].

Ella me dice que tú eres perfecto como amante, ya se lo demostraste a ella, ahora compruébamelo a mí; vamos a ducharnos, ; mi cuerpo no soporta más deseándote"-.

Dicho esto me tomó la mano de prisa y salimos en dirección a la ducha mientras ella reía algo nerviosa: -"ji, ji; apúrate, apúrate, ji, ji, ji, ji"-.

Su ternura y comprensión

Ella se recogió el pelo cubriéndolo con un gorro plástico, encendió el calentador a gas y salió el agua tibia, reconfortante; se colocó debajo de ella y su piel se humedeció de inmediato; yo estaba afuera observándola disfrutar de los miles de chorritos cristalinos que caían sobre sus hombros y resbalaban acariciándole su bien formado cuerpo. ¡Qué envidia!, pensé yo, celando el agua.

Con su dedo índice derecho me invitó a que entrara y la acompañara, subí a la ducha y me le acerqué y nos entrelazamos dejando que el agua nos refrescara. Nos contemplábamos fijamente, nuestras frentes y narices se rozaban lentamente; las lenguas jugueteaban la una con la otra.

Entretanto yo la miraba directo a sus ojos ámbar, quería ver y disfrutar de sus reacciones íntimas.

Todo era muy diferente a la relación con La Negra, pues con ésta era sólo fornicar y fornicar hasta quedar ella exhausta y yo harto; con la Catira existía un embrujo casi incógnito pero perceptible; un deseo mío de complacerla, de acariciarla en todas las formas habidas y por haber; explorar y descubrir su cuerpo erógeno; llegar al éxtasis complaciéndonos en nuestra íntima disfrutación.

Eramos acompañados sólo por el ¡PLASSSHHH! ruidoso que producía el agua al caer sobre la pequeña laguna artificial formada alrededor de nuestros pies; ella frotaba con una mano mis espaldas, con la otra mi virilidad sobre su vellosidad púbica; rompió el silencio:

-"qué lindo es todo esto, solitos, nadie más, solitos duchándonos; ay qué dicha la mía, ven y bésame, bésame, dame tu boquita, muahmm, qué divino besas, otra vez"-.

Me separé lentamente de su boca, ella abrió los ojos preñados de placer y lujuria musitándome al oído con voz infinitamente seductora: -" ven, enjabóname todita, todita"-.

Cerré el grifo de la regadera y tomé una botella de una repisa que contenía una crema perfumada y jabonosa, coloqué la misma con el pico hacia abajo y dejé que el pesado y grueso chorro, de color verde, cayera lentamente sobre sus hombros, espaldas y senos.

Extendí dicha crema por todo su cuerpo; ella reía contenida al tiempo que ponía ambas manos alrededor de mi cuello, haciendo que mi torso se balancease con un lento ritmo.

Mis manos resbalaban sobre su cutis; de vez en cuando abría la regadera de la ducha para aumentar la espuma; mis manos se detenían en sus zonas erógenas más accesibles: sus blancos pechos, sus rosados pezones; y continuaba descendiendo hasta su ombligo, la espuma bajaba en cúmulos y mis manos detrás de ella para extenderla por toda su piel. Le embadurné el pubis.

-"Uuhhmm, al fin, al fin llegaste ahí, dichosa yo que te tengo para que me mimes los vellitos y toda mi intimidad; muah qué lindo es estar en tus manos; Elenita tenía razón, tus dedos son muy expertos y diestros, uhhhm, ahí, sí, ahí qué lindo es esto; un sueño"-.

Me acurruqué para enjabonarle los muslos, las rodillas, pantorrillas, corvas, los pies; aproveché para estamparle un tierno chuponcito en su Monte de Venus:

-"sí, me haces cosquillitas, ji, ji, ji, ji; ¡qué dicha la mía!, uhhhhmmmm; dejáme a mí"-.

Tomó la botella, se puso una buena porción en su mano, me atrajó hacia ella para esparcir la crema por mi espalda, mis nalgas y mi enhiesto pene. Así, ambos enjabonados nos abrazamos; ella abrió la ojiva de sus piernas para permitir mi acceso viril a su ardiente intimidad genital.

Comencé a balancearme imitando el rítmico movimiento de una penetración; éste le frotaba sus labios vaginales y su clítoris; ella echó una mano hacia atrás para acariciar con los dedos el glande que sobresalía por debajo de sus nalgas.

Yo dejé deslizar mi dedo corazón por entre sus glúteos, siempre mirándola fija, casi duramente; ella protestó con tierna firmeza, pero decidida:

-"no; ya te lo dije, todavía está intacto, virgen; por favor, me lo haces en la cama con tu hermosa hombría; con cuidado, cariño y delicadeza; pero aquí no; ¿me comprendes?"-.

Me miró casi suplicante; yo, prestando oídos a su propuesta, abrí el grifo y de la regadera cayó una lluvia intensa sobre nuestros cuerpos llevándose la espuma jabonosa; estando en esta tarea ella murmuró nuevamente: -"trae la banqueta bajita que está afuera, en el corredor......."-.

La observé extrañado y le inquirí la razón para ello, me respondió:

-"y te muestro lo que quiero, te gustará, no te arrepentirás, apúrate"-.

Una vez que concluyó con su <<tarea>>, la tomé por su barbilla para que se irguiera; apoyó su rostro sobre mi hombro y con dulce ternura me inquirió insegura, vacilante, incluso preocupada:

-"¿te gustó?, ¿estuvo bien así?, ¿te cayó bien?, ¿quedaste feliz y contento?, ¿sí?;... dime, ¿cómo estuve?, no sé mucho de esto... ¿Te lo lastimé?, ¿no, verdad?......

Me tienes que decir y mostrar cómo es que más te gusta que te lo haga .............

Esto me lo enseñó una amiga casada, ella me dijo que a los hombres les causa mucho placer que las mujeres se lo acaricien con la boca y con la lengua, que les demos besitos y chupitos ahí y en las chichitas.........

Mi amiga me lo aconsejó; es muy buena conmigo, te la voy a presentar un día de estos;.. ya le hemos contado de ti,..... y te quiere conocer ........

Yo quiero que disfrutes en mi compañía, muah...., que lo pases muy bien conmigo y por eso hago lo que ellas me van diciendo; Elenita me contó mucho de lo que más te place"-.

Sonrientemente la abracé comprensivo; abrí la regadera para que se enjuagase su boca, ella se sorbía entre cada frase suya los restos de mis líquidos, la tranquilicé:

-"sí, sí, me gustó, me lo lavaste muy bien y fuiste muy cariñosa con él; está feliz, eres muy comprensiva; ¿quieres que ahora yo te lo haga a ti?"-.

No aceptó mi idea: -"sí, pero aquí en el baño no; abre la llave para enjuagarme, la boca me sabe a tu juguito, rico, pruébalo, uhm"-.

La refregó sobre mis labios; abrí la regadera y la abracé observándola siempre directamente:

-"vámonos a la cama, para disfrutar más.. Además, no te olvides, tú me prometiste estas sabrosas y ricas patillitas*, je, je, je, je, je, je, je"-. [*Sandías].

Me aprisionó con sus brazos, enlazándome entre ellos, y simulando un enfado me reprendió:

-"¡qué descarado eres!, atrevido, insolente, sólo piensas en él; sí, te lo prometí, será tuyo, pero no me vayas a forzar; tiene que ser con mucho cariñito, mimos y amor; ¿sí?...

La inocencia de mi colita será sólo tuya,.... tuya, y.... no sé, qué dicha la mía, déjame besarte más, muah, muah"-.

Buscó mi boca con afán; la pellizqué para decirle que nos secásemos y saliésemos de la ducha; yo quería estar pronto en la cama con ella, sus nalgas me estimulaban sobremanera y no podía esperar el momento para penetrarle su excitante culo; así se lo dije mientras le secaba su cuerpo:

-"ven, déjame secarte y nos vamos pronto a tu nidito, no soporto más la ansiedad de masajearte el hoyito de tus patillitas; mírala .......... tan, je, je, je"-.

Ella observaba divertida como yo la frotaba en medio de pellizcos, mordiscos, lengüetazos, besos, chupetazos; se dejaba hacer todo sin oponer la menor resistencia; lo sopesaba; sólo observo:

-"sí, pero antes me lo acaricias así como a Elenita; ella me cuenta todos los días lo que hacen ustedes por las noches; ¿sí?....

No te olvides que no tengo experiencia en estas cositas tan lindas todavía; mis dos amigas y tú me tienen que explicar y orientar; especialmente tú como hombre muy experto, me dijo Elenita; pero con mucha parsimonia; necesito paz, tranquilidad.."-.

Extraño, pensé yo, pues a la Negra me la fornicaba sin mucho precalentamiento, la aprisionaba entre mis brazos y la penetraba sin previo aviso ni compasión, para complacerle su masoquismo; era únicamente un desenfrenado y desesperado mete y saca, sin caricia alguna, sólo metérselo.

La Bullanguera se jactaba delante de ella con estas mentiras para hacerla sentir envidia.

Continuará. El capítulo siguiente se titula: Un cofre, una llave. III - La intimidad












   

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