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Mi primera experiencia zoo

Nunca pense que gozaria tanto con esos animales

Publicado por Verasex en 16/12/2010 (7848 lecturas)
MI PRIMERA EXPERIENCIA ZOO

He tenido muchas experiencias en mi vida, dado que siempre he sido una chica curiosa y dispuesta a practicar cosas nuevas. Este relato se trata de mi primera experiencia en el sexo, me llamo Mili, contaba en esa época unos 18 años de edad, era de contextura chica, delgada, medía 1,52m mis pechos estaban desarrollándose, aunque eran algo pequeños aun.
Después de terminadas las clases, solía ir a un campo que tenían unos tíos en la provincia de Buenos Aires, lo pasaba bien, aunque había momentos en que me aburría un poco. Tenía unas amigas que vivían en el pueblo, a unos 15 km de la estancia, a las que veía en escasas oportunidades, por consiguiente me la pasaba sola la gran parte del tiempo, a pesar de usar la pileta, andar a caballo y entretenerme con los quehaceres del campo.
En mis cabalgatas, me acompañaba una perra de raza pastor alemán, después de una media hora llegábamos a un pequeño bosquecito, muy cerca de un arroyo poco caudaloso, donde descansábamos un rato dormitábamos y finalmente regresábamos a la finca. Así lo repetíamos casi todos los días, hasta que en una de esas incursiones, aconteció un hecho, que de buena forma me llevó a descubrir algo, que jamás me hubiese imaginado llegar a efectuarlo. Habíamos arribado al bosquecito, nos preparábamos para nuestro habitual descanso, ya me había quitado las zapatillas, cuando de pronto surgieron varios perros, que supongo eran de algún vecino cercano.
Me llamo la atención y a su vez algo de temor, dado su tamaño y su aspecto, mientras nos observaban, se fueron acercando, fundamentalmente a Lady, que así se llamaba la perra, comenzándola a oler, hasta iniciar lamidas en su sexo, estaba sorprendida por lo que pasaba, y algo aterrada, cuando unos de ellos trato de montarla, intente espantarlos, pero no me hicieron demasiado caso, en poco segundos uno de ellos ya estaba bombeándola, y Lady muy tranquila lo consentía. Nunca había visto un acople entre perros, a lo que me atrajo, lo que estaba observando, sentí algo extraño en mi ser, se me alteraron las hormonas, produciéndoseme una cierta excitación. Estaba tan concentrada en lo sucedido, que no preste atención, cuando uno de los animales se me acercó, lamiéndome los dedos de los pies, me estremecí al sentir su contacto, al que quité inmediatamente. Apenas Lady, termino su acople, regresamos a la casa, aunque mi mente estaba sumida en lo ocurrido. Esa noche, tuve un sueño bastante voluptuoso, donde había perros y cosas extrañas, difícil de describir, aunque mi pequeña vagina estaba completamente acuosa.
Esa mañana decidí volver al bosquecito para poder repetir lo del día anterior, llegamos con Lady, y después de una larga espera, llegaron dos perros al lugar. El acople fue casi inmediato, contemplarlos volvió a excitarme, así que me desprendí el pantalón, y comencé a masturbarme suavemente, rozando mis jugosos labios vaginales y mi clítoris, hasta producir un fabuloso orgasmo.
En un momento mi vejiga parecía estallar, así que me baje los pantalones y mi bragas, y en cuclillas comencé a evacuar mi orín, sentía un alivio al descargar mi órgano, cuando uno de los perros se me acerco, trate de levantarme, pero termine cayéndome, como consecuencia del poco equilibrio que conservaba, al desplomarme, me moje las piernas, y quedé con el culo para un costado, en el momento que la lengua del animal, comenzó a olfatearme y a lamer en mi raja, un escalofrió recorrió mi cuerpo, trate de levantarme apresuradamente, para evitar que continuase, aunque no puedo negar que me agrado lo que me había hecho.
Volví a colocarme los jeans, aunque me atraía la idea de de ver que sucedería, dado que nunca había sentido algo similar. Dado que estaba sola, protegida por la espesa arbolada, mi loca cabeza comenzó a funcionar a mil. Me quité las zapatillas y me baje un poco el jeans, dejando mi braga a la vista. Su hocico se arrimo mas a mi vagina, ya bastante más acuosa, así que la desplace para liberarla de mi intima prenda. Fue en ese instante que sentí como un golpe eléctrico al percibir su lengua áspera en mi sexo. Baje todo lo que pude mis pantalones tratando de no perder su contacto y disfrutar ese delicioso lamido. Parecía entender a la perfección, lo que esperaba, porque ni lo pensó dos veces, acercando su frio hocico a mi sexo, percibiendo, como su larga lengua entrar en mi vagina, directo hasta el fondo, lamiendo mi parte intima, desde mi ano hasta mi clítoris, parecía ser que mi sabor le encantó, porque cada vez lo hacía con mayor intensidad, como queriéndome devorar, tratando de comerme, como si fuese un trozo de carne, para un depredador hambriento.
Levante mi cola, para ofrecer más libremente mi raja, y disfrutar ampliamente de lo que me proporcionaba esa lengua, gemía mientras su rugosidad recorría mi intimidad, hasta llevarme al éxtasis total. Mis extremidades templaban, y mi cuerpo parecía recibir impulsos eléctricos, sentía hincharse mis pequeños senos. Era el primer sexo oral que recibía en mi vida, su gran lengua le permitía, tocar puntos que jamás me había palpado, así que estaba teniendo uno de mis mejores orgasmos en mi corta y escasa vida sexual, al venirme me desplomé sobre la hierba, donde permanecí varios minutos intentando recuperarme de la maravillosa sensación que acaba de experimentar, mientras Lady continuaba acoplada con su amante temporario.

Una vez que finalizó, decidí regresar a la casa, pensando en volver al día siguiente pero más temprano. Esa noche, mientras intentaba conciliar el sueño, mi mente se lleno de fantasías, a las que no sabía si llegaría a cumplirlas, solo logré excitarme de sobremanera, para finalizar volviendo a llevar mis manos a mi sexo, ya húmedo, producto de mis flujos emanados.
Me desperté bastante temprano, desayuné, y aproveche para llevarme algo de provisiones y una manta para disponer de mayor tiempo y comodidad. Cerca de las 9 de la mañana llegamos al bosquecito, inquietas esperando la llegada de nuestros nuevos amiguitos. Como a la hora llegaron, eran otros, uno de ellos algo bastante grande, de pelo negro que realmente me producía algo de temor. Los llame, para que se aproximaran, y les di algo de comer de mi merienda, eso pareció tranquilizarlos y familiarizarnos. No sabía si estos harían lo mismo que el anterior, pero tenía la esperanza que sí. Me había puesto una pollera algo corta, para que no fuese tan complicado si deseaba lamerme, el hecho de pensarlo hacia que mi temperatura aumentase progresivamente.
Extendí la manta, me quite las zapatillas y las bragas, acostando con mi pollera levantada y mis piernas abiertas, estaba más liberada y dispuesta a recibir esas lenguas. Lamentablemente estaban más entusiasmados por el celo de Lady que conmigo, hasta que uno de ellos la montó, aprovechando para llamar al otro conmigo. Apenas se acerco, comencé a acariciarlo, rascándole su cabeza, así buen rato, hasta que fue entrando en confianza, le fui llevando su cabeza a mi intimidad para ver que hacía, y por supuesto comenzó a olfatear, seguramente percibiendo mi olor a sexualidad.
Mis piernas temblaban, al sentir su hocico, buscar entre mis piernas, las abrí al máximo, cuando su lengua comenzó a frotarse a través de mi abertura, me enloquecía, al sentir su rugosidad y rapidez desplazarse por mi vagina, me llevaba las manos a mis pequeños senos, algo recargados por la excitación que me embargaba.
Estaba sacada en ese momento, me giré para sentir su lengua mejor, levantando mi trasero para ofrecerlo mejor y disfrutar ampliamente, pero sucedió algo no previsto, me monto intentando meter su verga en mi virgen tesoro. Me espanté bastante, así que le grite y se bajo de mí. Era indiscutible que estaba dispuesto a penetrarme, cosa que me deba algo de miedo, ya que a excepción de mis dedos, otra cosa no había incursionado en mi interior.
Me atraía la idea de ser cogida por uno de esos perros, pero temía que me doliese, o tuviese algún problema, me mantuve quieta, recapacitando, qué decisión tomar. Después de varios minutos, el perro negro se me acerco, lo acaricia, aunque sentía cierto reparo en el, tenía un aspecto algo agresivo, pero a pesar de eso le ofrecí mi pulpa, para sentir sus lamidas. No tardó en hacerlo, una nueva lengua friccionaba mi vagina, y otro espasmo cubrió mi cuerpo, al percibir su áspero contacto, eso me transportó. La excitación me dominaba, aunque el temor me paralizaba.
No paso más nada aquella tarde, pero a la mañana siguiente regresamos con Lady, repetí lo del día anterior y lo disfrute ampliamente. La idea de que me montara uno de ellos, me daba vueltas en la cabeza, así que me puse las bragas, metida entre mis nalgas, y me coloque en posición de perrita, después de un rato uno de ellos me monto, apresándome con sus patas, bombeando, intentando introducir su verga, sintiendo una serie de impactos contra mis nalgas, me excitaba al concebirlo, mientras mis dedos friccionaba mi carnosa y excitada vulva, así continúe, hasta que un profundo orgasmo ahogó mi ser.
Pasaron un par de días, hasta que una tarde regresé al lugar, lamentablemente ninguno de los animales llegó al bosque. Decepcionada y malhumorada, retorné a la finca. Creo que eso me incitó a que me decidiese a experimentarlo. Mis fantasías iban y venían de mi mente, creo que hasta tuve unas líneas de fiebre, cuando desperté por la mañana mi cuerpo estaba empapado de sudor. Me duche y después de desayunar temprano enfilé con mi compañera hacia mi bosquecito.
Acomodé la manta, y me senté en ella, a la espera de mi posible amador, estaba impaciente como si se tratase de mi primera cita con alguien. Después de más de una hora, vi acercarse a dos de ellos, mi corazón comenzó a acelerar su ritmo.
El nerviosismo me dominaba, temblaba, los atraje hacia mí, para juguetear con ellos, estaba arrodillada, mientras sus hocicos trataban de hurguetear bajo mi falda, me quité mi calzón, dejando mi sexo liberado, mientras sus lenguas lamian mi órgano, mis flujos vaginales comenzaron a mezclarse con las babas de estos golosos caninos. Consideraba que me estaban preparando para el festín final.
Me coloque en cuatro, para esperar el acontecimiento, las lenguas continuaban lubricando mi sexo, hasta Lady participaba en esa ceremonia previa, mientras mis aberturas intimas estaban cada vez mas bañadas por esos efusiones.
En unos minutos uno de ellos me monto, para sentí su punta golpetear en mis nalgas, en la búsqueda de mi orificio. Estaba inquieta, levantando mi culito, a los efectos de facilitarle la entrada a ese órgano canino.
Un dolor intenso, sacudió mi cuerpo, estremeciéndome por el efecto que me produzco, mientras algo húmedo y pegajoso desfilaba en mi entrepierna, en la posición que estaba, observé que era sangre, por supuesto mi virginidad había sido profanada.
El miedo me invadió, así que intente suspender lo programado, mientras el animal incitado, trataba de continuar con su objetivo. Me giré y cerré mis piernas para dar por terminado, mientras mi mano pasaba por mi vagina manchada por la sangre emanada. Resumiendo, emprendí el regreso a la estancia, algo asustada y con cierto resquemor por lo ocurrido. No podía comentar a mi tía lo sucedido, así que me lo tuve que sobrellevar sola.
Al llegar a la casa, me bañe, y después de cenar me fui a la cama, haciéndome la promesa que ya no repetiría ese tipo de experiencia. Al día siguiente me quedé en la finca tratando de disfrutar de la piscina y otras cosas.
Esa noche me enteré que mis padres querían que regresase a casa, no recuerdo porque motivo, no me alegraba demasiado la idea, aunque ya había estado el tiempo suficiente. Pero la idea de estar con esos perros no dejaba de cautivarme, era esa la oportunidad o quien sabe cuando se podría repetir. Así que resolví regresar al lugar a la mañana siguiente.
Preparé mi manta, comida, agua y cosas que podría llegar a necesitar, pero no llevaría a Lady, para evitar posible competencia, me coloque una camisola larga, cosa de estar más libre para la acción.
Llegué como a media mañana, y había solo un perro, me alegré al verlo, parecía esperarme porque se acerco rápidamente a saltarme moviendo su cola. Me quité las bragas, dispuesta a entregarme a él, quien moviendo la cola comenzó a lamer mi cosita, aproveché para palpar su bulto, que comenzó a surgir una punta roja. El descubrir que llegaba a producirle estímulos carnales, hacia que mis fluidos corporales comenzaban a revolucionarse.
En el ínterin que estaba con mi posible amante canino, dos o tres perros más llegaron al lugar, posiblemente en búsqueda de Lady, aunque esta vez la perrita podría ser yo, me complació la idea de que estuviesen en ese sitio, pero permanecería con el primero. Volví a colocarme en posición de perrita, dispuesta a entregarle mi sexo, que como sabiendo lo que pretendía, rápidamente se acopló a mis muslos, para iniciar un vigoroso bombeo, intentando penetrarme con su pujante miembro. Después de una serie de sacudidas su verga, comenzaba a ser cobijada por mi interior, friccionando las paredes de mi vulva. Un grito escapo de mis labios, a lo que el animal parecía que eso lo estimulaba, porque me apresaba con mayor fuerza.
Acogía esa verga con una fuerte fogosidad, mientras sus potentes patas apresaban mi cuerpo, impidiéndome escapar de su impetuosa exaltación, sentía como me bombeaba sin ningún tipo de censura, ni delicadeza, era indiscutiblemente, su puta perrita, ya no era una niña, era una mujer. Mientras mis gemidos y los jadeos del perro se aunaban en un sonido lleno de apetito sensual.
No dejaba de tener miedo, temblaba por los nervios, era un conglomerado de cosas que me sucedían simultáneamente, veía al resto de los perros observar el espectáculo que brindábamos. Al tratar alguno de ellos acercarse, lo sentía gruñir al que me estaba penetrando, eso me asustaba, pensando que podrían morderme u otra cosa, evidentemente me había convertido en su perra- hembra. Apreciaba como sus uñas se aferraban a mis nalgas, efectuándome rasguños superficiales, era una mixtura de sufrimiento y placer. Mi abertura comenzaba a inflamarse, como consecuencia de ese impetuoso y feroz bombeo que me estaba encajando. Su duro instrumento golpeaba sin perdón, el interior de mi sexo, me sentía extraña ante esta situación, llena de morbosidad. En un momento sentía que su verga crecía en mi cándido íntimo, apropiándose de mi casta cavidad, mientras su jadeo muy cerca de mi cabeza se hacía sentir cada vez más intenso.
Llegó un momento que creía que dividiría mi pequeño cuerpo, al sentir como su bola aumentaba su volumen, para trabarse en mi vagina. Los bombeos fueron disminuyendo, llegando a percibir claramente las palpitaciones de su miembro. Eso me excito muchísimo, produciéndome un fabuloso orgasmo, algo que nunca lo había experimentado, hasta ese momento. Como punto final, sentí algo caliente que regaba mi interior, llevándome a producir una serie de gemidos y gritos de desesperación por lo que estaba percibiendo.
Sentía mi cuerpo explotar, mis pequeños senos parecían estallar ante esa fogosa y insaciable cogida que estaba recibiendo de ese desconocido animal. Al haber finalizado con su objetivo, se desprendió de mi ardida y ultrajada grieta sin ningún tipo de delicadeza, parecía que me removían las entrañas, grite al momento de oír un plof, como el destape de una botella.
Su esperma comenzó a evacuarse de mi cavidad, desplazándose por mis entrepiernas, impregnándomelas con su leche. Lo que me llamo poderosamente la atención, fue el tamaño de la verga de mi amante, no podía creer que eso lo había tenido albergado en mi vagina.
Estaba muy exhausta, por la violencia de esa fabulosa cogida, me derrumbé sobre la manta. Lentamente con algo de temor se fueron acercando el resto de los perros, me aterro un poco lo que estaba ocurriendo, así que opte por quedarme quieta, dejando que hiciesen lo que apetecían. Varias lenguas comenzaron a lamer mi cuerpo, principalmente en las partes que se encontraban impregnadas por los líquidos de mi entusiasta perro. Sus lenguas eran como un bálsamo, sobre mi mal tratada vagina. Algunos comenzaron a tratar de montarse sobre mi cuerpo, intentando de penetrarme nuevamente, realmente no sabía qué actitud tomar, tenía miedo, a pesar que no parecían demasiados peligrosos.
Los comencé a acariciar para familiarizarme con ellos, aunque confieso que no dejaba de atraerme la situación. Vi en uno de ellos, como le brotaba parte de su verga roja. Sentí nuevamente una excitación extraña, al presentir que esos animales parecían desearme.
Después de casi media hora, sin recapacitar demasiado, resolví quitarme el resto de mis prendas, y desnuda, entregarme nuevamente a jugar con ellos, me tiré sobre la manta, abriendo mis piernas para dejar al libre capricho, de esos animales. Sentí sus lenguas lamer mi vagina, ya húmeda nuevamente por mis flujos y sus babas, percibiendo su pelaje acariciar mi epidermis. Mis tetas comenzaron a arrebatarse nuevamente, erizándose mis pezones, a la vez que mí cuerpo se conmovía, por la alteración que me producía las condiciones de ese entorno lleno de erotismo.
Con algo de temor, mi mano tomo uno los bultos de uno de ellos, hasta que surgió de a poco su verga, comencé a masturbarlo, mientras el resto continuaban olfateándome. Concebía una emoción, nunca apreciada, así que continúe friccionando su miembro, hasta que surgió la totalidad del mismo, era una verga roja y grande, a la que había provocado esa erección. Era mi primera vez que tenía algo así tan cerca a mi disposición, mi exaltación iba en aumento, y con algo de aprensión, resolví besarla. El contacto de mis labios con ese miembro, hizo que mi boca se apoyase en el extremo de ese vigoroso instrumento. Que lentamente fui introduciendo en mi viciosa boca, mientras mi lengua palpaba su roja cabeza.
El lamido de mi vagina por una de las lenguas, hacían que mi excitación creciese rápidamente, y mi boca se apoderaba cada vez con mayor desesperación de esa verga, llegándome a atragantar. Comencé a chupar con mayor ahínco y perseverancia, esa vigorosa verga, mientras mi pequeña vagina supuraba cada vez mas mi flujo. A la vez que mi corazón palpitaba cada vez mas aceleradamente, por el emocionante momento que estaba disfrutando.
De vez en cuando alguno de esos perros me pisaba, transportándome a la realidad, mi olor a hembra en celo parecía atraerlos cada vez más, no sé si por la novedad de tener a un humano a su disponibilidad que les producía una atracción sexual o qué, pero el hecho era que continuaban buscándome.
Deje de mamar, con el que lo realizaba para incitarlo a otro de ellos, mi lasciva boca se fue confiriendo a otras vergas, me apasione con una de ellas, sorbiéndosela con devoción, deseaba sentir su sabor, y lo logre hasta que una fuerte eyaculación inundo mi pequeña boca, su flujo me baño, desparramándose por mi cuerpo desnudo, cuando dos o tres lenguas, comenzaron a lamer mi cuerpo, mi piel se lleno de un cosquilleo, alterando mi libido, era algo apasionado. Instintivamente me gire y me coloque en posición de perrita, cuando uno de ellos me monto, agitándose sobre mi intentando penetrar su riguroso pene, el que casi inmediatamente se introducía en mi útero, revolucionando mis estrógenos, mi intimidad había sido nuevamente violentada. Aprisionada por sus fuertes patas, me bombeo sin compasión, hasta sentir su bola dilatarse, en mi interior, haciéndose poseedora de mi concavidad vaginal, quedando totalmente aprisionada.
No tarde en sentir sus infusiones ser expulsadas con fuerza en mi interior, mientras sus fuertes patas me apresaban fuertemente. Así me mantuvo un buen rato, manteniendo una serie de orgasmos increíbles. Cuando se salió de mi cuerpo parecía desfallecer, me desplomé sobre la manta, para recuperarme, mientras veía como uno de los perros desgarraba mi bombacha.
Después de un rato, me levante tenia semen de estos animales por todas partes, trate de limpiarme para vestirme e irnos, ya que estaba anocheciendo.
Así que, sin mi prenda íntima, cansada, pegajosa por los flujos caninos, mi vagina inflamada, con un desgarro en el vestido y mis muslos arañados, emprendí el regreso a la estancia, era casi imposible mantenerme en la silla del caballo, por el dolor, pero a pesar de todos esos inconvenientes, retorne a la casa, deseosa de bañarme y dormir, y dispuesta a repetir esta inolvidable experiencia.






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