wagonlit
pasión de juventud
Publicado por Monta_Dos en 12/3/2011 (394 lecturas)
Aquella tarde andábamos muy calientes, tomamos unas cervezas y fumamos algo....
Nos comimos la boca en cada esquina de aquella calle,
nuestra calle de siempre, donde pasábamos las horas de bar en bar, con los amigos.
Cada rincón lo hicimos nuestro, ajenos a las miradas de la gente.
Mis manos te buscaban por debajo de tu ajustada camiseta, recuerdas...?
Enloquecías con cada caricia, con cada beso.
Y, por supuesto, yo también.
Arriesgue cuando llegué por debajo de tu breve minifalda,
metiendo mis dedos entre tu culito y tus braguitas, buscando.
Pensé que ya no te gustaría tanto.... pero me premiaste
con tu mano en mi entrepierna. El calor era insoportable,
y nada tenía que ver con el clima.
Me gustaba mirar tus mejillas sonrosadas y esa sonrisa, los ojos inclinados.
El tacto era seda... terciopelo.
La gente pasaba a nuestro lado, con miradas indiscretas.
Había que hacer algo. Uir de allí.
Mala suerte, jajaja, demasiado jóvenes, demasiado apasionados.
Paseamos sin rumbo,
dejando nuestro rastro de hormonas en cada recoveco.
Mas besos, más caricias.
Tu ardias, yo rompía mis tejanos.
Pasamos por la estación central, ya oscurecida la tarde
y allí estaba aparcado el tren litera.
Nuestras miradas lo dijeron todo, no hubo ni una palabra.
La playa de vias, desierta.
Allí nos dirigimos y entramos, acogedor.
Eché de memos algo más de luz, ya sabes que me gustaba verte.
Que más da, tu ropa voló en segundos, la mia también.
Tus diecisiete años se tornaron en explendor, vitalidad.
Tu cuerpo parecía esculpido por un maestro, alta, pechos firmes,
jóvenes, cintura marcada, caderas... ufffff.
Mis ojos se deleitaban con tu figura y... mis manos.
Aceptamos la litera de abajo, como el mejor de los lechos.
Nuestros cuerpos parecieron uno por instantes, tu ardiendo, yo febril.
Mi mano encontró tu rajilla y empezo a moverse por ella, lujuriosa.
Tu aroma encendía por momentos mi pasión.
Tu mano se concentró en mi verga, explosiva, con ímpetu.
Sudores. Distinguia el brillo de tu cuerpo, mientras tu pelo se enredaba
por mi cara.
Paseé mi boca por tu cuello, por tus pechos, por tu ardiente coñito
degustando el sabor salado de tu ardor. Tus líquidos resbalando por mi barbilla.
Acabamos en el suelo del compartimento, yo en el suelo, tu sobre mí, sentada.
Buscaste mi miembro para hacerlo tuyo, me introduciste en tí.
Maravilla.
Alcanzaba a ver tus pechos vibrando a cada cabalgada,
tus ojos contra los mios, mis manos sobre tí.
Pura pasión. Puro sexo.
Nos besamos, nos besamos y nos besamos.
Y apuramos el momento. No sabiámos cuando volvería a ser.
Y explotamos.
Cuando saliamos de allí, recuerdas?, tuvimos que dar alguna explicación...
al vigilante que llegó con la linterna
Nos comimos la boca en cada esquina de aquella calle,
nuestra calle de siempre, donde pasábamos las horas de bar en bar, con los amigos.
Cada rincón lo hicimos nuestro, ajenos a las miradas de la gente.
Mis manos te buscaban por debajo de tu ajustada camiseta, recuerdas...?
Enloquecías con cada caricia, con cada beso.
Y, por supuesto, yo también.
Arriesgue cuando llegué por debajo de tu breve minifalda,
metiendo mis dedos entre tu culito y tus braguitas, buscando.
Pensé que ya no te gustaría tanto.... pero me premiaste
con tu mano en mi entrepierna. El calor era insoportable,
y nada tenía que ver con el clima.
Me gustaba mirar tus mejillas sonrosadas y esa sonrisa, los ojos inclinados.
El tacto era seda... terciopelo.
La gente pasaba a nuestro lado, con miradas indiscretas.
Había que hacer algo. Uir de allí.
Mala suerte, jajaja, demasiado jóvenes, demasiado apasionados.
Paseamos sin rumbo,
dejando nuestro rastro de hormonas en cada recoveco.
Mas besos, más caricias.
Tu ardias, yo rompía mis tejanos.
Pasamos por la estación central, ya oscurecida la tarde
y allí estaba aparcado el tren litera.
Nuestras miradas lo dijeron todo, no hubo ni una palabra.
La playa de vias, desierta.
Allí nos dirigimos y entramos, acogedor.
Eché de memos algo más de luz, ya sabes que me gustaba verte.
Que más da, tu ropa voló en segundos, la mia también.
Tus diecisiete años se tornaron en explendor, vitalidad.
Tu cuerpo parecía esculpido por un maestro, alta, pechos firmes,
jóvenes, cintura marcada, caderas... ufffff.
Mis ojos se deleitaban con tu figura y... mis manos.
Aceptamos la litera de abajo, como el mejor de los lechos.
Nuestros cuerpos parecieron uno por instantes, tu ardiendo, yo febril.
Mi mano encontró tu rajilla y empezo a moverse por ella, lujuriosa.
Tu aroma encendía por momentos mi pasión.
Tu mano se concentró en mi verga, explosiva, con ímpetu.
Sudores. Distinguia el brillo de tu cuerpo, mientras tu pelo se enredaba
por mi cara.
Paseé mi boca por tu cuello, por tus pechos, por tu ardiente coñito
degustando el sabor salado de tu ardor. Tus líquidos resbalando por mi barbilla.
Acabamos en el suelo del compartimento, yo en el suelo, tu sobre mí, sentada.
Buscaste mi miembro para hacerlo tuyo, me introduciste en tí.
Maravilla.
Alcanzaba a ver tus pechos vibrando a cada cabalgada,
tus ojos contra los mios, mis manos sobre tí.
Pura pasión. Puro sexo.
Nos besamos, nos besamos y nos besamos.
Y apuramos el momento. No sabiámos cuando volvería a ser.
Y explotamos.
Cuando saliamos de allí, recuerdas?, tuvimos que dar alguna explicación...
al vigilante que llegó con la linterna
| Navegue a través de los Relatos | |
Mi inconfesable relato |
COLEGIALA
|
|
Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.
|







