SIRENA
Publicado por Monta_Dos en 2/4/2011 (490 lecturas)
Me desperté con su olor impregnado en la almohada, el reflejo dorado del amanecer se colaba por entre las blancas cortinas. Miré a mi lado esperando abrazarte de nuevo, pero ya no estabas. Cerré de nuevo los ojos... -quizás aún esté dormido-, pensé.
La noche fue extraña, una de esas noches en las que pa...rece que todo se alía contra ti. Regresaba de viaje cuando se averió mi coche. Tal vez eran las 11 o las 12 de aquella noche de perros. -Bravo, solo me falta que se ponga a llover. Y llovió, vaya si llovió. Cogí mi móvil para llamar a la asistencia y bingo!, sin cobertura. Allí estaba, con el capó levantado mirando mi motor como quién mira un cuadro, vamos que ni idea de mecánica, empapado hasta los huesos. -Mierda de noche, ni un puñetero coche a la vista. Me senté dentro del coche maldiciendo mi suerte cuando, por el retrovisor, veo unas luces que se acercan.
Para cuando quiero salir, el coche ya se había detenido tras el mío. Y así te conocí. "Hola, tienes problemas?", "Sí, el coche se paró, no sé cuál será el motivo, no sé nada de coches", acerté a decir mientras mi mente se detenía en tu figura. No eras alta, no; pero tampoco bajita. Tu cuerpo parecía haberlo diseñado el que fabricó la "barbi". Delgada, piernas esbeltas, caderas marcadas, cintura fina... y unos pechos!!!. Todo esto rematado con una preciosa carita, labios pintados de rosa, ojos grandes, verdes y un cabello negro azabache. -Preciosa criatura, pensé. Me dijiste algo como que tu no sabias tampoco de mecánica, comentamos que no había señal en el móvil... me dijiste que eras policía, que ese fin de semana tenías libre. Y que sabias defenderte... (jajajaja, supongo para advertirme de que no era presa fácil, por si yo llevaba malas intenciones). Y yo apenas te escuchaba, extasiado como estaba haciéndote la radiografía. Entonces dijiste: "Bueno, cierra el coche y vente, vivo cerca de aquí. Mañana te llevo a un taller para que lo arreglen". "Gracias, no quisiera molestarte (mentí, claro que deseaba molestarla, toda la noche si era posible), si me acercas a un hotel.....", "no es molestia, así se me hará la noche más entretenida, va, sube". En el viaje casi no cruzamos apenas cuatro palabras, pero el cruce de miradas me decía que tal vez cambió mi suerte.
Vivías en un pequeño apartamento, en aquel pueblecito. Cuando entramos, me dijiste: "quítate esa ropa mojada... y puedes darte una ducha. Ya busco algo que puedas ponerte". Me apetecía esa ducha, estaba empapado y con una sensación de frio metida en el cuerpo, "gracias", dije y entré al baño.
Casi no llegué a jabonarme aún cuando oí la puerta, "te importa?, así ganamos tiempo... para la cena". Cuando te escuché me quedé helado... alucinado. Sin pensarlo dos veces corriste la mampara y te colaste junto a mí. Soberbia!!!. -Si vestida era preciosa, cuando se presentó delante de mi desnuda, con ese desparpajo, sin timidez alguna... creí desmayarme!. "Me encanta que me jabonen la espalda", dijiste, "hazme un sitio". El agua resbalando por tu cuerpo ya hizo que a mí se me notara el placer de tenerte ahí, majestuosa mientras pasabas tus manos por tu cuerpo retándome, sabiendo que ya me tenias, que iba a ser tuyo esa noche. Cogí el gel de baño y derroché gran cantidad en mis manos, "date la vuelta preciosa", empecé a esparcirlo por tus hombros, tu cuello; masajeando brevemente me deslizo por tu espalda, tus caderas. Giro sobre tu vientre, liso, terso, excitante y regreso atrás, a tu esbelto culito. Torneo su contorno con suavidad mientras tú pareces estirarte, tensa, esperando más de mis caricias. Paso mis manos entre tus muslos apenas rozando tu entrepierna, acariciando, y bajo por tus piernas con ambas manos. Ya mis labios arañan tu espalda mientras me agacho. El agua me ahoga cuando llego con mi lengua a tus nalgas que beso, mordisqueo haciéndote inclinar hacia adelante. La vista seria espectacular si el correr del agua me dejara fijar la atención, más es el tacto, el olor a hembra lo que me mueve ahora. Te inclinas y abres el camino a mi lengua, que se afana en llegas a tu coñito, mis manos sobre tus piernas... justo por debajo de tus caderas.
Tu cuerpo totalmente inclinado, formando un ángulo recto con tu culito como vértice, las piernas todo lo abiertas que te deja la bañera, mi boca saboreando el néctar que derramas, subiendo de tu clítoris al ojete de tus nalgas, jugando a ser esponja, bañándote de mi. Gimes, y eso acelera aún más mi flujo de sangre, que se agolpa en mis sienes y en mi verga. Te pido, simplemente deslizando mis manos por tu cuerpo, que te incorpores y me pego a tu espalda. Mi rabo urge de meterse entre tus muslos, al calor de su presión se intensifica mi excitación mientras mis manos buscan tus hermosos pechos. Me deleito en un masaje sensual, ardiente. Paso mis manos de abajo hacia arriba por ellos y me recreo en el clic que parece que resuene en tus pezones. Fabrico movimientos giratorios sobre ellos, pellizcando con decisión pero suavemente de vez en cuando... me encanta sentir su densidad, su poderío. Te delata el placer que estás sintiendo cuando giras tu cabeza, buscando mis labios que se afanan en los tuyos con pasión, con el ímpetu de conocer unos labios nuevos. Nuestras bocas se funden en una, intercambio de fluidos, de sensaciones, de ardor.
Tras tu cabeza, gira todo tu cuerpo, me pone el contacto suave y firme de tus pechos contra el mío, nuestros cuerpos dibujan una figura compacta, perfectamente encajable, como dos piezas de un rompecabezas. Mis manos resbalando por tu espalda, abrazando tus nalgas prietas, tirando de ellas hacia arriba. Las tuyas sujetando mi cuello, mi cabeza, para que no termine nunca ese beso intenso, implacable, violento. Lentamente resbalas sobre mí, yo libero la presión de mis manos y acompaño tu bajada. Sentada en el borde de la bañera, buscas encontrar mi poya con tu lengua, te regocijas un rato en lametones lascivos, burlones, mientras siento casi que me vaya a explotar. Sin decir nada, la introduces en tu boca, tus labios dibujando una "O" perfecta, sensual, y la chupas suavemente, adentro y afuera sin dejar de mirarme a los ojos. Los tuyos parecen sonreírme y yo te devuelvo la sonrisa. Me vuelvo loco cuando te deleitas en jugar con mi glande, chupando solo la punta, hasta sus bordes, apretando los labios y dejando luego que salga con un casi imperceptible chasquido.
" Uhmmmm, me encanta niña", y te apartas y sonríes de nuevo, y vuelves a la carga. Sobrenatural el placer que estoy sintiendo. Mis manos amenazan con arrancarte el pelo de tanto peinarlo entre mis dedos, "ven, deja que vuelva a besarte" -te digo.
"Luego; ahora quiero que me folles, luego habrá más besos", dices esto mientras tus manos se apoyan en el borde de la bañera, tu cuerpo inclinado deja ante mí tu precioso trasero, abierto, tu coñito preparado e hinchado por la excitación, deseoso de sentir el calor de mi verga. Me cercioro de que todo está dispuesto con un leve masaje de mis dedos, de toda mi mano, que deslizo suavemente sobre él, masajeando tu clítoris en breves movimientos circulares. Introduzco mis dedos índice y corazón en tu vagina. Tu gemido y el arqueo de tu espalda delatan que es el momento. Me baño en ti. Mi poya busca tu fondo impetuosamente, con fuerza. Tu cabeza se alza con cada empujón y tus gemidos emborrachan mis oídos. Acompaso cada movimiento de caderas con la presión de mis manos en tu cintura. Te atraigo hacia mí.. y empujo. Vuelvo a atraerte y vuelvo a empujar. Mis huevos golpean tus muslos y tus pechos bailan gráciles el mismo son, libres, perfectos.
Tras la cena, ya no hizo falta que me invitaras a tu cama, los dos estábamos ansiosos por lo que ésta fue breve, ligera. Tu solamente te cubriste son una camiseta amplia, tus pezones no dejaban un momento de relax a mi ojos marcándose bajo la tenue capa de tela. Un tanguita negro completaba tu atuendo. Estabas realmente divina, brillante. Tu pelo, húmedo aún, libre alrededor de tu cara, tus mejillas sonrosadas por el placer apenas vivido. Tus ojos irradiando esa luz especial que proyecta una mujer cuando se siente deseada... y complacida. Tu sonrisa... maravillosa. Yo vestía un batín que encontraste en el armario que tal vez olvidó algún amante tiempo atrás.
Al entrar en el dormitorio, bajaste la luz, sin apagarla del todo. Una penumbra que hacía que tu cuerpo se dibujase perfecto, tu silueta plasmada en mis retinas. El perfil de tu cara, tu nariz, tus carnosos labios, tu barbilla coronado tu liso cuello y tus hombros. Tus pechos firmes mirando al frente cual militares en formación, vibrantes. Tu bella cintura precediendo a esas caderas potentes, dando paso a la redondez de tus nalgas, bellamente rematadas en unos muslos esculpidos... y unas piernas de vértigo. Yo estaba nuevamente dispuesto para recibirte en mis brazos, para extasiarme en tus placeres, para amarte.
Hiciste que me recostara en la cama, de espaldas y te acostaste a mi lado. Tu boca buscó la mía de inmediato mientras en tu mano ya se hallaba mi miembro que, agradecido, rápidamente recobró todo su volumen. Tu lengua sabía a miel contra la mía, bailaban el mismo son. Tus labios, húmedos envenenando los míos. Tu mano sujetando ávida mi verga, masturbándome. Te volteas sobre mí, colocándote encima. Por un momento disfrutamos del contacto de nuestros cuerpos, del sabor de nuestras bocas, mis manos sobre tus nalgas. Por fin, te sientas sobre mi vientre. No me canso de mirarte... me extasía la visión de tu cara, tus ojos entrecerrados, tu boca entreabierta... tus pechos.... una locura.
Con tu mano conductora, agarras de nuevo mi pene. Esta vez para indicarle el camino a seguir... a tu interior. Suavemente dejas caer tu cuerpo sobre mi erecto apéndice, hasta que se introduce en ti. Tengo que hacer verdaderos esfuerzos por no dejarme llevar, por no apretar el ritmo y desbordarme antes de lo deseado... mi corazón parece romperse por la presión de la sangre, por la borrachera de sensaciones que me invaden mientras tus caderas suben y bajan sobre mí. La humedad de tu pelo ahora es sudor, olor a sal, a canela y a placer, tu cara desborda color y mis ojos visitan el cielo. Con cada movimiento, consigues que el placer que siento suba desde mis genitales, escalando por tu cuerpo, brillante bajo la tenue luz, hasta tus pechos, que incansables acompañan el vaivén de tus caderas y explote en mi cerebro, emborrachándolo. Mis manos luchan por no dejar un poro de tu piel por visitar, tu culo, tus piernas, tus caderas, tus pechos, la comisura de tus labios... tal parecen las de un ciego intentando aprender el camino hacia su hogar.
La noche ha sido larga y tú lo sabes. Es por eso que aprietas el ritmo, esperando que mi poya explote en ti, dispuesta ya a recoger el fruto de mi interior... en tu interior. Y no se hace esperar... Mis caderas se contraen y ensalzan ayudándote en tu cabalgada. Estoy completamente entregado a ti, metido en ti. Tu vagina presiona y libera, presiona y libera haciendo que un chorro de fluido reviente impetuoso, caliente. Tu espalda arqueada hacia atrás, tus pechos apuntando al cielo... y yo deshaciéndome dentro de ti, exhausto.
Te recuestas a mi lado, fundidos en un abrazo, mezclando aromas de mar y fuegos, borrachos y saciados... dormimos.
Al despertar, tu olor seguía colgado de la almohada. Te busqué deseoso de ti, mi verga morcillona, a falta de tu contacto para ponerse de nuevo a cien. Pero no estabas. Cerré los ojos, recordando la noche anterior. Creo que volví a dormirme...
Tu silueta se recortaba a contraluz, en la ventana. Me recreé con esa visión. Tan solo llevabas una braguita blanca, breve, rematada con puntillas. Tus brazos cruzados y, en tu mano, un cigarrillo. Parecías perdida en algún lugar... en el cielo. Te giras y ves que te observo. Tus ojos se iluminan... y los míos. Tu sonrisa me hace pensar en la cara de estúpido que tendré en ese momento. Me siento feliz. "Buenos días, amor, deberías darte una duchita rápida... aún no hemos terminado". Sonrío y levantándome voy hacia ti y me detienes con un gesto, "primero la ducha" dices riendo.
Cuando salgo del cuarto de baño, estás sentada en la cama, sobre tus piernas cruzadas, esperándome.... Esta vez soy yo el que tomo la iniciativa, sentado junto a ti te rodeo con mi brazo y busco tu boca. El beso es suave al principio, mi lengua jugando con tus labios entreabiertos siguiendo el camino de sus comisuras. La tuya apenas asomando la punta deseosa de coincidir con la mía. Poco a poco nuestras bocas comienzan a buscarse con más pasión, abiertas ya para recibirse mutuamente, nuestras lenguas luchando por descubrir los más recónditos lugares de la boca del otro. Suavemente voy inclinándome sobre ti mientras el beso continúa. Mi mano ya recorre tu cuerpo, masajeando tus pechos con deleite, subiendo la temperatura. Me encantan tus tetas, redondas y firmes, duras. Tus pezones parecen querer huir de ellas tal es la presión que siento que ejercen hacia afuera. Deslizo mi mano por tu cuerpo, mi dedo juguetea ahora en el lindo agujero de tu ombligo, tu vientre, suave, de terciopelo consigue que baje aún más, deteniéndome en el calor de tu coñito ya mojado. Mis dedos buscan el inicio del juego describiendo movimientos circulares sobre él, justo bajo tu vientre. Siento la presión de tus dedos en mi espalda, tus uñas amenazando con clavarse en mi piel. Suavemente mis dedos inician el descenso, se encuentran con tu clítoris y se detienen pellizcándolo. Con mis dedos índice y pulgar inicio un movimiento suave, longitudinal, masturbándolo como si de un pene se tratase. Mi boca se desliga de la tuya besando tu mejilla, mordisqueando tu barbilla, descendiendo por tu cuello, me deleito dibujando estrellas con mi lengua, mordisqueando tus hombros. Llego hasta tus pechos y me recreo en el placer que me produce besarlos, succionar tus pezones, vivos, intensos. Mis dedos no dejan de jugar con tu clítoris y tu levantas las caderas, apoyando el peso de tu cuerpo sobre los hombros, sintiendo todas y cada una de mis caricias, te elevas. Despacio, sin prisas, jugando, voy metiendo mis dedos dentro de ti, suavemente, dando el suficiente tiempo para que tus jugos lubriquen tus intimidades. Presiono leve, pero intensamente con ellos hacia arriba, como tratando de llegar al tu botón del placer… desde tu interior. Mi lengua ansia de ti y bajo, besando tu cuerpo en el viaje, tu suave vientre, hasta llegar.
Ese sabor, ese olor a salitre y rosas, me embriaga. Mi lengua ya está envuelta en fragancias y sabores, mi excitación está al máximo… casi me duele. Tus gemidos y el movimiento de tu pelvis me dicen que siga, que aún necesitas… Succiono tu clítoris saboreando, lo presiono entre mis labios, lo hace vibrar mi lengua ávida de ti. Me paseo por toda tu entrada, separando hábilmente tus labios para profundizar en tu interior, exquisito sabor a ti, miel y sal, rosas y vino. Todo me dice que ya estás a punto, mi verga intensa, la sangre golpeando en todas las direcciones, tu cuerpo entregado, la respiración entrecortada, tus piernas luchando por no cerrarse, tus caderas duras, tensas. Contracciones en tu espalda, tirante, tus hombros aguantando el peso de tu cuerpo, tus pechos vibrando cual gelatinas, mirando hacia el techo de la habitación.
Regreso a tu boca mientras tú te recuestas de lado, las piernas ligeramente flexionada una, recogida hacia ti, la otra. De rodillas ante tremendo manjar, mi verga busca tu vulva, la flor del placer que posees que ahora vuelves a entregarme. Presiono con suavidad, no hace falta más ya que la puerta está abierta, entregada, deseosa de recibir la visita de mi miembro. Te estremeces al sentirme dentro de ti, y emites un jadeo elocuente, preciso. Mi poya resbala plácida dentro de tu coño, perfectamente lubricado y dispuesto a recibirla. Mis movimientos son suaves ahora, controlados, avanzo y retrocedo sobre ti, mientras mi mano juega entre tus tetas, tus ojos cerrados, sintiendo. Los míos abiertos, lujuriosos, disfrutando el espectáculo de tu placer… haciéndolo mío. Poco a poco el ritmo aumenta… y se relaja. Salgo de ti y regreso, tus caderas se contraen y se relajan al tiempo. Siento como mi excitación se acompasa con la tuya, te muerdes el labio inferior y vibras, subo al cielo, mi cabeza es una bolsa de sangre, mi verga, en su cenit arde con tu calor. “Siiiiiiii”, exclamas. Y eso suena a orden para mí que reviento en una mezcla de explosión, gozo, liberación y éxtasis. El bombeo de mi semen es perceptible, calor con calor, flujos con flujos, humedad entre humedales. Suspiramos al unísono... respiramos.
Al caer junto a ti, me recibes con un beso, tu mano sobre mi cuello, mi cabeza. Las mías aún buscando la sensible suavidad de tus pechos, relajados ahora, finos. Y tardo unos minutos en recuperar el ritmo de mis pulmones. Siento que tu respiración se acompasa con la mía, momento de relajación, de calma. Y me besas otra vez.
“Bueno amor, llamaré al garaje… por lo de tu coche”
Cuando me dejó, un beso suave, rápido… y se marchó. Caí en la cuenta que no sabía ni su nombre y me volví. Acerté a ver su coche perdiéndose en la distancia. –Adiós bella sirena- me dije, y una mezcla de sentimientos cruzados inundó mi pecho en ese instante.
-Mala suerte- pensé… y mi sonrisa iluminó la calle.
La noche fue extraña, una de esas noches en las que pa...rece que todo se alía contra ti. Regresaba de viaje cuando se averió mi coche. Tal vez eran las 11 o las 12 de aquella noche de perros. -Bravo, solo me falta que se ponga a llover. Y llovió, vaya si llovió. Cogí mi móvil para llamar a la asistencia y bingo!, sin cobertura. Allí estaba, con el capó levantado mirando mi motor como quién mira un cuadro, vamos que ni idea de mecánica, empapado hasta los huesos. -Mierda de noche, ni un puñetero coche a la vista. Me senté dentro del coche maldiciendo mi suerte cuando, por el retrovisor, veo unas luces que se acercan.
Para cuando quiero salir, el coche ya se había detenido tras el mío. Y así te conocí. "Hola, tienes problemas?", "Sí, el coche se paró, no sé cuál será el motivo, no sé nada de coches", acerté a decir mientras mi mente se detenía en tu figura. No eras alta, no; pero tampoco bajita. Tu cuerpo parecía haberlo diseñado el que fabricó la "barbi". Delgada, piernas esbeltas, caderas marcadas, cintura fina... y unos pechos!!!. Todo esto rematado con una preciosa carita, labios pintados de rosa, ojos grandes, verdes y un cabello negro azabache. -Preciosa criatura, pensé. Me dijiste algo como que tu no sabias tampoco de mecánica, comentamos que no había señal en el móvil... me dijiste que eras policía, que ese fin de semana tenías libre. Y que sabias defenderte... (jajajaja, supongo para advertirme de que no era presa fácil, por si yo llevaba malas intenciones). Y yo apenas te escuchaba, extasiado como estaba haciéndote la radiografía. Entonces dijiste: "Bueno, cierra el coche y vente, vivo cerca de aquí. Mañana te llevo a un taller para que lo arreglen". "Gracias, no quisiera molestarte (mentí, claro que deseaba molestarla, toda la noche si era posible), si me acercas a un hotel.....", "no es molestia, así se me hará la noche más entretenida, va, sube". En el viaje casi no cruzamos apenas cuatro palabras, pero el cruce de miradas me decía que tal vez cambió mi suerte.
Vivías en un pequeño apartamento, en aquel pueblecito. Cuando entramos, me dijiste: "quítate esa ropa mojada... y puedes darte una ducha. Ya busco algo que puedas ponerte". Me apetecía esa ducha, estaba empapado y con una sensación de frio metida en el cuerpo, "gracias", dije y entré al baño.
Casi no llegué a jabonarme aún cuando oí la puerta, "te importa?, así ganamos tiempo... para la cena". Cuando te escuché me quedé helado... alucinado. Sin pensarlo dos veces corriste la mampara y te colaste junto a mí. Soberbia!!!. -Si vestida era preciosa, cuando se presentó delante de mi desnuda, con ese desparpajo, sin timidez alguna... creí desmayarme!. "Me encanta que me jabonen la espalda", dijiste, "hazme un sitio". El agua resbalando por tu cuerpo ya hizo que a mí se me notara el placer de tenerte ahí, majestuosa mientras pasabas tus manos por tu cuerpo retándome, sabiendo que ya me tenias, que iba a ser tuyo esa noche. Cogí el gel de baño y derroché gran cantidad en mis manos, "date la vuelta preciosa", empecé a esparcirlo por tus hombros, tu cuello; masajeando brevemente me deslizo por tu espalda, tus caderas. Giro sobre tu vientre, liso, terso, excitante y regreso atrás, a tu esbelto culito. Torneo su contorno con suavidad mientras tú pareces estirarte, tensa, esperando más de mis caricias. Paso mis manos entre tus muslos apenas rozando tu entrepierna, acariciando, y bajo por tus piernas con ambas manos. Ya mis labios arañan tu espalda mientras me agacho. El agua me ahoga cuando llego con mi lengua a tus nalgas que beso, mordisqueo haciéndote inclinar hacia adelante. La vista seria espectacular si el correr del agua me dejara fijar la atención, más es el tacto, el olor a hembra lo que me mueve ahora. Te inclinas y abres el camino a mi lengua, que se afana en llegas a tu coñito, mis manos sobre tus piernas... justo por debajo de tus caderas.
Tu cuerpo totalmente inclinado, formando un ángulo recto con tu culito como vértice, las piernas todo lo abiertas que te deja la bañera, mi boca saboreando el néctar que derramas, subiendo de tu clítoris al ojete de tus nalgas, jugando a ser esponja, bañándote de mi. Gimes, y eso acelera aún más mi flujo de sangre, que se agolpa en mis sienes y en mi verga. Te pido, simplemente deslizando mis manos por tu cuerpo, que te incorpores y me pego a tu espalda. Mi rabo urge de meterse entre tus muslos, al calor de su presión se intensifica mi excitación mientras mis manos buscan tus hermosos pechos. Me deleito en un masaje sensual, ardiente. Paso mis manos de abajo hacia arriba por ellos y me recreo en el clic que parece que resuene en tus pezones. Fabrico movimientos giratorios sobre ellos, pellizcando con decisión pero suavemente de vez en cuando... me encanta sentir su densidad, su poderío. Te delata el placer que estás sintiendo cuando giras tu cabeza, buscando mis labios que se afanan en los tuyos con pasión, con el ímpetu de conocer unos labios nuevos. Nuestras bocas se funden en una, intercambio de fluidos, de sensaciones, de ardor.
Tras tu cabeza, gira todo tu cuerpo, me pone el contacto suave y firme de tus pechos contra el mío, nuestros cuerpos dibujan una figura compacta, perfectamente encajable, como dos piezas de un rompecabezas. Mis manos resbalando por tu espalda, abrazando tus nalgas prietas, tirando de ellas hacia arriba. Las tuyas sujetando mi cuello, mi cabeza, para que no termine nunca ese beso intenso, implacable, violento. Lentamente resbalas sobre mí, yo libero la presión de mis manos y acompaño tu bajada. Sentada en el borde de la bañera, buscas encontrar mi poya con tu lengua, te regocijas un rato en lametones lascivos, burlones, mientras siento casi que me vaya a explotar. Sin decir nada, la introduces en tu boca, tus labios dibujando una "O" perfecta, sensual, y la chupas suavemente, adentro y afuera sin dejar de mirarme a los ojos. Los tuyos parecen sonreírme y yo te devuelvo la sonrisa. Me vuelvo loco cuando te deleitas en jugar con mi glande, chupando solo la punta, hasta sus bordes, apretando los labios y dejando luego que salga con un casi imperceptible chasquido.
" Uhmmmm, me encanta niña", y te apartas y sonríes de nuevo, y vuelves a la carga. Sobrenatural el placer que estoy sintiendo. Mis manos amenazan con arrancarte el pelo de tanto peinarlo entre mis dedos, "ven, deja que vuelva a besarte" -te digo.
"Luego; ahora quiero que me folles, luego habrá más besos", dices esto mientras tus manos se apoyan en el borde de la bañera, tu cuerpo inclinado deja ante mí tu precioso trasero, abierto, tu coñito preparado e hinchado por la excitación, deseoso de sentir el calor de mi verga. Me cercioro de que todo está dispuesto con un leve masaje de mis dedos, de toda mi mano, que deslizo suavemente sobre él, masajeando tu clítoris en breves movimientos circulares. Introduzco mis dedos índice y corazón en tu vagina. Tu gemido y el arqueo de tu espalda delatan que es el momento. Me baño en ti. Mi poya busca tu fondo impetuosamente, con fuerza. Tu cabeza se alza con cada empujón y tus gemidos emborrachan mis oídos. Acompaso cada movimiento de caderas con la presión de mis manos en tu cintura. Te atraigo hacia mí.. y empujo. Vuelvo a atraerte y vuelvo a empujar. Mis huevos golpean tus muslos y tus pechos bailan gráciles el mismo son, libres, perfectos.
Tras la cena, ya no hizo falta que me invitaras a tu cama, los dos estábamos ansiosos por lo que ésta fue breve, ligera. Tu solamente te cubriste son una camiseta amplia, tus pezones no dejaban un momento de relax a mi ojos marcándose bajo la tenue capa de tela. Un tanguita negro completaba tu atuendo. Estabas realmente divina, brillante. Tu pelo, húmedo aún, libre alrededor de tu cara, tus mejillas sonrosadas por el placer apenas vivido. Tus ojos irradiando esa luz especial que proyecta una mujer cuando se siente deseada... y complacida. Tu sonrisa... maravillosa. Yo vestía un batín que encontraste en el armario que tal vez olvidó algún amante tiempo atrás.
Al entrar en el dormitorio, bajaste la luz, sin apagarla del todo. Una penumbra que hacía que tu cuerpo se dibujase perfecto, tu silueta plasmada en mis retinas. El perfil de tu cara, tu nariz, tus carnosos labios, tu barbilla coronado tu liso cuello y tus hombros. Tus pechos firmes mirando al frente cual militares en formación, vibrantes. Tu bella cintura precediendo a esas caderas potentes, dando paso a la redondez de tus nalgas, bellamente rematadas en unos muslos esculpidos... y unas piernas de vértigo. Yo estaba nuevamente dispuesto para recibirte en mis brazos, para extasiarme en tus placeres, para amarte.
Hiciste que me recostara en la cama, de espaldas y te acostaste a mi lado. Tu boca buscó la mía de inmediato mientras en tu mano ya se hallaba mi miembro que, agradecido, rápidamente recobró todo su volumen. Tu lengua sabía a miel contra la mía, bailaban el mismo son. Tus labios, húmedos envenenando los míos. Tu mano sujetando ávida mi verga, masturbándome. Te volteas sobre mí, colocándote encima. Por un momento disfrutamos del contacto de nuestros cuerpos, del sabor de nuestras bocas, mis manos sobre tus nalgas. Por fin, te sientas sobre mi vientre. No me canso de mirarte... me extasía la visión de tu cara, tus ojos entrecerrados, tu boca entreabierta... tus pechos.... una locura.
Con tu mano conductora, agarras de nuevo mi pene. Esta vez para indicarle el camino a seguir... a tu interior. Suavemente dejas caer tu cuerpo sobre mi erecto apéndice, hasta que se introduce en ti. Tengo que hacer verdaderos esfuerzos por no dejarme llevar, por no apretar el ritmo y desbordarme antes de lo deseado... mi corazón parece romperse por la presión de la sangre, por la borrachera de sensaciones que me invaden mientras tus caderas suben y bajan sobre mí. La humedad de tu pelo ahora es sudor, olor a sal, a canela y a placer, tu cara desborda color y mis ojos visitan el cielo. Con cada movimiento, consigues que el placer que siento suba desde mis genitales, escalando por tu cuerpo, brillante bajo la tenue luz, hasta tus pechos, que incansables acompañan el vaivén de tus caderas y explote en mi cerebro, emborrachándolo. Mis manos luchan por no dejar un poro de tu piel por visitar, tu culo, tus piernas, tus caderas, tus pechos, la comisura de tus labios... tal parecen las de un ciego intentando aprender el camino hacia su hogar.
La noche ha sido larga y tú lo sabes. Es por eso que aprietas el ritmo, esperando que mi poya explote en ti, dispuesta ya a recoger el fruto de mi interior... en tu interior. Y no se hace esperar... Mis caderas se contraen y ensalzan ayudándote en tu cabalgada. Estoy completamente entregado a ti, metido en ti. Tu vagina presiona y libera, presiona y libera haciendo que un chorro de fluido reviente impetuoso, caliente. Tu espalda arqueada hacia atrás, tus pechos apuntando al cielo... y yo deshaciéndome dentro de ti, exhausto.
Te recuestas a mi lado, fundidos en un abrazo, mezclando aromas de mar y fuegos, borrachos y saciados... dormimos.
Al despertar, tu olor seguía colgado de la almohada. Te busqué deseoso de ti, mi verga morcillona, a falta de tu contacto para ponerse de nuevo a cien. Pero no estabas. Cerré los ojos, recordando la noche anterior. Creo que volví a dormirme...
Tu silueta se recortaba a contraluz, en la ventana. Me recreé con esa visión. Tan solo llevabas una braguita blanca, breve, rematada con puntillas. Tus brazos cruzados y, en tu mano, un cigarrillo. Parecías perdida en algún lugar... en el cielo. Te giras y ves que te observo. Tus ojos se iluminan... y los míos. Tu sonrisa me hace pensar en la cara de estúpido que tendré en ese momento. Me siento feliz. "Buenos días, amor, deberías darte una duchita rápida... aún no hemos terminado". Sonrío y levantándome voy hacia ti y me detienes con un gesto, "primero la ducha" dices riendo.
Cuando salgo del cuarto de baño, estás sentada en la cama, sobre tus piernas cruzadas, esperándome.... Esta vez soy yo el que tomo la iniciativa, sentado junto a ti te rodeo con mi brazo y busco tu boca. El beso es suave al principio, mi lengua jugando con tus labios entreabiertos siguiendo el camino de sus comisuras. La tuya apenas asomando la punta deseosa de coincidir con la mía. Poco a poco nuestras bocas comienzan a buscarse con más pasión, abiertas ya para recibirse mutuamente, nuestras lenguas luchando por descubrir los más recónditos lugares de la boca del otro. Suavemente voy inclinándome sobre ti mientras el beso continúa. Mi mano ya recorre tu cuerpo, masajeando tus pechos con deleite, subiendo la temperatura. Me encantan tus tetas, redondas y firmes, duras. Tus pezones parecen querer huir de ellas tal es la presión que siento que ejercen hacia afuera. Deslizo mi mano por tu cuerpo, mi dedo juguetea ahora en el lindo agujero de tu ombligo, tu vientre, suave, de terciopelo consigue que baje aún más, deteniéndome en el calor de tu coñito ya mojado. Mis dedos buscan el inicio del juego describiendo movimientos circulares sobre él, justo bajo tu vientre. Siento la presión de tus dedos en mi espalda, tus uñas amenazando con clavarse en mi piel. Suavemente mis dedos inician el descenso, se encuentran con tu clítoris y se detienen pellizcándolo. Con mis dedos índice y pulgar inicio un movimiento suave, longitudinal, masturbándolo como si de un pene se tratase. Mi boca se desliga de la tuya besando tu mejilla, mordisqueando tu barbilla, descendiendo por tu cuello, me deleito dibujando estrellas con mi lengua, mordisqueando tus hombros. Llego hasta tus pechos y me recreo en el placer que me produce besarlos, succionar tus pezones, vivos, intensos. Mis dedos no dejan de jugar con tu clítoris y tu levantas las caderas, apoyando el peso de tu cuerpo sobre los hombros, sintiendo todas y cada una de mis caricias, te elevas. Despacio, sin prisas, jugando, voy metiendo mis dedos dentro de ti, suavemente, dando el suficiente tiempo para que tus jugos lubriquen tus intimidades. Presiono leve, pero intensamente con ellos hacia arriba, como tratando de llegar al tu botón del placer… desde tu interior. Mi lengua ansia de ti y bajo, besando tu cuerpo en el viaje, tu suave vientre, hasta llegar.
Ese sabor, ese olor a salitre y rosas, me embriaga. Mi lengua ya está envuelta en fragancias y sabores, mi excitación está al máximo… casi me duele. Tus gemidos y el movimiento de tu pelvis me dicen que siga, que aún necesitas… Succiono tu clítoris saboreando, lo presiono entre mis labios, lo hace vibrar mi lengua ávida de ti. Me paseo por toda tu entrada, separando hábilmente tus labios para profundizar en tu interior, exquisito sabor a ti, miel y sal, rosas y vino. Todo me dice que ya estás a punto, mi verga intensa, la sangre golpeando en todas las direcciones, tu cuerpo entregado, la respiración entrecortada, tus piernas luchando por no cerrarse, tus caderas duras, tensas. Contracciones en tu espalda, tirante, tus hombros aguantando el peso de tu cuerpo, tus pechos vibrando cual gelatinas, mirando hacia el techo de la habitación.
Regreso a tu boca mientras tú te recuestas de lado, las piernas ligeramente flexionada una, recogida hacia ti, la otra. De rodillas ante tremendo manjar, mi verga busca tu vulva, la flor del placer que posees que ahora vuelves a entregarme. Presiono con suavidad, no hace falta más ya que la puerta está abierta, entregada, deseosa de recibir la visita de mi miembro. Te estremeces al sentirme dentro de ti, y emites un jadeo elocuente, preciso. Mi poya resbala plácida dentro de tu coño, perfectamente lubricado y dispuesto a recibirla. Mis movimientos son suaves ahora, controlados, avanzo y retrocedo sobre ti, mientras mi mano juega entre tus tetas, tus ojos cerrados, sintiendo. Los míos abiertos, lujuriosos, disfrutando el espectáculo de tu placer… haciéndolo mío. Poco a poco el ritmo aumenta… y se relaja. Salgo de ti y regreso, tus caderas se contraen y se relajan al tiempo. Siento como mi excitación se acompasa con la tuya, te muerdes el labio inferior y vibras, subo al cielo, mi cabeza es una bolsa de sangre, mi verga, en su cenit arde con tu calor. “Siiiiiiii”, exclamas. Y eso suena a orden para mí que reviento en una mezcla de explosión, gozo, liberación y éxtasis. El bombeo de mi semen es perceptible, calor con calor, flujos con flujos, humedad entre humedales. Suspiramos al unísono... respiramos.
Al caer junto a ti, me recibes con un beso, tu mano sobre mi cuello, mi cabeza. Las mías aún buscando la sensible suavidad de tus pechos, relajados ahora, finos. Y tardo unos minutos en recuperar el ritmo de mis pulmones. Siento que tu respiración se acompasa con la mía, momento de relajación, de calma. Y me besas otra vez.
“Bueno amor, llamaré al garaje… por lo de tu coche”
Cuando me dejó, un beso suave, rápido… y se marchó. Caí en la cuenta que no sabía ni su nombre y me volví. Acerté a ver su coche perdiéndose en la distancia. –Adiós bella sirena- me dije, y una mezcla de sentimientos cruzados inundó mi pecho en ese instante.
-Mala suerte- pensé… y mi sonrisa iluminó la calle.
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