ESCOGIENDO APARTAMENTO (terrible culito !!!)
Antonella... verdadera musa
Publicado por Monta_Dos en 2/4/2011 (613 lecturas)
Quedaron a las 9:30 de la mañana, en el portal del edificio. Una pareja estaba interesada en unos apartamentos que mi empresa puso en venta. Un buen negocio, seguro. Allí me encontré esperando la cita cuando llegó el deportivo. Un tipo joven, apuesto, bien vestido, de marca, sale del coche. Todo un caballero, pensé cuando lleg...ó a la puerta del copiloto y la abrió, galante.
De ese lado salió ella. Una preciosidad de mujer, morena, joven y bella, vestía una blusa blanca, corta... que dejaba a la vista su vientre liso... su ombligo, brevemente abotonada, para no ocultar la belleza de su escote. Su minifalda no era más que un escaso pedazo de tela que apenas cubría el inicio de sus nalgas, zapatos altos de tacón... negros.
Tras los saludos iniciales paso a mostrarles los apartamentos, él distante, discreto… ella alardeando de una curiosidad desorbitada. “Preciosa entrada, Sr. Pereda, las cortinas son preciosas…” “no te parece cariño?”. “Si, lo son”… él se mostraba frio, expectante.
Ella dicharachera, parlanchina… se interesaba por todo. “Podríamos ver el piso superior, Sr. Pereda? ”, preguntó. “Por supuesto, subamos”.
Ella avanzó primero. Su marido y yo la seguimos.
Mi vista no conseguía apartarse de ese estupendo culo que nos precedía, su escueta falda dejaba ver su entrepierna indiscreta, la redondez de sus glúteos, el paraíso !!!. Mientras subía la escalera, su minifalda, verde oscura, parecía resbalar sobre su precioso trasero, ciñendo su culo…. Pasó su mano por él… su tanga se marcaba en tan prieto atuendo… y mi cabeza volaba tras él.
No atendí cuando el tipo me hablaba, fija toda mi atención en la belleza que nos precedía. En esto sonó el móvil de él. “Si, de acuerdo…. Pero, ahora?, ok, está bien, de acuerdo…. Voy para allá”
Mi mente ya estaba en ebullición…. Más aun cuando dijo: “Solagne, puedes encargarte tu de esto?, debo llevar unos planos a la oficina ahora, es urgente”. Mis pupilas se dilataron… la sola idea de quedarme a solas con ese pedazo de mujer…. Ya me excitó. Mi verga se revolvía dentro de mi pantalón… solo imaginar… “Claro, cariño, ve tranquilo, yo arreglo con el Sr.”
Estábamos en el piso superior, los apartamentos eran más amplios, entramos en uno de ellos. “Mire señora… este es de los mejores de toda la construcción, amplio, bien orientado, la luz entra a todas las horas”. “Precioso, Sr. Pereda, si, pero… y el precio?” “No se preocupe por eso… mejor lo hablo con su marido”.
“Mire, Solagne, la cocina es pequeña, funcional, pero no le falta detalle”, “es perfecta Sr. Pereda, si dispone hasta de comedor!!” Entramos y te diriges hacia la ventana e insistes: “mire Sr. no hay problema por el precio, entre mi marido y yo conseguimos una buena plata cada mes… pero es importante dejarlo claro” “Usted no se preocupe”, dije mientras contemplaba tu bello cuerpo al trasluz que ofrecías junto a la ventana. “Tal vez podría ahorrarme la primera mensualidad…”
Dijiste eso mientras avanzabas hacia mí, moviéndote como una verdadera diosa del placer… como una auténtica zorra. Al llegar hasta mi, mi verga ya estaba dispuesta a recibirte, tal era la sensualidad que desbordabas. Cuando pasaste tus manos por mi cuello… me dije –es tu momento, tío… aprovéchalo. Nos besamos como dos apasionados enamorados, como dos posesos del amor. Te agachaste buscando abrir mi bragueta… y lo conseguiste. Mi polla saltó liberada hasta tus labios que la recibieron con el entusiasmo de alguien que sabe bien lo que hay que hacer. “Ufff, vaya verga, Sr. Pereda, esta es la que va a romper mi culito?”. Dijiste.
Oír eso elevó aún más mi temperatura… eso y tu boca succionando mi pene con energía… entrando y saliendo entre tus labios, ahora adentro… ahora afuera… mientras yo me deleitaba con la increíble visión de tu cara… y de tu cuerpo.
Estuviste un buen rato chupándome la verga…. Uffff, que intenso placer!!... Notaste toda mi excitación en tu boca y pensaste que era el momento de pasar al segundo acto. “Ahora le toca a Vd.” Dijiste, y te colocaste sobre la mesa… tu espalda yacía sobre ella mientras abrías tus piernas para dejar que viera el encanto de tu pubis. No dudé en llegar a él. La altura era perfecta, mi lengua se entregó en masajear tu clítoris, duro, erecto. Tus piernas apoyadas en mis hombros. Me revolvía en ti con una mezcla de pasión, deseo, ardor. Busqué con ella tu vagina, entrando en ti, saboreando… tu humedad resbalando por mi cara, dulce sabor a sal y miel. Me llevó un rato conseguir que de ti saliese ese flujo precedente del placer… me esforcé por lograrlo, mi lengua moviéndose sobre tu coño, mis dedos ayudándola sobre él…. Metiéndose y saliendo, haciéndolos girar en tu interior buscando todos tus lados… todas tus íntimas paredes. Tus gemidos hacían que me volviese loco e intensificase mi ardor. “Si, Sr. Pereda, así, siga así, que bien lo hace!, ohhhh, ahhhhh….” Me volvía loco por momentos. “Fólleme, Sr, fólleme”, exclamaste.
Sin dejar que bajaras de la mesa, me incorporé y mi verga buscó tu coño ya bien lubricado, abierto. Acerqué la punta del capullo a él… suavemente, jugando por un instante con tu botón del placer, agitando mi poya sobre él… golpeandolo. Un momento… o quizás más, hasta que tu vulva abierta recibió su regalo, entrando en ti con fuerza, con intensidad… recibiendo de golpe todo su calor… y yo todo el tuyo. Mi sangre presionando mis sienes y… mi verga, endureciéndola aún más. Tu no callabas “si Sr. Pereda, dele, dele, me gusta…. Ohhhhh”, y tu voz era como un afrodisiaco para mi…. Me elevaba. Sin casi salir de ti, te hice dar la vuelta, bajar de la mesa y apoyarte en ella. Tu precioso trasero ante mi… duro, espectacular. Bombeé un rato más en tu concha, uf, uf, mi cara roja del calor… del esfuerzo. Tu pelo sobre tu cara, tus pechos flotando bajo tu cuerpo… me excitaba sobre manera verte así, me deleité con la visión de tu culo, duro, firme… mi rabo dentro de ti, tu coño hinchado, sonrosado… bajo mi presión y mi mirada.
“Cógeme por el culo” me pediste… yo no daba crédito!!.... –Bien vale un mes de alquiler – pensé. Me humedecí los dedos índice y anular en mi boca y sin sacar aún mi pene de tu coño… presioné con ellos el agujero de tu culo. Primero el anular… que introduje en él, despacio, haciendo sitio, moviéndolo de fuera a dentro suavemente, haciendo círculos dentro de ti… Cuando noté que la resistencia iba cediendo, me ayudé con el índice… metiendo los dos dedos en tu precioso culito, abriendo el camino, sintiendo como la resistencia de tu esfínter cedía bajo el placer que te daba el masaje que te estaba ofreciendo. “Si, si, uhmmmm, fólleme el culo, Sr”. No entendía ese tratamiento tan respetuoso, jajajaja. Ella hablaba así… no me importaba, cierto que no!.
Delicadamente resbalé hacia atrás, sacando mi pene del calor de tu vagina…. para introducirlo en tu ojete ya bien dispuesto a recibirlo, lubricado con mi saliva, abierto el camino gracias a mis dedos hábiles. Empujé suavemente, consciente de la mezcla de dolor y placer que mi penetración te hacía sentir. La embutí toda en ti, en tu maravilloso culo. Casi que no podía más en ese momento… la presión de tu interior sobre mi verga me hacía temer el momento… iba a reventar!!!. Mis manos acompasaban los movimientos sobre tus caderas, acariciando tus nalgas, emborrachándome de la suavidad de tu piel. Tú, ayudando con un limpio balanceo de tu cuerpo, adelante y atrás, gozando cada empuje, cada entrada… tu culo ya relajado, apacible, sintiendo mi entrar y salir sin dolor… puro placer. Me llego a tus pechos, duros, tus pezones como puntas de lanza, erectos, excitantes y excitados… los pellizco con suavidad…- me encanta esto, pienso.
Notas que ya no podré aguantar más todo el calor que provocas, tu culo abierto… tu coño abierto, mi vista nublada por la excitación… y escapas. Sales de mí jadeando, sonriendo te vuelves y me besas. Ahora es cuando te quitas la camisa… el sostén, y te muestras desnuda ante mis ojos desorbitados, enrojecidos, lascivos. Nos fundimos en un abrazo intenso, tu lengua sabe a miel y a sal en mi boca, mi polla a punto de reventar presiona tu vientre, tus tetas firmes, duras presionan mi pecho. Aprieto tu culo con mis dedos… garfios se me antojan, apuesto a que aún tienes las marcas de mis dedos en él. Y a ti te gusta. “Quiero tu leche”, me dices al tiempo que te arrodillas ante mí. Casi temblando agarras mi verga y vuelves a introducirla en tu boca, mientras la masajeas con tu experta mano. Tengo que respirar –me digo- debo respirar. Veo como mi pene entra y sale del calor y la humedad de tu boca. Tus manos, hábiles ayudan con un movimiento experto, masturbándome al tiempo que marcan tus labios, masajeas mi miembro… y mis huevos con una intensidad estudiada, de quién sabe lo que hace. No puedo más –te advierto- pero no escuchas… o sí. Tu boca no cesa de succionarme, tu cabeza continúa el movimiento hacia atrás y hacia delante acogiendo toda la longitud de mi verga ya en el cenit, la sangre intensa, para explotar.
Ufffffff, -voy preciosa- te digo. Solo un segundo, sacas mi rabo de tu boca para decir “si, dámelo, quiero beber tu semen… lo quiero todo”, y continúas tu masaje. No consigo retener por más tiempo mi excitación y acompaño, ahora, tus movimientos con el de mis caderas, impetuoso, tremendamente excitado, deseando darte todo el jugo que ya noto quemar el interior de mis huevos… subir hasta mi polla, abrasando…. Te aparto suavemente y un chorro cálido golpea tu cara junto a tus labios… pero no quieres eso y vuelves a cogerla en tu boca…. Siento como me corro dentro de ella… ahhhhhhhhhh, me encanta…. Tu movimiento hace que otro golpe de mi semen explote dentro de tu garganta… tus ojos me dicen que te gusta, mirándome, lo saboreas… lo tragas y sigues jugueteando lamiendo mi rabo, limpiándolo de cualquier resto de lefa que pueda quedar… hasta la última gota….
Después de esto… te incorporas, tu cuerpo es gloria para mí, te beso largamente sintiendo el sabor de tu saliva, de mi semen, del ardor de nuestros cuerpos, gozando tu cuerpo empapado de sudor pegándose al mío. Te retengo contra mí deseando que ese momento no termine, respirando tu aroma… ahora mío.
“Está bien, Sr. Pereda”, me dices, “ha sido un verdadero placer llegar a un acuerdo con Ud.”, mientras te apartas y comienzas a vestirte. “Tengo su número de teléfono, tal vez en alguna otra ocasión necesite ahorrarme el mes de alquiler”
- “Eso espero, preciosa… eso espero”. No lo dije… solo lo pensé.
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De ese lado salió ella. Una preciosidad de mujer, morena, joven y bella, vestía una blusa blanca, corta... que dejaba a la vista su vientre liso... su ombligo, brevemente abotonada, para no ocultar la belleza de su escote. Su minifalda no era más que un escaso pedazo de tela que apenas cubría el inicio de sus nalgas, zapatos altos de tacón... negros.
Tras los saludos iniciales paso a mostrarles los apartamentos, él distante, discreto… ella alardeando de una curiosidad desorbitada. “Preciosa entrada, Sr. Pereda, las cortinas son preciosas…” “no te parece cariño?”. “Si, lo son”… él se mostraba frio, expectante.
Ella dicharachera, parlanchina… se interesaba por todo. “Podríamos ver el piso superior, Sr. Pereda? ”, preguntó. “Por supuesto, subamos”.
Ella avanzó primero. Su marido y yo la seguimos.
Mi vista no conseguía apartarse de ese estupendo culo que nos precedía, su escueta falda dejaba ver su entrepierna indiscreta, la redondez de sus glúteos, el paraíso !!!. Mientras subía la escalera, su minifalda, verde oscura, parecía resbalar sobre su precioso trasero, ciñendo su culo…. Pasó su mano por él… su tanga se marcaba en tan prieto atuendo… y mi cabeza volaba tras él.
No atendí cuando el tipo me hablaba, fija toda mi atención en la belleza que nos precedía. En esto sonó el móvil de él. “Si, de acuerdo…. Pero, ahora?, ok, está bien, de acuerdo…. Voy para allá”
Mi mente ya estaba en ebullición…. Más aun cuando dijo: “Solagne, puedes encargarte tu de esto?, debo llevar unos planos a la oficina ahora, es urgente”. Mis pupilas se dilataron… la sola idea de quedarme a solas con ese pedazo de mujer…. Ya me excitó. Mi verga se revolvía dentro de mi pantalón… solo imaginar… “Claro, cariño, ve tranquilo, yo arreglo con el Sr.”
Estábamos en el piso superior, los apartamentos eran más amplios, entramos en uno de ellos. “Mire señora… este es de los mejores de toda la construcción, amplio, bien orientado, la luz entra a todas las horas”. “Precioso, Sr. Pereda, si, pero… y el precio?” “No se preocupe por eso… mejor lo hablo con su marido”.
“Mire, Solagne, la cocina es pequeña, funcional, pero no le falta detalle”, “es perfecta Sr. Pereda, si dispone hasta de comedor!!” Entramos y te diriges hacia la ventana e insistes: “mire Sr. no hay problema por el precio, entre mi marido y yo conseguimos una buena plata cada mes… pero es importante dejarlo claro” “Usted no se preocupe”, dije mientras contemplaba tu bello cuerpo al trasluz que ofrecías junto a la ventana. “Tal vez podría ahorrarme la primera mensualidad…”
Dijiste eso mientras avanzabas hacia mí, moviéndote como una verdadera diosa del placer… como una auténtica zorra. Al llegar hasta mi, mi verga ya estaba dispuesta a recibirte, tal era la sensualidad que desbordabas. Cuando pasaste tus manos por mi cuello… me dije –es tu momento, tío… aprovéchalo. Nos besamos como dos apasionados enamorados, como dos posesos del amor. Te agachaste buscando abrir mi bragueta… y lo conseguiste. Mi polla saltó liberada hasta tus labios que la recibieron con el entusiasmo de alguien que sabe bien lo que hay que hacer. “Ufff, vaya verga, Sr. Pereda, esta es la que va a romper mi culito?”. Dijiste.
Oír eso elevó aún más mi temperatura… eso y tu boca succionando mi pene con energía… entrando y saliendo entre tus labios, ahora adentro… ahora afuera… mientras yo me deleitaba con la increíble visión de tu cara… y de tu cuerpo.
Estuviste un buen rato chupándome la verga…. Uffff, que intenso placer!!... Notaste toda mi excitación en tu boca y pensaste que era el momento de pasar al segundo acto. “Ahora le toca a Vd.” Dijiste, y te colocaste sobre la mesa… tu espalda yacía sobre ella mientras abrías tus piernas para dejar que viera el encanto de tu pubis. No dudé en llegar a él. La altura era perfecta, mi lengua se entregó en masajear tu clítoris, duro, erecto. Tus piernas apoyadas en mis hombros. Me revolvía en ti con una mezcla de pasión, deseo, ardor. Busqué con ella tu vagina, entrando en ti, saboreando… tu humedad resbalando por mi cara, dulce sabor a sal y miel. Me llevó un rato conseguir que de ti saliese ese flujo precedente del placer… me esforcé por lograrlo, mi lengua moviéndose sobre tu coño, mis dedos ayudándola sobre él…. Metiéndose y saliendo, haciéndolos girar en tu interior buscando todos tus lados… todas tus íntimas paredes. Tus gemidos hacían que me volviese loco e intensificase mi ardor. “Si, Sr. Pereda, así, siga así, que bien lo hace!, ohhhh, ahhhhh….” Me volvía loco por momentos. “Fólleme, Sr, fólleme”, exclamaste.
Sin dejar que bajaras de la mesa, me incorporé y mi verga buscó tu coño ya bien lubricado, abierto. Acerqué la punta del capullo a él… suavemente, jugando por un instante con tu botón del placer, agitando mi poya sobre él… golpeandolo. Un momento… o quizás más, hasta que tu vulva abierta recibió su regalo, entrando en ti con fuerza, con intensidad… recibiendo de golpe todo su calor… y yo todo el tuyo. Mi sangre presionando mis sienes y… mi verga, endureciéndola aún más. Tu no callabas “si Sr. Pereda, dele, dele, me gusta…. Ohhhhh”, y tu voz era como un afrodisiaco para mi…. Me elevaba. Sin casi salir de ti, te hice dar la vuelta, bajar de la mesa y apoyarte en ella. Tu precioso trasero ante mi… duro, espectacular. Bombeé un rato más en tu concha, uf, uf, mi cara roja del calor… del esfuerzo. Tu pelo sobre tu cara, tus pechos flotando bajo tu cuerpo… me excitaba sobre manera verte así, me deleité con la visión de tu culo, duro, firme… mi rabo dentro de ti, tu coño hinchado, sonrosado… bajo mi presión y mi mirada.
“Cógeme por el culo” me pediste… yo no daba crédito!!.... –Bien vale un mes de alquiler – pensé. Me humedecí los dedos índice y anular en mi boca y sin sacar aún mi pene de tu coño… presioné con ellos el agujero de tu culo. Primero el anular… que introduje en él, despacio, haciendo sitio, moviéndolo de fuera a dentro suavemente, haciendo círculos dentro de ti… Cuando noté que la resistencia iba cediendo, me ayudé con el índice… metiendo los dos dedos en tu precioso culito, abriendo el camino, sintiendo como la resistencia de tu esfínter cedía bajo el placer que te daba el masaje que te estaba ofreciendo. “Si, si, uhmmmm, fólleme el culo, Sr”. No entendía ese tratamiento tan respetuoso, jajajaja. Ella hablaba así… no me importaba, cierto que no!.
Delicadamente resbalé hacia atrás, sacando mi pene del calor de tu vagina…. para introducirlo en tu ojete ya bien dispuesto a recibirlo, lubricado con mi saliva, abierto el camino gracias a mis dedos hábiles. Empujé suavemente, consciente de la mezcla de dolor y placer que mi penetración te hacía sentir. La embutí toda en ti, en tu maravilloso culo. Casi que no podía más en ese momento… la presión de tu interior sobre mi verga me hacía temer el momento… iba a reventar!!!. Mis manos acompasaban los movimientos sobre tus caderas, acariciando tus nalgas, emborrachándome de la suavidad de tu piel. Tú, ayudando con un limpio balanceo de tu cuerpo, adelante y atrás, gozando cada empuje, cada entrada… tu culo ya relajado, apacible, sintiendo mi entrar y salir sin dolor… puro placer. Me llego a tus pechos, duros, tus pezones como puntas de lanza, erectos, excitantes y excitados… los pellizco con suavidad…- me encanta esto, pienso.
Notas que ya no podré aguantar más todo el calor que provocas, tu culo abierto… tu coño abierto, mi vista nublada por la excitación… y escapas. Sales de mí jadeando, sonriendo te vuelves y me besas. Ahora es cuando te quitas la camisa… el sostén, y te muestras desnuda ante mis ojos desorbitados, enrojecidos, lascivos. Nos fundimos en un abrazo intenso, tu lengua sabe a miel y a sal en mi boca, mi polla a punto de reventar presiona tu vientre, tus tetas firmes, duras presionan mi pecho. Aprieto tu culo con mis dedos… garfios se me antojan, apuesto a que aún tienes las marcas de mis dedos en él. Y a ti te gusta. “Quiero tu leche”, me dices al tiempo que te arrodillas ante mí. Casi temblando agarras mi verga y vuelves a introducirla en tu boca, mientras la masajeas con tu experta mano. Tengo que respirar –me digo- debo respirar. Veo como mi pene entra y sale del calor y la humedad de tu boca. Tus manos, hábiles ayudan con un movimiento experto, masturbándome al tiempo que marcan tus labios, masajeas mi miembro… y mis huevos con una intensidad estudiada, de quién sabe lo que hace. No puedo más –te advierto- pero no escuchas… o sí. Tu boca no cesa de succionarme, tu cabeza continúa el movimiento hacia atrás y hacia delante acogiendo toda la longitud de mi verga ya en el cenit, la sangre intensa, para explotar.
Ufffffff, -voy preciosa- te digo. Solo un segundo, sacas mi rabo de tu boca para decir “si, dámelo, quiero beber tu semen… lo quiero todo”, y continúas tu masaje. No consigo retener por más tiempo mi excitación y acompaño, ahora, tus movimientos con el de mis caderas, impetuoso, tremendamente excitado, deseando darte todo el jugo que ya noto quemar el interior de mis huevos… subir hasta mi polla, abrasando…. Te aparto suavemente y un chorro cálido golpea tu cara junto a tus labios… pero no quieres eso y vuelves a cogerla en tu boca…. Siento como me corro dentro de ella… ahhhhhhhhhh, me encanta…. Tu movimiento hace que otro golpe de mi semen explote dentro de tu garganta… tus ojos me dicen que te gusta, mirándome, lo saboreas… lo tragas y sigues jugueteando lamiendo mi rabo, limpiándolo de cualquier resto de lefa que pueda quedar… hasta la última gota….
Después de esto… te incorporas, tu cuerpo es gloria para mí, te beso largamente sintiendo el sabor de tu saliva, de mi semen, del ardor de nuestros cuerpos, gozando tu cuerpo empapado de sudor pegándose al mío. Te retengo contra mí deseando que ese momento no termine, respirando tu aroma… ahora mío.
“Está bien, Sr. Pereda”, me dices, “ha sido un verdadero placer llegar a un acuerdo con Ud.”, mientras te apartas y comienzas a vestirte. “Tengo su número de teléfono, tal vez en alguna otra ocasión necesite ahorrarme el mes de alquiler”
- “Eso espero, preciosa… eso espero”. No lo dije… solo lo pensé.
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