En el centro comercial
Publicado por Monta_Dos en 30/4/2011 (543 lecturas)
Llevaba días comiendo en el centro comercial, era la mejor opción en esta isla. Muchos restaurantes de todo tipo, desde el McDonal o el pizza Hunt... hasta comida tradicional, rodeando un plaza de mesas para degustar el menú que eligieras.
Entraba al restaurante, escogía mi plato, cogia mi bandeja y prouraba encontrar siempre el mismo lugar para ...comer.
Ella debía de hacer lo mismo, siempre la encontraba frente a mí, a veces ella ya estaba. Otras llegaba tras de mi. Se convirtió en un... juego?. El que llegaba más tarde era recibido por la sonrisa del otro, ligera inclinación de cabeza como saludo. No intercambiamos palabras en todo ese tiempo.
Era una chica bonita, nada especial, no era ninguna modelo ni, seguramente, falta que le hacía. Pero tenía una carita preciosa... irradiaba simpatía.
Vestía muy normalita, tejanos, un jersey. Se le adivinaban unas curvas generosas.
Aquel día me sorprendió. Mudó su vaqueros y su jersey por un vestidito corto, verde. Sus zapatillas llamaban la atención, como que no casaban con el atuendo. Llego antes que yo, sonreimos y me senté, como siempre, frente a ella.
El cruce de miradas, el de todos los días...
Su mirada me sorprendió esta vez. Su sonrisa mudaba en un gesto con sus ojos... hacia abajo.
Recorrí su cuerpo, -hoy está preciosa-, pensé. Seguí su mirada con la mia. Bajando de sus ojos hacia sus pechos, hacia la mesa (ella comía una ensalada), y bajo la mesa encontré lo que me indicaba.
Sus piernas entre abiertas, no habia reparado anteriormente en la firmeza que tenian bajo los pantalones. Eran lisas, fuertes, no eran unas piernas delicadas, de llamar la atención... pero parecian ser de terciopelo. Delataban juventud.
La miré a los ojos... se ruborizó. Y volvió a retarme con la mirada hacia abajo.
Volví bajo la mesa, su vestido se había recogido aún más, parecía que solo estábamos los dos en ese amplio espacio. Abrió más sus piernas y me mostró, que no llevaba ropa interior, como en un descuido, olvidó sus baguitas en alguna parte.
Su coñito, allí, delante de mí. Perfectamente depilado. Sus lábios iregulares, parecian descolgarse uno sobre el otro, marcando una fina línea sonrosada entre ellos. La miré. Su sonrisa se tornó en una especie de mueca, de verguenza. Sus mejillas bañadas de rosa.
Cogió sus libros, se levantó... y se marchó.
La seguí con la mirada, incapaz de realcionar. Y se perdío entre la gente.
Al día siguiente, la esperé..... pero no vino.
Entraba al restaurante, escogía mi plato, cogia mi bandeja y prouraba encontrar siempre el mismo lugar para ...comer.
Ella debía de hacer lo mismo, siempre la encontraba frente a mí, a veces ella ya estaba. Otras llegaba tras de mi. Se convirtió en un... juego?. El que llegaba más tarde era recibido por la sonrisa del otro, ligera inclinación de cabeza como saludo. No intercambiamos palabras en todo ese tiempo.
Era una chica bonita, nada especial, no era ninguna modelo ni, seguramente, falta que le hacía. Pero tenía una carita preciosa... irradiaba simpatía.
Vestía muy normalita, tejanos, un jersey. Se le adivinaban unas curvas generosas.
Aquel día me sorprendió. Mudó su vaqueros y su jersey por un vestidito corto, verde. Sus zapatillas llamaban la atención, como que no casaban con el atuendo. Llego antes que yo, sonreimos y me senté, como siempre, frente a ella.
El cruce de miradas, el de todos los días...
Su mirada me sorprendió esta vez. Su sonrisa mudaba en un gesto con sus ojos... hacia abajo.
Recorrí su cuerpo, -hoy está preciosa-, pensé. Seguí su mirada con la mia. Bajando de sus ojos hacia sus pechos, hacia la mesa (ella comía una ensalada), y bajo la mesa encontré lo que me indicaba.
Sus piernas entre abiertas, no habia reparado anteriormente en la firmeza que tenian bajo los pantalones. Eran lisas, fuertes, no eran unas piernas delicadas, de llamar la atención... pero parecian ser de terciopelo. Delataban juventud.
La miré a los ojos... se ruborizó. Y volvió a retarme con la mirada hacia abajo.
Volví bajo la mesa, su vestido se había recogido aún más, parecía que solo estábamos los dos en ese amplio espacio. Abrió más sus piernas y me mostró, que no llevaba ropa interior, como en un descuido, olvidó sus baguitas en alguna parte.
Su coñito, allí, delante de mí. Perfectamente depilado. Sus lábios iregulares, parecian descolgarse uno sobre el otro, marcando una fina línea sonrosada entre ellos. La miré. Su sonrisa se tornó en una especie de mueca, de verguenza. Sus mejillas bañadas de rosa.
Cogió sus libros, se levantó... y se marchó.
La seguí con la mirada, incapaz de realcionar. Y se perdío entre la gente.
Al día siguiente, la esperé..... pero no vino.
| Navegue a través de los Relatos | |
El piloto de mis sueños |
Fantasías de una adolescente
|
|
Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.
|







