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Relatos > Confesiones > Stephanie

Stephanie

y fantasias

Publicado por Monta_Dos en 30/4/2011 (626 lecturas)
Aquella noche me sentía solo. Tomaba un trago en la disco del pueblo, era verano. Paseaba la mirada por el local… tal vez con la esperanza de encontrar una cara… conocida. Otro trago… y otro.

“Que pasa amigo, estás triste?”. Me giro, es Stephy, el ligue de mi amigo “el francés”. “Ya ves preciosa, no es un buen día para mi”. “Ya, tu am...iga?... se fue, no?”. “Así es , Stephy. Aquí estoy … aburrido”. La chica era bonita, estaba de vacaciones aquí, de padre alemán y madre valenciana. Tenía la belleza de la mezcla de culturas, de razas. Su pelo rubio, brillante y ojos como esmeraldas. Su piel, morena, mediterránea.

“Venga, anímate, lo podemos arreglar no?, tu tristeza…”. Me sonrío. Y ella. Su sonrisa es radiante, reluce su dentadura en una boca preciosa de labios carnosos, bellos. “Que sugieres, preciosa” le digo mientras mi mirada repasa cada curva de su cuerpo para detenerse después, inquisitiva, en sus ojos. “Jajajajaja, vale!”. –Vale?, no me atrevo a entender… ella está con mi amigo. Hago un gesto de interrogación con la cabeza. “Y Titín?”, le pregunto por fin, esperando no haberme equivocado. “Por ahí anda… pero… tú estás solo ahora, esperaba este momento”, “ah, sí?”, le pregunto. “Si”. Mientras contesta ya la he cogido por la cintura y la atraigo hacia mí tímidamente. Se deja llevar y nuestras bocas se funden en un suave beso. Mi cabeza se llena con el recuerdo de su cuerpo mojado, su breve bikini… saliendo del mar esa mañana, mientras disfrutábamos todos en la playa. “Ven” me dice al tiempo de coger mi mano, “subamos”.

El reservado de la disco estaba oscuro, la seguí por las empinadas escaleras cogiendo su cintura. Estaba alucinando por mi suerte. Ella ahora no hablaba… ni yo. Buscamos un rincón discreto y nos volvimos a besar. Esta vez con más ansia, con más pasión. Ya mis manos se deslizaban bajo su holgada camiseta, buscando sus pechos. Las suyas intentando averiguar que había en mi pantalón. Tenía unas tetas preciosas… duras. No tardé en despojarle del sujetador… ella se quitó la camiseta. La visión que me ofreció era un regalo para mis sentidos, preciosa, perfecta. Tuve que ayudarla a desabrochar mis tejanos, cosa que agradeció tomando mi verga y empezando a masajearla con suavidad. Mi boca dejó la miel de la suya para recrearse en su pecho. Mi lengua trazando círculos alrededor de unos pezones tersos, prominentes, de abultada aureola. Le elevé un poco del asiento, para liberar su faldita, que quedó en su cintura. Y pasé mis manos suavemente por entre su braguita y su piel con movimientos delicados. Ella no dejaba de hacer vibrar su mano agarrada a mi poya y yo hice lo propio con la mía. Con mi brazo izquierdo tras su cuello, mi mano llegaba perfectamente a sus tetas, mientras con la derecha masajeaba su conchita con cada vez más entusiasmo, dejando a mis dedos libertad para entrar en su coñito y salirse, resbalarse sobre su erecto clítoris y volver a introducirse en su nido.

“Espera” dice liberándose de mi abrazo, se arrodilla ante mí y sus labios parecen de seda rodeando mi rabo que llega a desaparecer dentro de su boca. El calor que desprende hace que mi sangre confluya en ese punto, dilatando al máximo mi miembro. Lo chupa con ganas, con maestría… debo esforzarme por no claudicar. La dejo hacer un buen rato, acariciando su cabeza… su pelo, pero sin presionar. No hace falta, ella pone todo el interés que necesito. De vez en cuando alza su mirada buscando la mía. Eso me excita aún más, deseo corresponder a su entusiasmo. “Ahora ven tú” le digo. La alzo encima del sofá, de cuclillas, mis piernas entre las suyas. Su coñito frente a mi cara. Le beso el vientre, suave. Lentamente voy bajando por él hasta su jardín, delicioso. Mi lengua busca su botón y se entretiene largamente en jugar con él, vibrante. Mis labios lo recogen y succionan con suavidad ahora, presionando ligeramente después. Su respiración se torna gemido. Temo que nos oigan. Le chisteo “psssss” ligeramente incómodo. “No importa, no importa, sigue amor”. Y sigo… -si a ella no le incomoda…, pienso. Me recreo en su coñito, mi lengua lo baña totalmente… a la vez que es bañada por él. Dulce sabor salado. Con mis manos acaricio sus nalgas, el interior de sus muslos, y con dedos hábiles acompaño el masaje de mi lengua con mis dedos. Mi verga a reventar se impulsa sobre sí misma a cada gemido de la preciosa Stephy que, intuyendo, se deja caer sobre ella, clavándosela, de rodillas sobre mí. Mis manos siguen sujetando su culito, apretando a cada vaivén de su cuerpo cabalgándome. Mi boca busca la suya, beso imposible, intercambio de saliva bañando nuestras caras. Busco sus pechos que brincan ante mi mirada, maravilla de la naturaleza. Intento besarlos, comerlos, mientras saltan ante mis ojos. Sus caderas no cesan de trotar sobre mi poya. Por momentos llega a salirse de su lindo refugio… y a la bajada vuelve a introducirse. Sus gemidos ahora se funden con los míos… atenuándolos. “Me voy amor” le digo, “no aguanto ya”…. “Espera, espera, ahhhhhh”. Rápidamente descabalga y regresa al suelo, de rodillas ante mi vuelve a coger mi verga y la introduce en su boca. Chupa, con ritmo. Solo la retira para decir, “es tu turno, lo recibo”. El calor de sus labios y su movimiento me derrotan. Un chorro de blanco fluido salta sobre su boca y ella lo recoge con gusto sin dejar de chupármela, rebañando las comisuras con su lengua. Nos besamos.

No tenemos con que limpiarnos un poco el sudor… los restos de la fiesta y usamos mi camiseta que queda allí olvidada.

Al bajar… escapamos rápido de la disco. Se notaba demasiado?. Era evidente!!. Sudorosos, las mejillas sonrosadas, yo desnudo el torso… Alguien debió de sentir cierta envidia. Mi amigo…. En fin, no pensemos en él.












   

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