Que chavala !!! II (m2)
Publicado por Monta_Dos en 30/4/2011 (357 lecturas)
La lluvia de besos no acabó cuando llegamos al hotel, es más, arreció.
Ella estaba esperando b ella sobre la cama, un camisón corto y sexi que alegró mi vista... y mis sentidos. Mis manos, desbocadas, redescubriendo su cuerpo. Su boca fundida con la mía. La mente despierta a saborear sus placeres... su cuerpo abierto a mí.
Deslizo las manos s...obre ella con suavidad, recreándome en su figura, su piel. En mi mente el deseo fluye consciente, ávido. Sus manos tras mi cabeza, persiguiendo mis besos por toda su orografía. Bello paisaje de montes y valles. Y crece la pasión... y mi sexo con ella.
No hay rincón que se libre de mi boca, sus labios, su pelo, su cara y su cuello. Los dedos me ayudan a llegar a su calor, a su derroche. Continuo el paseo por su pecho... y sus pechos se endurecen al contacto de mis labios, delicioso bocado para un hombre entregado a sus deseos. Me detengo y me recreo en sus pezones, mordisqueo, succiono y beso. Mi lengua juega con ellos, golosa.
Mi mano ya está sobre su concha, dibujando círculos en ella, bajando y subiendo, entrando y saliendo, amando. Sus dedos sobre mi piel agradecen el contacto, siento sus uñas rasgando mi cuerpo, mi piel. Deseo. Fuego. Amor. Mi boca toma el relevo y beso con pasión su entrepierna, busco abrirle el nido con mis labios y mi lengua se recrea en su interior. Éxtasis de sabores, explosión de olores que me transportan a lugares insospechados hasta entonces.
Sus gemidos animan mi inquietud. La pasión se desborda, aún más cuando la miro, jadeante, sonrosada, húmeda... no, mojada. Y me alojo en su humedad, sin prisa, sin pausa. Mis dedos desbocados, sus piernas cruzadas intentando retener el momento, imposible aguantar sin respirar. Leo placer en sus ojos cuando me mira, preciosa. Su mano sobre la mía... la mía sobre su pecho.
Y llega mi momento. Sonríe pícara y se incorpora, sin dejar de mirarme besa mis labios, mi pecho. Se desliza sobre mi regalándome sus labios, su lengua, su excitación. Toma mi verga y la acaricia con su lengua, de abajo hacia arriba, despacio. La prepara. Sin apartar su mirada de la mía, la introduce en su boca, suavemente, sintiendo mi placer, haciéndolo suyo. Jadeo, me encanta sentir el calor de su boca sobre mi sexo erecto. Su mirada me mata, aparto su pelo para extasiarme contemplando como mi poya desaparece de la vista, tras sus labios. Y reaparece de nuevo y vuelve a perderse en el interior de su boca ávida, entregada. Mi cuerpo y el suyo, ardor y sudor, pasión y entrega... instantes de cielo, entre los dos.
Sobre ella me explayo. Su cuerpo dispuesto a recibirme, mi cuerpo deseoso de sumergirse en el abismo del suyo. Entro suavemente en su interior y empujo. Nuestras respiraciones se agitan, suspiramos, gemimos, gozamos. Nuestros movimientos se acompasan buscando el punto exacto del placer. Su vagina amenaza con morderme, la presión es terriblemente excitante sobre mi verga, que no ceja en el empeño de intentar atravesarla, hundirse en sus entrañas, llegar a rozar su alma, poseer su cuerpo, amar su espíritu.
Y explotamos. Su gemido se confunde con el mío, al unísono. Reventamos el silencio cual trueno tras un relámpago de gozo, mi cuerpo cae sobre el suyo, exhausto y sudoroso. Sus brazos lo reciben con sincera felicidad. Nuestras sonrisas desdibujadas por el ritmo de las respiraciones, perfectas y bellas. Nuestro ojos dando un nuevo color a la estancia, iluminado nuestros rostros... y nuestras vidas.
Amor en estado puro.
Hoy.
Ella estaba esperando b ella sobre la cama, un camisón corto y sexi que alegró mi vista... y mis sentidos. Mis manos, desbocadas, redescubriendo su cuerpo. Su boca fundida con la mía. La mente despierta a saborear sus placeres... su cuerpo abierto a mí.
Deslizo las manos s...obre ella con suavidad, recreándome en su figura, su piel. En mi mente el deseo fluye consciente, ávido. Sus manos tras mi cabeza, persiguiendo mis besos por toda su orografía. Bello paisaje de montes y valles. Y crece la pasión... y mi sexo con ella.
No hay rincón que se libre de mi boca, sus labios, su pelo, su cara y su cuello. Los dedos me ayudan a llegar a su calor, a su derroche. Continuo el paseo por su pecho... y sus pechos se endurecen al contacto de mis labios, delicioso bocado para un hombre entregado a sus deseos. Me detengo y me recreo en sus pezones, mordisqueo, succiono y beso. Mi lengua juega con ellos, golosa.
Mi mano ya está sobre su concha, dibujando círculos en ella, bajando y subiendo, entrando y saliendo, amando. Sus dedos sobre mi piel agradecen el contacto, siento sus uñas rasgando mi cuerpo, mi piel. Deseo. Fuego. Amor. Mi boca toma el relevo y beso con pasión su entrepierna, busco abrirle el nido con mis labios y mi lengua se recrea en su interior. Éxtasis de sabores, explosión de olores que me transportan a lugares insospechados hasta entonces.
Sus gemidos animan mi inquietud. La pasión se desborda, aún más cuando la miro, jadeante, sonrosada, húmeda... no, mojada. Y me alojo en su humedad, sin prisa, sin pausa. Mis dedos desbocados, sus piernas cruzadas intentando retener el momento, imposible aguantar sin respirar. Leo placer en sus ojos cuando me mira, preciosa. Su mano sobre la mía... la mía sobre su pecho.
Y llega mi momento. Sonríe pícara y se incorpora, sin dejar de mirarme besa mis labios, mi pecho. Se desliza sobre mi regalándome sus labios, su lengua, su excitación. Toma mi verga y la acaricia con su lengua, de abajo hacia arriba, despacio. La prepara. Sin apartar su mirada de la mía, la introduce en su boca, suavemente, sintiendo mi placer, haciéndolo suyo. Jadeo, me encanta sentir el calor de su boca sobre mi sexo erecto. Su mirada me mata, aparto su pelo para extasiarme contemplando como mi poya desaparece de la vista, tras sus labios. Y reaparece de nuevo y vuelve a perderse en el interior de su boca ávida, entregada. Mi cuerpo y el suyo, ardor y sudor, pasión y entrega... instantes de cielo, entre los dos.
Sobre ella me explayo. Su cuerpo dispuesto a recibirme, mi cuerpo deseoso de sumergirse en el abismo del suyo. Entro suavemente en su interior y empujo. Nuestras respiraciones se agitan, suspiramos, gemimos, gozamos. Nuestros movimientos se acompasan buscando el punto exacto del placer. Su vagina amenaza con morderme, la presión es terriblemente excitante sobre mi verga, que no ceja en el empeño de intentar atravesarla, hundirse en sus entrañas, llegar a rozar su alma, poseer su cuerpo, amar su espíritu.
Y explotamos. Su gemido se confunde con el mío, al unísono. Reventamos el silencio cual trueno tras un relámpago de gozo, mi cuerpo cae sobre el suyo, exhausto y sudoroso. Sus brazos lo reciben con sincera felicidad. Nuestras sonrisas desdibujadas por el ritmo de las respiraciones, perfectas y bellas. Nuestro ojos dando un nuevo color a la estancia, iluminado nuestros rostros... y nuestras vidas.
Amor en estado puro.
Hoy.
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