GATA
Publicado por Anónimo en 21/5/2011 (493 lecturas)
No sé cómo, pero me enviaron allá para cerciorarme del estado de una próxima instalación. A mí. En fin... y allí estaba en El Cairo. Más perdido que un pulpo en un garaje. Solo, aunque a eso ya estaba acostumbrado.
Sábado, salí a hacer lo que hacen todos los turistas visitar el centro islámico y por supuesto, ...el Museo Egipcio. Iba distraído con mi eterna compañera, mi cámara, captando cualquier cosa que me llamara la atención cuando un grupo de jóvenes casi me lleva por delante en la misma puerta del museo. Resultó ser alguna excursión de estudiantes... y hablaban español!!. Lo supe por la algarabía que formaron en un momento... y por las disculpas de una chica que casi hace caer mi cámara al suelo. Su acento... latino. Desaparecieron tan rápido como salieron del museo. Y entré con la mirada de esa preciosidad en mi cabeza.
Ya tarde regresé al hotel, por supuesto directo al bar, pedí una cerveza helada y me senté a mirar a la escasa gente que allí estaba. Entonces fue cuando entraron... el mismo grupo del museo, resultó que estaban alojados en mi hotel. Se acabó la tranquilidad. Debían rondar los 20 o 22 años, tal vez 24 como mucho y eran unos treinta. Llegaron en tromba hasta el bar y pidieron refrescos y cerveza. Y vi sus ojos. La preciosidad morena que casi me desarma la cámara me miraba a su vez. Debía medir uno sesenta, más o menos, el pelo largo y moreno, que pesaría?... no más de 45 o 50 kilos y una figura digna de ver, ciertamente bonita.
Dejé la barra sin poder apartarme de su mirada y me instalé en uno de los sofás de la cafetería, cogí un periódico más para disimular que para leer. Aquella niña no dejaba de mirarme... ni yo a ella. Me sentí un tanto incómodo... era demasiado joven para mí, pero tenía un algo que me atraía irremediablemente, tal vez sus ojos, su mirada. Me dije "déjalo", y me dispuse a subir a mi habitación, necesitaba una ducha. Fue en ese momento cuando vino hacia mí,
-perdone, es usted el del museo, verdad?
-si preciosa, y tú la chica que casi me estropea las fotos, jajajaja
-mil disculpas.... salimos como locos del museo, debe usted perdonarme....
Pronunció esas palabras como un susurro, alargándolas y sin quitar un segundo su mirada de la mía. Sensual. Insinuante. O eso me pareció. Turbia cabeza la mía.
-Mi nombre es Jennyfer... y soy vampira.
No pude más que reírme, jajajajajaja, que ocurrencia!!
-yo me llamo Monta, Jennyfer.... no irás a morderme, verdad?
-depende.... quizás sí, quizás no....
Nuevamente me sentí incómodo, joder con la niña!!!, ya me estaba excitando!. Cambié de conversación más por mi apuro que por otra cosa. Charlamos un rato de cosas banales... que hacían allá, que hacía yo, etc. Y, en un momento dado quise huir de esa situación. Sentí las miradas de sus compañeros fijas en nosotros.
-Bueno niña, ha sido un placer conocerte, pero tengo la ropa pegada con este calor, iré a darme una ducha.
-Bien, te acompaño....jajajajajaja, yo también me iré a bañar.
Debió notar mi expresión de deseo cuando dijo "te acompaño" porque soltó esa carcajada con ganas, pícara. Me acompañó al ascensor y entramos. Su presencia lograba que olvidase su edad... y la mía. Cuando las puertas se cerraron se quedó frente a mí, sus ojos clavados en los míos.
-No iras a besarme, verdad?- dijo acercándose hasta presionar sus pechos contra el mío. -Te prometo que no te morderé.... aún.
Y la besé, la besé como si nunca hubiese besado, nuestras bocas presionando con súbita pasión. "Bello regalo", pensé... y la puerta del ascensor se abrió en mi piso.
Con la pierna impedí que se cerrara de nuevo mientras continuaba el beso. Y ella me empujó hacia afuera y salió conmigo.
-Comparto habitación... mejor la tuya -dijo
Abrí la puerta y entramos, no podía creer lo que estaba sucediendo. Sin mediar palabra fue hacia el baño, abrió el grifo de la bañera, regresó al dormitorio, se desnudó y volvió al baño. Imposible reaccionar, y eso que nunca he sido quién se corte en esas situaciones, pero su extrema juventud me daba cierto reparo... y un morbo increíble. Me desnudé y entré.
La vi acostada en la bañera, su pelo flotando alrededor de su cabeza, sonreía sin ningún pudor. Sus pechos asomando sobre la espuma, contraídos por el contacto con el agua... sus pezones, oscuros como la noche, erectos. Me excité terriblemente, y mi polla se lo dijo. Extendió los brazos como dándome la bienvenida. Preciosa imagen. Preciosa Jennyfer.
Le pedí que se retirara para ocupar su posición y ella se recostó sobre mí. Nos besamos mientras mis manos jugaban libremente por su cuerpo, su cuello, sus pechos, su vientre.... realmente era un regalo!!. La excitación era latente, imposible lograr en ese momento ningún control. Mis dedos ya estaban jugando en su coñito, tierno y depilado, de niña. Sentí como se estremecía al contacto de mis caricias y mi poya se dolía bajo su lindo culito. "No debería", pensé. Solo un momento. La alcé, la puse contra la pared del baño y me incliné sobre ella... mi lengua sabía qué hacer. Besé su liso vientre suavemente y me deslicé hasta su rajita. Me volví loco allí, entre el agua que resbalaba por su cuerpo, ese manjar que llenaba mi boca de sabores intensos y sus gemidos de placer.... Estaba para reventar, la sangre se agolpaba en mi rabo de una forma casi imposible. La pedí que se girara y lo hizo, apoyó sus manos en el borde de la bañera dejando el espectáculo de su trasero ante mis ojos. Sus piernas abiertas, su concha también. Delante de mí y de mi verga firme como un garrote.
La penetré con fuerza, y gimió. Giró su cabeza para mirarme y comprendí que le gustaba. Mis movimiento se fueron acompasando a los suyos, yo empujaba hacia adelante, ella llevaba su culito hacia atrás. Mis manos luchaban por alcanzar sus pechos... mi cara en su espalda... besándola. Mis jadeos se confundieron con los suyos, que se hicieron gritos por momentos... y nos corrimos con un estertor de vértigo.
Caímos en la bañera intentando recuperar el ritmo de la respiración, relajarnos. Volvimos a besarnos y su cuerpo, su cara... me dijo que todo estaba bien.
Luego, voló. Se secó brevemente, cogió su ropa y se fue. Solamente acerté a decirle: -Cenamos?-. Pero apenas se volvió, sonrió y salió.
........................
Cuando bajé al restaurante la busqué entre el grupo de estudiantes, pero no la encontré. Cené rápido, aún con su olor impregnado en mi mente y regresé a mi habitación. Puse la tele mientras me desnudaba, me aseé y me metí en la cama.
........................
Me sobresalté al oír picar la puerta, deseé que fuera ella. Me coloqué malamente el pantalón (por si acaso) y abrí. Me encontré a una preciosa mujer, vestida apenas con un quimono de tul, negro, transparente. Su corsetería también negra, de fantasía y medias. Tenía un maquillaje extraño, su cara blanca, los ojos con el rimmel muy marcado, negro... y sus labios de un rojo intenso dejaban una línea que resbalaba desde la comisura hasta casi la barbilla.
-Ahora si te morderé- dijo sin sonreír. Y entro directa hacia mí.
Sin darme tiempo a reaccionar, me arrastró hasta el dormitorio, de un empujón me tiró de espaldas sobre la cama y hábilmente me quitó los pantalones. Yo no llevaba nada debajo así que quedé tal cual a su merced. -Llámame Gata-, dijo mientras cogía mi poya, ya firme, con su mano y la introducía en su boca. Su entusiasmo hizo que cerrara los ojos para sentir todo el calor de su lengua deslizándose sobre mi verga. Cuando los abrí, no sé cómo, ella se había librado de su ropa interior, quedando solamente con el quimono y las medias. La visión resultó tremendamente excitante. La luz tenue, su cara resplandeciente, esos labios rojo intenso... y su cuerpo levemente velado por la seda. Mi erección alcanzó el máximo grado. Su boca resbalaba sobre mi poya con movimientos estudiados, "joder con la niña" pensé, "espero que no me muerda ahora". Mi pene aparecía y desaparecía continuamente de mi vista, sus tetas vibraban al compas de sus movimientos de cabeza... y yo volaba.
-Tiéndete, dijo, -y estate quieto.
Obedecí y cogí postura sobre la cama, boca arriba. Ágilmente se montó sobre mí, clavándose mi rabo sin demora. Sus caderas hábiles subían y bajaban suavemente sobre mi cuerpo postrado, su cabeza hacia atrás, el pelo suelto flotando sobre ella... sin dejar de mirarme a los ojos. Sin poder resistirme a la belleza de sus pechos saltando ante mi vista, intenté agarrarlos, acariciarlos, sobarlos, pero me detuvo, -quieto-. Sus movimientos cada vez cogían más ritmo, su culo vibrando sobre mi verga estaba consiguiendo que mis ojos se nublaran de excitación, de placer. En esto se quita el kimono y su cuerpo libre, moreno, terso y joven vuelve a mostrarse a mis ojos desatando una oleada de éxtasis en mi cabeza. De nuevo intento tocarla, de nuevo para mis manos. Creo que no voy a aguantar. -Gata, preciosa, necesito tus tetas en mis manos... necesito tocarte, sentir la suavidad de tu piel, la firmeza de tus pechos, tus pezones duros, tu piel bañada en sudor-. -Espera, tengo algo para ti.
-Nunca he hecho esto... quiero que me tomes...por el culito.
Diciendo esto me descabalga y se pone de rodillas al borde de la cama, se moja sus dedos en su coñito húmedo y se introduce uno en su ano, despacio, consciente de que no pierdo detalle, de que me está volviendo loco de excitación. -Déjame ayudarte-, le digo al tiempo que paso mi mano por su rajilla, mojándome de ella y haciendo que se moje ella misma un poco más. Ella descansa, se apoya con los dos brazos en la cama, su culito en pompa, ofrecido. Meto mi cabeza entre sus nalgas y la baño con mi lengua. Desde el clítoris hasta el agujero del ano, mi lengua busca cada hendidura, cada pliegue de su entrepierna. Me ayudo con los dedos a abrir camino, introduciéndole el corazón en su vagina... y el índice en su culito despacio, hasta que veo que entra y sale con soltura. Su espalda se comba hacia atrás al ritmo de sus gemidos, que me vuelven loco.
-Ahora, Gatita, te voy a follar el culito.
La punta de mi polla se pega a ella, despacio empujo, suavemente se va metiendo en ese agujero, salgo y vuelvo a empujar muy suavemente. Ella gime y temo hacerla daño. Pero su cuerpo me dice que todo va bien. A la vez que yo empujo ella arquea su cuerpo, llevando su culo hacia mi hasta que mi verga entra entera en su interior. Está abierta a mi pasión y los movimientos de ambos se intensifican. Mi rabo entra y sale libremente ahora, salgo entero y vuelvo a entrar sin esfuerzo, su culo es un túnel agradecido.
-Preciosa- le digo casi en un suspiro pues el placer que siento no me permite ni hablar, -voy a correrme.
-Espera, espera por favor-, me dice mientras se estremece al llegar al orgasmo, -quiero tu leche sobre mí, quiero beberte.
Se vuelve y coge mi polla, su mano la envuelve con pasión, con impaciencia. Su boca la busca y la recogen sus labios, su lengua. Mi cuerpo tenso, los dientes apretados, aguantando un placer inaguantable me desbordo en su garganta mientras ella sonríe con sus ojos sobre los míos, sin que su boca suelte el delicioso bocado.
-Delicioso Monta-, dice mientras se pasa la mano por la comisura de sus labios.
-Deliciosa Gata-, acierto a decir, exhausto.
Sábado, salí a hacer lo que hacen todos los turistas visitar el centro islámico y por supuesto, ...el Museo Egipcio. Iba distraído con mi eterna compañera, mi cámara, captando cualquier cosa que me llamara la atención cuando un grupo de jóvenes casi me lleva por delante en la misma puerta del museo. Resultó ser alguna excursión de estudiantes... y hablaban español!!. Lo supe por la algarabía que formaron en un momento... y por las disculpas de una chica que casi hace caer mi cámara al suelo. Su acento... latino. Desaparecieron tan rápido como salieron del museo. Y entré con la mirada de esa preciosidad en mi cabeza.
Ya tarde regresé al hotel, por supuesto directo al bar, pedí una cerveza helada y me senté a mirar a la escasa gente que allí estaba. Entonces fue cuando entraron... el mismo grupo del museo, resultó que estaban alojados en mi hotel. Se acabó la tranquilidad. Debían rondar los 20 o 22 años, tal vez 24 como mucho y eran unos treinta. Llegaron en tromba hasta el bar y pidieron refrescos y cerveza. Y vi sus ojos. La preciosidad morena que casi me desarma la cámara me miraba a su vez. Debía medir uno sesenta, más o menos, el pelo largo y moreno, que pesaría?... no más de 45 o 50 kilos y una figura digna de ver, ciertamente bonita.
Dejé la barra sin poder apartarme de su mirada y me instalé en uno de los sofás de la cafetería, cogí un periódico más para disimular que para leer. Aquella niña no dejaba de mirarme... ni yo a ella. Me sentí un tanto incómodo... era demasiado joven para mí, pero tenía un algo que me atraía irremediablemente, tal vez sus ojos, su mirada. Me dije "déjalo", y me dispuse a subir a mi habitación, necesitaba una ducha. Fue en ese momento cuando vino hacia mí,
-perdone, es usted el del museo, verdad?
-si preciosa, y tú la chica que casi me estropea las fotos, jajajaja
-mil disculpas.... salimos como locos del museo, debe usted perdonarme....
Pronunció esas palabras como un susurro, alargándolas y sin quitar un segundo su mirada de la mía. Sensual. Insinuante. O eso me pareció. Turbia cabeza la mía.
-Mi nombre es Jennyfer... y soy vampira.
No pude más que reírme, jajajajajaja, que ocurrencia!!
-yo me llamo Monta, Jennyfer.... no irás a morderme, verdad?
-depende.... quizás sí, quizás no....
Nuevamente me sentí incómodo, joder con la niña!!!, ya me estaba excitando!. Cambié de conversación más por mi apuro que por otra cosa. Charlamos un rato de cosas banales... que hacían allá, que hacía yo, etc. Y, en un momento dado quise huir de esa situación. Sentí las miradas de sus compañeros fijas en nosotros.
-Bueno niña, ha sido un placer conocerte, pero tengo la ropa pegada con este calor, iré a darme una ducha.
-Bien, te acompaño....jajajajajaja, yo también me iré a bañar.
Debió notar mi expresión de deseo cuando dijo "te acompaño" porque soltó esa carcajada con ganas, pícara. Me acompañó al ascensor y entramos. Su presencia lograba que olvidase su edad... y la mía. Cuando las puertas se cerraron se quedó frente a mí, sus ojos clavados en los míos.
-No iras a besarme, verdad?- dijo acercándose hasta presionar sus pechos contra el mío. -Te prometo que no te morderé.... aún.
Y la besé, la besé como si nunca hubiese besado, nuestras bocas presionando con súbita pasión. "Bello regalo", pensé... y la puerta del ascensor se abrió en mi piso.
Con la pierna impedí que se cerrara de nuevo mientras continuaba el beso. Y ella me empujó hacia afuera y salió conmigo.
-Comparto habitación... mejor la tuya -dijo
Abrí la puerta y entramos, no podía creer lo que estaba sucediendo. Sin mediar palabra fue hacia el baño, abrió el grifo de la bañera, regresó al dormitorio, se desnudó y volvió al baño. Imposible reaccionar, y eso que nunca he sido quién se corte en esas situaciones, pero su extrema juventud me daba cierto reparo... y un morbo increíble. Me desnudé y entré.
La vi acostada en la bañera, su pelo flotando alrededor de su cabeza, sonreía sin ningún pudor. Sus pechos asomando sobre la espuma, contraídos por el contacto con el agua... sus pezones, oscuros como la noche, erectos. Me excité terriblemente, y mi polla se lo dijo. Extendió los brazos como dándome la bienvenida. Preciosa imagen. Preciosa Jennyfer.
Le pedí que se retirara para ocupar su posición y ella se recostó sobre mí. Nos besamos mientras mis manos jugaban libremente por su cuerpo, su cuello, sus pechos, su vientre.... realmente era un regalo!!. La excitación era latente, imposible lograr en ese momento ningún control. Mis dedos ya estaban jugando en su coñito, tierno y depilado, de niña. Sentí como se estremecía al contacto de mis caricias y mi poya se dolía bajo su lindo culito. "No debería", pensé. Solo un momento. La alcé, la puse contra la pared del baño y me incliné sobre ella... mi lengua sabía qué hacer. Besé su liso vientre suavemente y me deslicé hasta su rajita. Me volví loco allí, entre el agua que resbalaba por su cuerpo, ese manjar que llenaba mi boca de sabores intensos y sus gemidos de placer.... Estaba para reventar, la sangre se agolpaba en mi rabo de una forma casi imposible. La pedí que se girara y lo hizo, apoyó sus manos en el borde de la bañera dejando el espectáculo de su trasero ante mis ojos. Sus piernas abiertas, su concha también. Delante de mí y de mi verga firme como un garrote.
La penetré con fuerza, y gimió. Giró su cabeza para mirarme y comprendí que le gustaba. Mis movimiento se fueron acompasando a los suyos, yo empujaba hacia adelante, ella llevaba su culito hacia atrás. Mis manos luchaban por alcanzar sus pechos... mi cara en su espalda... besándola. Mis jadeos se confundieron con los suyos, que se hicieron gritos por momentos... y nos corrimos con un estertor de vértigo.
Caímos en la bañera intentando recuperar el ritmo de la respiración, relajarnos. Volvimos a besarnos y su cuerpo, su cara... me dijo que todo estaba bien.
Luego, voló. Se secó brevemente, cogió su ropa y se fue. Solamente acerté a decirle: -Cenamos?-. Pero apenas se volvió, sonrió y salió.
........................
Cuando bajé al restaurante la busqué entre el grupo de estudiantes, pero no la encontré. Cené rápido, aún con su olor impregnado en mi mente y regresé a mi habitación. Puse la tele mientras me desnudaba, me aseé y me metí en la cama.
........................
Me sobresalté al oír picar la puerta, deseé que fuera ella. Me coloqué malamente el pantalón (por si acaso) y abrí. Me encontré a una preciosa mujer, vestida apenas con un quimono de tul, negro, transparente. Su corsetería también negra, de fantasía y medias. Tenía un maquillaje extraño, su cara blanca, los ojos con el rimmel muy marcado, negro... y sus labios de un rojo intenso dejaban una línea que resbalaba desde la comisura hasta casi la barbilla.
-Ahora si te morderé- dijo sin sonreír. Y entro directa hacia mí.
Sin darme tiempo a reaccionar, me arrastró hasta el dormitorio, de un empujón me tiró de espaldas sobre la cama y hábilmente me quitó los pantalones. Yo no llevaba nada debajo así que quedé tal cual a su merced. -Llámame Gata-, dijo mientras cogía mi poya, ya firme, con su mano y la introducía en su boca. Su entusiasmo hizo que cerrara los ojos para sentir todo el calor de su lengua deslizándose sobre mi verga. Cuando los abrí, no sé cómo, ella se había librado de su ropa interior, quedando solamente con el quimono y las medias. La visión resultó tremendamente excitante. La luz tenue, su cara resplandeciente, esos labios rojo intenso... y su cuerpo levemente velado por la seda. Mi erección alcanzó el máximo grado. Su boca resbalaba sobre mi poya con movimientos estudiados, "joder con la niña" pensé, "espero que no me muerda ahora". Mi pene aparecía y desaparecía continuamente de mi vista, sus tetas vibraban al compas de sus movimientos de cabeza... y yo volaba.
-Tiéndete, dijo, -y estate quieto.
Obedecí y cogí postura sobre la cama, boca arriba. Ágilmente se montó sobre mí, clavándose mi rabo sin demora. Sus caderas hábiles subían y bajaban suavemente sobre mi cuerpo postrado, su cabeza hacia atrás, el pelo suelto flotando sobre ella... sin dejar de mirarme a los ojos. Sin poder resistirme a la belleza de sus pechos saltando ante mi vista, intenté agarrarlos, acariciarlos, sobarlos, pero me detuvo, -quieto-. Sus movimientos cada vez cogían más ritmo, su culo vibrando sobre mi verga estaba consiguiendo que mis ojos se nublaran de excitación, de placer. En esto se quita el kimono y su cuerpo libre, moreno, terso y joven vuelve a mostrarse a mis ojos desatando una oleada de éxtasis en mi cabeza. De nuevo intento tocarla, de nuevo para mis manos. Creo que no voy a aguantar. -Gata, preciosa, necesito tus tetas en mis manos... necesito tocarte, sentir la suavidad de tu piel, la firmeza de tus pechos, tus pezones duros, tu piel bañada en sudor-. -Espera, tengo algo para ti.
-Nunca he hecho esto... quiero que me tomes...por el culito.
Diciendo esto me descabalga y se pone de rodillas al borde de la cama, se moja sus dedos en su coñito húmedo y se introduce uno en su ano, despacio, consciente de que no pierdo detalle, de que me está volviendo loco de excitación. -Déjame ayudarte-, le digo al tiempo que paso mi mano por su rajilla, mojándome de ella y haciendo que se moje ella misma un poco más. Ella descansa, se apoya con los dos brazos en la cama, su culito en pompa, ofrecido. Meto mi cabeza entre sus nalgas y la baño con mi lengua. Desde el clítoris hasta el agujero del ano, mi lengua busca cada hendidura, cada pliegue de su entrepierna. Me ayudo con los dedos a abrir camino, introduciéndole el corazón en su vagina... y el índice en su culito despacio, hasta que veo que entra y sale con soltura. Su espalda se comba hacia atrás al ritmo de sus gemidos, que me vuelven loco.
-Ahora, Gatita, te voy a follar el culito.
La punta de mi polla se pega a ella, despacio empujo, suavemente se va metiendo en ese agujero, salgo y vuelvo a empujar muy suavemente. Ella gime y temo hacerla daño. Pero su cuerpo me dice que todo va bien. A la vez que yo empujo ella arquea su cuerpo, llevando su culo hacia mi hasta que mi verga entra entera en su interior. Está abierta a mi pasión y los movimientos de ambos se intensifican. Mi rabo entra y sale libremente ahora, salgo entero y vuelvo a entrar sin esfuerzo, su culo es un túnel agradecido.
-Preciosa- le digo casi en un suspiro pues el placer que siento no me permite ni hablar, -voy a correrme.
-Espera, espera por favor-, me dice mientras se estremece al llegar al orgasmo, -quiero tu leche sobre mí, quiero beberte.
Se vuelve y coge mi polla, su mano la envuelve con pasión, con impaciencia. Su boca la busca y la recogen sus labios, su lengua. Mi cuerpo tenso, los dientes apretados, aguantando un placer inaguantable me desbordo en su garganta mientras ella sonríe con sus ojos sobre los míos, sin que su boca suelte el delicioso bocado.
-Delicioso Monta-, dice mientras se pasa la mano por la comisura de sus labios.
-Deliciosa Gata-, acierto a decir, exhausto.
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