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Relatos > Fantasías Eróticas > Y llegó el día... y llegó la noche. Llegaste tú.

Y llegó el día... y llegó la noche. Llegaste tú.

Publicado por Monta_Dos en 6/8/2011 (251 lecturas)
Aeropuerto Madrid-Barajas. 8:30 am. Legadas.

Si se pudiera fumar aún seguro que un cigarrillo adornaría mis labios. No en vano llevaba más de media hora esperando la llegada de ese vuelo.

La vi aparecer, cansada tras tantas horas de vuelo, frágil. Hermosa. Su figura se me antojó un ángel aún sabiendo que su perfil decía más de demonio. Un aura de luz pareció surgir de ella, iluminándola. Mi sonrisa brilló con la suya cuando nuestras miradas se ncontraron. No hubo palabras, ya habrá tiempo. Nuestros cuerpos se fundieron en un abrazo.

Lágrimas. Y sonrisas. Felicidad.

El tiempo se detuvo, en aquella fría terminal abarrotada todo se paró. El tumulto de la gente, el bullicio, las carreras de los niños. Pareció que estuviésemos tu y yo... solos en el mundo.

Cogí tu maleta y tu mano. Te acompañé hasta mi furgo, estacionada en el parking. Abrí la puerta para ti, te invité a subir a bordo.

Partimos.

Sentada a mi lado, casi no cruzamos palabra alguna. Qué decir... cuando la felicidad te embarga ???.

Mi mano se apoya sutilmente en tu rodilla. Tu mano sobre la mía. Tu sonrisa brilla sobre mi sonrisa. El viaje no es largo, pero tu cansancio es grande. Paramos a comer algo.

Tus ojos dicen más que tus palabras. Tu mirada enciende mi corazón. Charlamos distraídamente, tu vuelo, tu casa, tu locura. Comentarios sobre tu partida... de tu gente.

Reanudamos el viaje, detenidos en la música que surge del equipo... en nuestros pensamientos. Nos miramos a cada rato. Sonreímos. Entrelazamos las manos. ¿Cabe más felicidad?.

Cuando llegamos a mi casa tu cansancio es patente. Ya oscurece afuera. -"Siéntate un momento"- te digo. Te ofrezco un refresco. -"Necesitas un baño"-. Lleno la bañera. Agua calentita y sales minerales. -"Ven"-.

Casi sin darte tiempo a pensar que es lo que está sucediendo, te dejas llevar de mi mano hasta mi cuarto. Y dejas que te ayude a quitarte la ropa... suavemente.

Desnuda, delante de mí, te ruborizas. Me encanta, tu belleza se resalta en el color de tus mejillas. No puedo sino abrazarte. Un ligero beso. Tan solo un roce en tus labios. Dios !!!.

¿Es un sueño?.

De la mano te acompaño hasta que entras en la bañera. Tu piel se eriza. Todo es ternura, belleza. Tus ojos no se apartan de los míos. Te dejas hacer. Tímida y confiada.

Tal vez sea tu primera vez... tal vez es tu primera vez, desnuda, ante un hombre.

Cojo la esponja natural que compré para ti. La lleno de gel y empiezo el ritual purificador. Ni te mueves. Disfrutas del baño, del jabón sobre tu cuerpo, de mis caricias. Y cierras los ojos para sentir...

No consigo apartar de ti mi mirada. Me emociono solo con tenerte ahí, disfruto de la visión de tu cuerpo, del tacto tras la espuma al jabonarte, de tu carita irradiando paz.

Y me excito, ufff, pero no te digo nada. Soy feliz solo con tenerte aquí, en mi casa, viéndote. Cómoda, relajada...

Salgo un momento. Descuelgo el kimono rojo que espera en el armario tu llegada. Lo perfumo ligeramente... Chanel nº 5. Lo pongo con cuidado sobre la cama.

-"Prepararé algo de cena"-, te digo. Y dejo que disfrutes del momento. Que reacciones. Minutos de intimidad... No pienses que no me cuesta...

Yo, y una vela encendida sobre la mesa, esperamos en la sala; cuando apareces. Preciosa, fresca y radiante. Sonriente. Tus mejillas siguen encendidas. Tu mirada... tu mirada... húmeda de felicidad. Estás bien, lo veo... lo siento en mi corazón. Voy en tu busca y te abrazo. El tacto de la seda no merma un ápice el sabor de tu piel en mis manos.

Cenamos... Soy malo en la cocina, así que encargué un catering. Canapés variados... y ostras finas. Todo regado con un excelente Alvariño. Tu eclipsas la excelente presentación de la mesa. Tu pelo negro azabache, aún húmedo, suelto. Tus ojos oscuros, brillantes, presidiendo tu linda carita. Tu sonrisa... dibujando la mía. En el equipo suena "Days of future passed", de The Moody Blues.

Tras la cena, café negro, solo, y un chupito de Cardhu, que amablemente rechazas. Y un largo beso, miel para mis sentidos, que hace que la suave seda resbale sobre tu cuerpo ofreciéndome, de nuevo, toda la belleza que recatas.

Te cojo en mis brazos y, sin despegar nuestras bocas, llegamos al dormitorio. Con extrema suavidad te recuesto sobre la cama. Tiemblas de nuevo... y me encanta.

Me libero de mi ropa, mi sexo ya no cabe dentro de ella. Me miras. Tus ojos me absorben... tu figura, desnuda en mi cama, tu presencia... me extasian.

Me siento a tu lado, acaricio tu cara, tu cuello... y vuelvo a besarte. Deslizo solamente mi dedo índice, hacia abajo, entre tus preciosos pechos. Tu piel se eriza de nuevo. No quiero precipitarme. Todo debe ser perfecto... Esta noche.

Busco el aceite relajante en el cajón de la mesilla. Te giro. Tu precioso culito hace que otro rio de sangre se amontone en mi mástil. Derramo un generoso chorro sobre tu espalda y me pierdo en el placer de extenderlo. Mis manos se deslizan libres sobre tu cuello, tus hombros, tu espalda. Me recreo en tu cintura, ambas manos luchando por llegar a tu ombligo, entre tu cuerpo y la cama. Y, cuando llego a tus nalgas... sueltas un suave suspiro que te delata. Cierras los ojos, abres tu alma. Mientras, mis manos separan tus muslos. Uffff. Cuerpo de hada. Nudillos contra nudillos, mis manos bajan por el cañón de tu culito hasta llegar a rozar tu ...

Y sigo muslos abajo. Quiero repasarte toda, cada poro, cada parte de ti, no dejar nada. Por la contra de tus rodillas llego a tus pies, que masajeo con calma. Dedo a dedo, mis manos, como si fuese yo ciego, se aprenden cada detalle de ti.

Ahora te vuelvo. Tu sonrisa y tus ojos se abren. Mezcla de felicidad, deseo, temor. Dios !!!. No puedo con eso. Temo a mis sentimientos. Temo a mi propio deseo. Quiero, esta noche, que todo sea perfecto. Te beso. Sin dejar casi que mi cuerpo te roce, solo inclinando mi cabeza.... sobre la tuya. Tus brazos se aferran a mi espalda, a mi cuello. Hueles bien. Mezcla de talcos, aceite y Chanel. Te siento frágil y a la vez decidida.

Me excito aún más... si cabe.

Me aparto y te miro... Deliciosos ojos de gata tanto tiempo soñados. Me recreo un segundo en tu cuerpo, desnudo sobre mi cama, antes de verter otro generoso chorro de aceite sobre tu vientre.

Deslizo mis manos por él, mientras lo esparzo. Subo a tus pechos desde abajo y siento como se endurecen. Tus pezones se contraen, arrugándose las aureolas. Se tornan erectos, duros. Mis dedos tropiezan en ellos, recreándose, casi sintiendo el leve chasquido cuando se liberan de nuevo de la presión que mis manos ejercen sobre ellos. No consigo apartar mi mirada de tu cara. Tus ojos de nuevo cerrados, sintiéndome. Hay tranquilidad en tu rostro. Ya pasó, no temes nada.

Sigo paseando mis manos por tu cuerpo, vuelvo a pasar por tus pechos. Me encantan, me vuelven loco. Me deslizo, cuento tus costillas de pasada. Tu vientre terso, tu ombligo...

Rozo el vértice de tu sexo y suspiras, te estremeces, quieta aprietas los labios. Paro un segundo. Te miro. Y mis manos se adentran entre tus piernas. Suavemente. Estás mojada. Siento el escalofrío recorrer tu cuerpo, de los pies a la cabeza. Piel de gallina.

Creo que ya es el momento. Mis manos dejan el sitio a mi boca... y te beso. Te beso la frente, el cuello, los labios. Reinvento el camino por mis manos trazado. Sorbo tus pechos, tus pezones. Lamo tu vientre y me pierdo.

Me pierdo en tu sexo mojado, tus labios no ofrecen resistencia y se abren al paso de mi ávida lengua. Vuelvo a recrearme, siento tu fuego y ardo. Juego a recorrer cada pliege, sorbo tu clítoris. Y siento como un rio explota en tu interior y empapa mi boca. Me emborrachan tus jadeos volviéndose gritos de placer por un momento.

Me pides que te haga tuya. Me dices, no esperes más. Me dices... te necesito. Me dices... enséñame lo que es amar ....

Cogiéndote por la cintura elevo tus caderas, te aproximo al borde de la cama. Y te hago mía. Muy despacio, suavemente, sin prisas, voy ejerciendo la justa presión. Mi miembro enfilando tu coñito. Te voy penetrando mientras siento como te estremeces de nuevo, tiemblas... gimes... suspiras. Te agarras a mis brazos con fuerza. Tus ojos se abren como platos, no es miedo, pero la expresión se le asemeja. Aumento el ritmo poco a poco. Gritas..., no, jadeas..., no, suspiras...... Yo que sé.

El sudor brilla por encima del aceite. Gotitas bailando la música de nuestros acompasados movimientos.

Y caigo sobre ti y tú te aferras a mi cuerpo. Siento tus uñas clavándose en mi piel.

Y explotas.

Y exploto.

Y, abrazados.... esperamos la mañana.












   

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Cuántas veces escuché en boca de otros esa palabra, algunos ensalzándola, otros detestándola.

Cuántas veces supe - o por lo menos, creí saber - su significado. Quiero decir, no sólo conocía lo que significaba o lo que expresaba esa palabra...

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