Noche de jardín de hotel
Publicado por Monta_Dos en 6/8/2011 (521 lecturas)
Prendí el último cigarrillo cuando saliste de la oscuridad. Pensé que ibas tras él, que desapareció segundos antes. Pero no, te sentaste a mi lado en la tranquilidad de la noche. Dijiste... todos los hombres sois iguales. Te miré. Pensé, otra colgada. Y sin decir más me besaste. Nos perdimos en los jardines del hotel, junto a la piscina. Tu vestido resbaló sobre tu cuerpo como un trineo sobre el hielo. Suavemente, segundos que viví a cámara lenta. No llevabas ropa interior. Tu cuerpo hizo que las estrellas se iluminasen... solo por verte. Mi cuerpo se estremeció bajo mi pantalón, que no tardó en desaparecer. Caimos al suelo pegados, boca con boca, piel con piel. Mis ojos y mis manos haciendo suyas tu cuerpo, tu lengua bailando junto a la mia. No había más allí. Tu y yo y el deseo irrefrenable. Deslizamos nuestros cuerpos sobre la tibia hierba. Rodamos sobre nosotros mismos, hasta alcanzar nuestro sexos, mutuamente. No eché de menos mi copa, que quedó olvidada en la mesa de aquella terraza. Tu sabor se mezclaba por momentos con el placer que sentía al contacto de tu boca... sobre mi verga.
Minutos, horas... que se yo. Te pedí que parases. No quise perderme en ese momento, deseaba más de ti. Comprendiste y suavemente te giraste, para sentarte sobre mis caderas. Mi polla dura por el masaje de tus labios, de tu lengua, no tardó en encontrar el camino. Lentamente se sentaste sobre ella dejando que se introdujera en tí, hasta el tope que marcaba mi escroto. Entonces empezó el baile. Tu subias y bajabas sobre ella, sobre mi. Tus caderas empeñadas en una coreografía aprendida, sutil, hacian que mi sangre buscara el mejor lugar donde viajar... elevándome hasta el infinito. Deseaba buscarte, tus pechos trazando círculos ante mis ojos me extasiaban. Arqueé mi cuerpo buscándolos, mis labios luchaban por besarlos, succionarlos mientras tus caderas no dejaban de vibrar... volviendome aún más loco. Tus ojos semicerrados, tu boca suspirando, tu cara sonrosada... y yo sintiendome parte del paraíso. Ya, preciosa. Seré todo para ti hoy, ahora. Espera, me dices, espera. Saltas sobre mi y te giras de nuevo. Recoges el calor de mi verga con tu boca y renuevas tu ansia de degustarme. Aparezco y desaparezco dentro de ella. Me encanta, me vuelves loco. Siento como el calor sale de mi cuerpo por ese canal. Tu no dejas de mirarme, te excita mi cara desencajada por el placer que me provocas y aceleras el ritmo de tu cabeza sobre mi rabo. Exploto. Veo la sonrisa en tus ojos, tus labios ocupados no desfallecen. Te gusta... y me gusta. Cuando paras, yo ya estoy roto, derrotado. Ahora si veo tu sonrisa dibujarse en tus labios. Tus ojos brillan más que las estrellas que nos sirvieron de techo, los mios siguen postrados en la belleza de tu cuerpo desnudo. Un placer, dices... y te colocas el vestido distraídamente mientras no dejo de mirarte. Te das la vuelta y te vas. Te veo de espaldas andar hacia la puerta de la recepción. Tu silueta, tu culito moviéndose bajo el vestido hace que vuelva a excitarme. Y desapareces. Aún debo masturbarme antes de vestirme y regresar a mi fria habitación....
Minutos, horas... que se yo. Te pedí que parases. No quise perderme en ese momento, deseaba más de ti. Comprendiste y suavemente te giraste, para sentarte sobre mis caderas. Mi polla dura por el masaje de tus labios, de tu lengua, no tardó en encontrar el camino. Lentamente se sentaste sobre ella dejando que se introdujera en tí, hasta el tope que marcaba mi escroto. Entonces empezó el baile. Tu subias y bajabas sobre ella, sobre mi. Tus caderas empeñadas en una coreografía aprendida, sutil, hacian que mi sangre buscara el mejor lugar donde viajar... elevándome hasta el infinito. Deseaba buscarte, tus pechos trazando círculos ante mis ojos me extasiaban. Arqueé mi cuerpo buscándolos, mis labios luchaban por besarlos, succionarlos mientras tus caderas no dejaban de vibrar... volviendome aún más loco. Tus ojos semicerrados, tu boca suspirando, tu cara sonrosada... y yo sintiendome parte del paraíso. Ya, preciosa. Seré todo para ti hoy, ahora. Espera, me dices, espera. Saltas sobre mi y te giras de nuevo. Recoges el calor de mi verga con tu boca y renuevas tu ansia de degustarme. Aparezco y desaparezco dentro de ella. Me encanta, me vuelves loco. Siento como el calor sale de mi cuerpo por ese canal. Tu no dejas de mirarme, te excita mi cara desencajada por el placer que me provocas y aceleras el ritmo de tu cabeza sobre mi rabo. Exploto. Veo la sonrisa en tus ojos, tus labios ocupados no desfallecen. Te gusta... y me gusta. Cuando paras, yo ya estoy roto, derrotado. Ahora si veo tu sonrisa dibujarse en tus labios. Tus ojos brillan más que las estrellas que nos sirvieron de techo, los mios siguen postrados en la belleza de tu cuerpo desnudo. Un placer, dices... y te colocas el vestido distraídamente mientras no dejo de mirarte. Te das la vuelta y te vas. Te veo de espaldas andar hacia la puerta de la recepción. Tu silueta, tu culito moviéndose bajo el vestido hace que vuelva a excitarme. Y desapareces. Aún debo masturbarme antes de vestirme y regresar a mi fria habitación....
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