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Visita Medica

Quería decirle que se detuviera, (...),agarré su cabeza y me sorprendí empujándola hacia mí, No quería que parará, ahora ya no.

Publicado por ashtaroth en 16/10/2011 (1235 lecturas)
Me tocaba revisión ginecológica, y acudí a mi cita puntualmente, estaba algo nerviosa porque mi ginecóloga me había avisado un par de días antes que tenía que salir de la ciudad por motivos familiares, pero que esos días dejaba a un profesional con mucha experiencia para sustituirla.

No me dejo cambiar la cita para cuando volviera porque ya lo había hecho varias veces. Así que allí estaba, nerviosa como una chiquilla en su primera visita, cualquiera le decía nada si se enteraba de que no había ido.

Mario, tan cariñoso como siempre me acompañó para ayudarme con el trago e invitarme a cenar después.

Era tarde, entramos a la consulta, era la última así que el doctor, un tipo más bien mayor, no feo pero tampoco un adonis despidió a la enfermera diciendo que ya cerraría el cuándo saliésemos.

Mario se sentó en una silla, a esperar mientras yo me desnudaba tras el biombo de cintura para abajo para la exploración, todo fue más o menos normal, tenía otro estilo pero igual de bien que con Claudia, mi doctora.

Cuando ya parecía que había terminado, me dispuse a bajarme de la incómoda camilla, cuando el doctor me dijo:

- Espere señorita, es un segundo nada más,

Me recosté de nuevo, y es cuando lo noté, aquel tipo me estaba lamiendo el coño, ¡todo un doctor!, Quise incorporarme pero puso su mano sobre mi vientre impidiendo que me incorporara, como quería hacer para decirle algo.

Quería decirle que se detuviera, avisar a Mario para que me lo quitase de encima, pero como movía la lengua el muy cabrón, acariciaba con sus manos el interior de mis muslos mientras sus lengua jugueteaba con mis labios mayores, finalmente conseguí incorporarme, agarré su cabeza y me sorprendí empujándola hacia mí, No quería que parará, ahora ya no.

Su lengua continuó con su juego, esta vez, más adentro, con los labios menores y la entrada de mi vagina, sus manos acariciaban mi vientre mientras él se llenaba la boca con mi sexo, totalmente expuesto para él.

Comenzó a introducir la lengua en su interior, ya no oías a Mario pasar las hojas de las revistas aburrido, estaba totalmente centrada en aquel medico salido que me estaba haciendo el cunnilingus de mi vida.

Sus manos ascendieron aún más, me desabrochó la blusa y casi sin dificultad hizo saltar mis senos del sujetador, sus grandes manos se apoderaron de ellas sin contemplaciones, mientras su lengua hacia pequeñas excursiones a mi clítoris, que en cada visita le recibía más hinchado, los pequeños roces de su lengua sobre el me estremecían.

Allí estaba totalmente entregada a un desconocido intentando ahogar mis gemidos de placer mientras este se intensificaba.

El tipo siguió con su trabajito, alguna pausa para besar el interior de mis muslos o mi vientre pero seguía hambriento de ti.

Finalmente, tras varios minutos, que a mí se me hicieron horas, entrando y saliendo de mi con su lengua, lamiendo suavemente mi botoncito, estrujando y pellizcando sin pudor mis senos y magreándome de cuando en cuando las nalgas a la vez que me aproximaba a si, me provocó un violento orgasmo, placentero e intenso, mientras aún sufría los últimos espasmos el buen doctor seguía con lo suyo, más suave ahora, como al principio.

Abrí los ojos, hacía rato que los había cerrado, y vi a Mario allí de pie, detrás del doctor a cierta distancia, supuse que me habría oído correrme y quería saber que pasaba pero, al enfocarse mi vista lo vi, tenía el pantalón desabrochado y se estaba pajeando con la mirada clavada en mí.

Le hice señas para que se acercase, se la agarre, él se subió a una banqueta y me metí ese miembro que tanto me gustaba lamer enterito en la boca.

El doctor levanto un segundo la cabeza y pude adivinar una sonrisa pícara y lujuriosa en su rostro mientras le oí decir.

- Desde que te he visto llegar, he sabido que eras una putilla lujuriosa que se dejaría hacer cualquier cosa, ¡chúpasela guarra! ¡Chúpasela bien!

De no ser por la excitación, aquel comentario seguramente me habría ofendido, pero el volvió a sus jueguecitos en mi coño, esta vez aún más lubricados por mis flujos que permitían esta vez sí a sus dedos acompañar a su lengua en el interior de mi húmeda cavidad, y yo estaba muy ocupada con la felación a mi chico como para prestarle atención además.

A medida que me introducía aquel palpitante falo en la boca y lo sacaba con más rapidez el viejo verde introducía sus dedos y movía su lengua igual, si yo bajaba el ritmo, el también.

Tras un rato así, en el que aquel hijo de puta no solo había metido sus dedos en mi coño sino que había empezado a usar mis flujos como lubricante para mi culito. Mientras su boca estimulaba mi clítoris de nuevo hinchado, los dedos de su mano derecha se habrían paso provocándome un placer que no por inesperado era menor, su mano izquierda se repartía mis senos con la derecha de Mario, y la izquierda de este me intentaba sin éxito marcar el ritmo..

Volvieron los violentos pero placenteros espasmos del orgasmo, a la vez que Mario reventaba en mi boca. Continué lamiendo hasta que quedo completamente limpia, y aunque algo más flojilla, de nuevo en marcha, el viejo se incorporó y entre los dos me ayudaron a bajar de la camilla, nos trasladamos a uno de los sofás de la sala de espera donde me recostaron, por el camino me despojaron de la poca ropa que me quedaba.

El doctor se abrió la bata dejando ante mis ojos un tremendo pene, hinchado y tieso y:

- ! Todo para ti guarra, chupa!

No discutí, se colocaron uno a cada lado de mí, y comencé con la felación a dos bandas y dos manos, la del tipo no tenía nada que envidiar a la de Mario, cálida y palpitante ayudaba a que su dueño gimiese de placer cada vez que me la metía en la boca, enterita, para salir luego despacio.

Después de un rato, el doctor dejo que me centraras en Mario para dedicarse a lamer, chupar y mordisquear mis senos, y sus manos se desplazaron más abajo para juguetear con mi coño de nuevo y con mi culito, le quité la mano varias veces pero finalmente unos mordisquitos más dolorosos que placenteros en mis pezones me hicieron desistir.

Poco a poco fue introduciendo sus dedos de nuevo, primero uno, luego dos, utilizaba algún tipo de lubricante aunque yo no le habías visto coger ninguno, como tampoco había visto el condón que me entregó y le puse con la boca como la buena esclava sexual en la que me había convertido esa tarde.

Se sentó, me cogió por la cintura y poco a poco fue clavándome su polla, entraba en mi coñito lubricado por los orgasmos con extremada facilidad, la misma con la que el jugueteaba con mis senos y ahora sí, metía sus dedos en mi culo, ya había llegado a tres cuando me dio otro preservativo, que obedientemente le puse a Mario.

Le indicó que se sentara a su lado y en un movimiento rápido me colocó sobre él, viejo si, ¡pero esta fuerte el tipo!, comencé a subir y bajar violentamente clavándome en la polla de mi querido Mario, quizá intentando acabar para evitar lo que acto seguido ocurrió.

El tipo se introdujo lentamente en mi ano, lo que me frenó de golpe, poco a poco fue entrando, la sacaba un poco y volvía a repetir hasta que me la introdujo entera.

Allí estaba yo hecha un sándwich entre aquellos dos que me perforaban mientras el viejo le ofrecía al joven mis pechos, estrujándolos para que me los lamiera.

Poco a poco me fui acercando de nuevo, al que seria, desde luego de la tarde y uno de los más violentos, intensos, y sumamente placenteros orgasmos de mi vida.

A continuación el viejo, que le iba lo de humillarme, me hizo arrodillarme y ambos se corrieron por turnos sobre mí, Mario acerco la polla a mi boca permitiendo que el semen cayera dentro donde me encantaba saborear a mi amante pero el viejo no, su tremenda corrida se esparció por mis senos, mi cara y algo en mi pelo.

Sin apenas darnos tiempo a nada, el tipo me arrojo la ropa, casi me vistió él y aun me temblaban las piernas cuando me vi en la puerta de la clínica apoyada en Mario, poniéndome los zapatos, arreglándome la blusa, que se humedecía con su, aun cálido, semen al colocarla sobre mis desnudos senos y con mis flujos corriendo por el interior de mis muslos.

Sus últimas palabras antes de cerrarnos la puerta fueron,

- ¡Estás muy buena zorrita! ¡En todos los sentidos! ya le daré mi informe a Claudia y tu ropa interior me la quedo para recordarte.

Sabía que lo hacía para humillarme haciéndome regresar a casa así en el autobús y que si se me ocurría decirle algo de lo ocurrido a Claudia él lo negaría y a ver ¡como explicaba Mario su participación!

Regresamos a casa, me duché, me cambié de ropa y salimos a cenar.

A la vuelta, Mario me hizo el amor con frenesí inusitado, haciendo de aquella tarde - noche una de las más memorables e intensas de mi corta, siempre corta vida sexual.












   

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Autor Hilo
soledad
Enviado: 19/10/2011 22:09  Actualizado: 19/10/2011 22:09
Interesado
Conectado: 18/10/2011
Desde: argentina
Envíos: 14
 Re: Visita Medica
huy que riko relato, me excite mucho. Que pena que mi marido es incapaz de algo asi como me gsutaría que me viera en esa situación



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